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Testigos Presenciales: Una mirada al trabajo de fotoperiodistas mexicanos

Testigos Presenciales: Una mirada al trabajo de fotoperiodistas mexicanos

Los fotoperiodistas son, la mayoría de las veces, quienes más se arriesgan para registrar y capturar con su cámara el nivel de violencia que se vive en México.

Los conocemos por sus fotografías, pero es poco lo que sabemos de ellas y ellos, de su experiencia, de su estar ahí y de su arriesgar, a veces, la vida en la búsqueda de la imagen que permita crear una memoria y un registro visual de este nuestro doloroso presente.

Testigos Presenciales nos permite saber quiénes son ellos y de qué manera afrontan su trabajo periodístico; es una oportunidad para apreciar su trabajo fotográfico a través del sentido y justificación que le dan al mismo.

En esta primera entrega, el trabajo del fotoperiodista sinaloense: Fernando Brito.

Un proyecto periodístico de Nuestra Aparente Rendición y ZonaDocs.

Idea original: Hector Guerrero/@mexhector y Darwin Franco/@darwinfranco

FERNANDO BRITO

“No soy una máquina y ver

el dolor me afecta”.

 

Fotoperiodista. Culiacán, Sinaloa.

Fotógrafo Freelance.

Fotografías de la serie: “Tus pasos se perdieron en el paisaje”.

Por Darwin Franco Migues/@darwinfranco

Al fondo el paisaje y frente a éste el fotógrafo; y en medio de ambos una muerte que se plasma en la lente como un sueño, pero no lo es. Quien está ahí, sabe por qué circunstancias, parece dormido, pero no lo está. Fernando Brito también lo sabe; sin embargo, ha decidido enmarcarlo de esta manera pacífica para devolverle la humanidad que otros le arrebataron.

Fernando Brito antes que ser fotoperiodista se define como 100 por ciento: culichi (mote que se les asigna a los nacidos en Culiacán, Sinaloa). Él como muchos otros nacidos en este estado tan vinculado al narcotráfico como a las desgracias que éste genera, tampoco quiso andar viendo muertos y mucho menos fotografiarlos. La necesidad, dice, lo orilló a tomar su cámara para enrolarse en el periodismo de nota roja. Hacerlo en Sinaloa, es el riesgo.

Inició su camino en el periódico La I y trabajó como editor en el diario El Debate de Culiacán, hoy apuesta por ser freelance. Como “culichi” ha estado cercano a la violencia, pero nunca como aquel día en que la necesidad lo hizo migrar de la mercadotecnia al periodismo, del no querer saber nada al estar enterado de todo:

“Desde que yo recuerdo siempre ha habido violencia en Sinaloa, pero como ciudadano, antes de entrar al periodismo, nunca quise enterarme mucho de las cosas, pero cuando entré a trabajar en esto me di cuenta de lo que en verdad sucedía… desde que esto pasó ya no me fue tan sencillo ignorarlo porque ya lo vivía, porque ya estaba ahí en el lugar de los hechos…”.

El estar ahí frente a la desgracia, el tenerla que retratar le sigue doliendo como el primer día, pero a Fernando Brito lo que más dolor e inquietud le genera es la manera en que la violencia es tan terriblemente natural para los sinaloenses. En las escenas de crimen a las que acude ve a la gente bromear sobre lo que ve y eso le preocupa porque cree que ellos no alcanzan a dimensionar que eso que está frente a ellos no es normal :

La violencia aquí en Sinaloa se volvió natural… uno aquí ya está sumergido en la violencia. Cada persona aquí, ya fuera de mi trabajo como periodista, conoce a alguien, tiene familia que la ha padecido, pero tenemos una apatía a lo que les suceda a los demás, el miedo nos ha separado porque no confiamos en nadie. No tenemos unión…”.

Quizá, por ello, Fernando Brito tomaba fotografías de nota roja porque intentaba romper la apatía, porque pretendía golpear con la imagen la cotidianidad de la violencia de Culiacán, aunque sabe que muchas de sus fotografías no cambiarán nada hasta que no se pueda entender que lo que hay en ellas no es normal, pero hacer esto en Sinaloa desde el periodismo nunca ha sido fácil.

¿Qué significa ser periodista en Sinaloa, en Culiacán?

Es cuidarse mucho porque vemos muchas cosas, pero tampoco podemos andar denunciando todo porque hay un riesgo fuerte, no hay una seguridad realmente porque nadie te asegura tu cobertura. Así que todo el tiempo evalúas y, por eso, existe la auto-censura que no es para menos porque definitivamente ninguna noticia ni ninguna foto valen la vida de alguien.

Yo siempre estoy atento, pues la mejor manera de protegerse es no pasar de esa línea tan clara que existe entre la cuestión de publicar y el riesgo de publicarlo. La cobertura, aquí, se hace como si fuera un boletín de prensa. No hay una investigación porque no se puede ir más allá porque está en riesgo tu vida.

El periodismo en Sinaloa está un tanto acallado porque definitivamente hay fuerzas mayores que nos hacen callar y a esto hay que sumarle un Estado, una ciudadanía dolida y separada. Aquí, no existe una unión real entre las personas…

El fotoperiodista: entre la responsabilidad y el temor

Fernando Brito sabe del riesgo que implica estar en una escena del crimen, del llegar al lugar donde momentos antes hubo una ejecución o donde alguien decidió abandonar unos cuerpos como si se tratasen de otra cosa, menos seres humanos. Pese a todo aún no considera que se ha graduado como fotoperiodista, pues sabe que desde el trabajo de la lente, la imagen y la fotografía se debe hacer muchas cosas más.

¿Qué rol consideras debe tener la fotografía y los fotoperiodistas en el registro de la violencia? ¿Cuál sería su responsabilidad?

Esto hay que hacerlo con responsabilidad. El problema de las imágenes es que han sido muy violentas y, con ello, lo que ha quedado en evidencia ha sido la falta de responsabilidad de quién entrega la fotografía. Uno puede tener sus fotografías hardcore, pero eso no es lo que yo quiero mostrar, eso no es lo que quiero que vea la familia del asesinado. Debemos tener respeto, y eso es responsabilidad de cada fotógrafo.

¿Por qué?

Porque cada fotógrafo debe tener su ética. Yo soy muy cuadrado, pero muy cuadrado. Hay muchas cosas que no acepto, yo no soy capaz de mover nada en ninguna fotografía… me gusta tomar las cosas tal cual y como son. Por ello, creo que hace falta que los fotógrafos seamos más inteligentes, debemos tener más oficio, debemos pensar la foto antes de tomarla. No hay reglas en este oficio de la fotografía, lo puedes hacer más artístico, más periodístico, pero lo que siempre debes de hacer es comunicar algo. Lo que nos toca hacer a los fotógrafos de nota roja es comunicar de la manera más veraz lo que vemos y lo que queremos dejar en una fotografía. Sé que para ser periodista hay que ser neutrales, pero ante tanta injusticia está cabrón.

Y está cabrón serlo en un lugar como Sinaloa donde de acuerdo a cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de 2006 a 2018, se registraron 16 mil 139 homicidios dolosos. Esa es la cifra oficial, pero la realidad no parece empatar con lo que se dice desde las autoridades. Esto también lo sabe Fernando Brito, quien desde la lente ha visto más muertos de lo que jamás hubiera querido. “Nadie quiere ver esto que nos toca ver”; por ello, sus recuerdos brotan en las tantas veces que le hubiera gustado no estar ahí o no fotografiar nada. Al final, sabe que su chamba es registrar la historia que le ha tocado vivir en Sinaloa.

¿Recuerdas algún momento en que te haya costado mucho trabajo tomar una fotografía o uno donde no decidiste no tomar la foto?

Nos ha tocado muchas situaciones difíciles… yo soy del que si la familia dice: “no tomen fotos”, no las tomo, simplemente dejo de tomar fotos, pero el riesgo va mucho más allá porque hay situaciones en donde, si bien, no ha pasado nada: sientes un miedo, sientes inseguridad. Yo he sentido miedo de estar ahí y, a la vez, te sientes protegido porque está la autoridad y mucha gente viendo, pero sientes miedo.

Nos ha pasado que nos poncharon las llantas en lugares muy alejados de la ciudad y sientes miedo porque no sabes si te vas a quedar ahí. También sientes miedo al llegar a ciertos lugares donde ignoras si puedes o no sacar la cámara pues no sabes a quién vas a ofender. Sientes miedo porque hay un dolor y porque identificas que hay una situación terrible para una familia y esa es la parte que nunca trato de olvidar: la parte humana de lo que estamos fotografiando… por eso me cuesta tanto trabajo… no soy una máquina y ver el dolor me afecta. Ver los asesinato, me duele… siempre estoy pensando en que la familia ya no lo va a ver y por más malo que haya, o no, sido hay gente que lo quería. Quien yace ahí tirado, muerto, va a dejar una familia y eso duele.

Por eso cuesta tanto trabajo tomar una fotografía porque hay tantas historias que pasan por enfrente de ti y cuesta no poder realizar fotos por miedo, porque de verdad siempre tengo miedo, miedo a cometer un error, a que le pase algo a mi familia: siempre hay miedo. Sin embargo, esto se volvió una responsabilidad y yo siempre he tratado de hacer una denuncia a través de mi fotografía.

¿Cómo darle la vuelta a estas sensaciones a través de la fotografía?

Hay que ver al ser humano y no sólo la profesión. Yo tomo mis decisiones sobre qué fotos pasó y qué fotos decido tomar. Las fotos icónicas de gente llorando no son necesarias en este escenario de la guerra contra el narco porque yo lo veo como un premio para el agresor, mostrar sólo a la familia es lo más irresponsable.

Al principio uno comete esos errores y va mostrando muchas cosas, pero va aprendiendo y va dejando esas fotos detrás… Yo veo que los demás fotógrafos no piensan, cuando van a tomar una foto, si deben o no tomarla. A mí me ocasiona mucho problema estar en una escena del crimen, me ocasiona un pensamiento y me cuestiono si lo debo hacer o no. Cuando lo hago busco la manera más santa de tomar la foto para no lastimar a nadie. Esto me ha costado mucho trabajo aprenderlo porque soy “un culichi” y también me acostumbré a la violencia, a que siempre está pasando algo… es difícil darte cuenta de que en otras partes no pasa lo que en Sinaloa; al pensarlo te das cuenta de que estamos mal y que, entonces, debemos remendar una vida que creció con la violencia.

Tus pasos se perdieron con el paisaje

Fernando Brito ha sido ganador de diversos premios como Descubrimientos PHE de Photo España, WPO de Sony, la Bienal del Centro de la Imagen en México, XII Bienal de Artes Visuales del Noreste y en la Bienal del Salón de la Plástica de la Universidad Autónoma de Sinaloa entre otros. Su trabajo más emblemático –hasta ahora- ha sido la serie Tus pasos se perdieron con el paisaje con la que obtuvo el tercer lugar, en la categoría de noticias generales, del World Press Photo 2011.

Tus pasos se perdieron con el paisaje es una serie de fotografías que muestran diversas escenas de crimen sucedidas en Sinaloa, pero no de una manera aislada sino como parte de un paisaje, de un entorno, que nos hace mirar a la violencia a través de una estética que no es la del morbo o la del horror, como con precisión lo define Rossana Reguillo:

“la potencia del trabajo el de Fernando Brito radica en su capacidad de resistir dos tentaciones cuando se trata de la violencia de la máquina: una estetización del horror que termina por borrar sus anclajes estructurales y, de otro lado, la evitación de una pornografía en la exhibición de cuerpos rotos. Brito, se coloca en el justo lugar de un testigo que se con-duele y que es al mismo tiempo lo suficientemente templado para estar ahí, diría Geertz (1988) y revelar-nos la caligrafía de la máquina en una secuencia temporal que ahonda en la sistematicidad del aparato guerrerista de la máquina”[1].

¿Cómo nace tu obra “Tus pasos se perdieron con el paisaje” y qué buscabas con ella?

El trabajo que yo realicé con la serie lo hice más que como ciudadano que como periodista, lo hice pensando en hacer una denuncia porque yo vivo aquí, porque mi familia vive aquí y porque me gusta vivir en Culiacán. Esto fue algo muy personal que fue creciendo por el acceso que me dio mi trabajo al estar ahí (en las escenas de crimen). Yo me aproveché de alguna manera de eso para construir una denuncia. Mi idea era que no vieran nada más la fotografía del periódico porque la cosa ahí es que lo iban a ver un rato y mañana luego verían otro, suplantando así un muerto por otro, yo quería que lo vieran más tiempo que recapacitarán y que se dieran cuenta de que se trataba de una persona, de un ser humano.

Los premios llegaron con esta serie, pero tú precisaste que uno de los logros de este proyecto fue disfrazar como arte tu denuncia de la violencia que azota y hiere a Sinaloa.

Yo nunca pensé ganar nada, mi intención no era ganar nada, lo que yo quería con estas fotografías era que la seleccionaran para que las personas la vieran: eso quería.

Ganar me revolvió todo el mundo porque resulta que ganó con una foto de un asesinato y para mí era todo lo contrario. Yo con eso me gané una lana y eso me movió toda la cuestión moral porque nunca ha sido mi intención ganar dinero con la muerte de otro. Esto me ocasionó un problema psicológico, eso me puso en problemas y ahí entendí la responsabilidad moral para seguir haciendo trabajos de denuncia. Eso es lo que tenía que hacer: hacer denuncia social con y a través de mis fotografías.

Tras el éxito de Tus pasos se perdieron con el paisaje, Fernando Brito ha tomado la responsabilidad de su denuncia y sus fotografías porque a decir de él

“En Tus pasos… no se trataba de una muerte más, se trataba de decir que son seres humanos. El asunto de ponerlo en el paisaje, de aislarlo, de que no hubieran personas era para eso, era para que te quedaras un rato contemplando y te preguntaras: ¿qué paso?, ¿quién era? y, así, dejaras de juzgarlo porque el problema que existe con las fotografías de nota roja y con alguna muerte violenta es que justificamos su muerte y criminalizamos a quien ahí aparece. Esto no es del todo real porque aquí en Sinaloa es como “deporte” andar matando gente, se saben muchas historias sobre que se asesina por puro placer, no más por chingarse a alguien”.

Su objetivo con Tus pasos se perdieron con el paisaje fue, justamente, el sembrar esa duda en la mente de los espectadores y cambiar así “el chip de la violencia” que, de acuerdo con Fernando Brito, llevamos muy adentro de nosotros. Esa fue la razón por la que quería situar a las víctimas en un paisaje pacífico que se rompiera con la muerte de quien aparecía en la fotografía. Su idea, era trasladar las sensaciones hacia la humanidad de la víctima:

A mí me daba mucha tristeza verlos ahí solos abandonados donde nunca pensaron terminar ni la familia pensó encontrarlos. Una de las alegrías de este trabajo fue que alguna vez escuche comentarios de las familias de quienes salieron en mis fotografías. Un hermano de quien salió en una de mis fotos me dijo: ¡Qué bueno que tú tomaste la foto! Eso me hizo seguir”.

Para Fernando Brito hay gran responsabilidad en lo que se hace como fotoperiodista porque con el trabajo se va registrando la historia del presente:

“Hay una responsabilidad en relación a las imágenes que uno toma y va dejando… siempre he pensado en que esto es la historia y nosotros estamos fotografiándola. Por ello, debemos apoyar a entender lo que nos pasa, desde la fotografía, porque nosotros somos de los pocos que se enteran lo que realmente está pasando…hay otros que no se quieren enterar, perouno trabajando en un diario se entera de toda la bestialidad que existe allá afuera… de la manera en que somos los seres humanos… se entera de que hay gente tan malvada… por eso a mí se me hace increíble que la gente no proteste, que no denuncie. A mí me preocupa que no estemos despiertos…”.

Actualmente, Fernando Brito experimenta con el video documental para seguir denunciando lo que pasa en su amada Culiacán. Su trabajo y obra también puede verse en el documental: Brito, realizado por Eduardo Esparza, y en el cual se retrata la labor que tanto Fernando como su hermano, Luis, han realizado como fotoperiodistas.

Hoy, sin embargo, su reto más importante sigue siendo el ser padre de “un culichi”.

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[1] Fragmento extraído del texto “La narcomáquina y el trabajo de la violencia: Apuntes para su decodificación” en el número 8.2 #Narcomáquina de la revista electrónica E-Misférica. Ver: http://hemisphericinstitute.org/hemi/es/e-misferica-82/reguillo

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