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Memoria Prematura: Perdurar y resistir en “el círculo del nosotros”

Memoria Prematura: Perdurar y resistir en “el círculo del nosotros”

En el marco del 1er Encuentro Nacional de Lugares para la Memoria y la Construcción de Paz -que se llevará a cabo en Guadalajara del 20 al 22 de noviembre- se presentó el libro: “Memoria prematura. Una década de guerra en México y la conmemoración de sus víctimas” de Lilian Paola Ovalle y Alfonso Díaz Torvar, el cual ofrece un panorama sobre cómo fueron pensados y edificados diversos espacios memoriales que fueron creados por familiares, amigos y acompañantes de las víctimas de diversas masacres con la finalidad de recordarles con dignidad y exigir que lo que ahí pasó: “No se repita jamás”.

Aquí les compartimos el texto que como ZonaDocs elaboramos para la presentación de este libro que se publicó con el auspicio de la Fundación Heinrich Böll México y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT).

Por Darwin Franco Migues / @darwinfranco

Se dice que algo es “prematuro” cuando sucede antes de tiempo o cuanto no está en su tiempo preciso; en este sentido, ¿Puede la memoria anticiparse a su tiempo o es el tiempo la marca que no podemos borrar para construir el doloroso recuerdo de aquello que nos ha marcado?

La memoria, como bien sugieren Lilian Paola Ovalle y Alfonso Díaz Tovar en su libro “Memoria Prematura. Una década de conflicto en México y la conmemoración de sus víctimas”, no sólo es la acción o efecto de recordar aquello que nos marcó sino el proceso en el que se gestan las necesarias y dolorosas preguntas sobre esos recuerdos: “¿Por qué a él, ella, ellos y ellas? ¿Por qué a nosotros? ¿Cómo es que esto pudo suceder? ¿Cómo nos permitimos llegar hasta aquí? ¿Dónde estaba el Estado mientras todo esto nos pasó?”, éstas son preguntas articuladoras que se anticipan ante la escasez de respuestas en un contexto donde lo que sigue imperando como norma social y simbólica es: la indolencia, la violencia en todas sus formas posibles, la injusticia y la galopante impunidad.

Y en medio de este caos, el amor, la esperanza y la dignidad son siempre la base de toda resistencia y memoria; por ello, no es menor que los siete espacios memoriales que las familias de las víctimas de Creel, Villas de Salvárcar, San Fernando, Allende, Casino Royal, Lagos de Moreno y Ayotzinapa, han edificado (y que forman parte elemental del libro) impliquen toda una afronta simbólica y de sentido en torno a la violencia y al significado que se construyó alrededor de sus seres queridos, quienes -en todos los casos-, fueron criminalizados y estigmatizados. Lo que dejó una segunda huella que, al igual que la primera (la que los desapareció o quitó la vida), persiste en la vida de quienes se han articulado para construir: “Una memoria que resiste”. 

“Memoria Prematura. Una década de conflicto en México y la conmemoración de sus víctimas” es un libro que hace un recorrido por 23 diversos espacios memoriales que se han edificado en México en el marco de la mal llamada “guerra contra el narcotráfico”, pero no se trata de la unificación de los procesos históricos en torno a una memoria sobre la guerra; al contrario, es la disputa simbólica y de sentido que también desde los académicos y activistas (en una conjunción que siempre suma cuando uno de verdad tiene un compromiso ético con aquello por lo que se lucha y estudia)  realizan para mostrarnos que no todo esfuerzo por recordar lleva implícito ni el reconocimiento ni la responsabilidad sobre los hechos y, muchas veces, ni siquiera se busca dignificar la identidad de las víctimas; por ello, ambos separan los memoriales y antimemoriales construidos por y desde los familiares de las víctimas de aquellos “memoriales” con los que el Estado Mexicano pretende recordar olvidando su rol como agente perpetuador de la violencia, ya sea por su acción, inacción u omisión. 

Al leer el libro es imposible no cuestionarse:

¿Dónde estaba uno cuando todo esto ocurrió? ¿Y por qué demonios dejamos que todo esto les sucediera a estas familias o, peor aún, por qué hemos sido incapaces de articularnos con quiénes han padecido estos traumas?

Los traumas se impregnan mucho más rápido en la memoria colectiva que la solidaridad que se puede gestar alrededor de ellos; sin embargo, entre ambos fenómenos existe un proceso de auto-reflexión donde el dolor humano permite ver el nivel de corresponsabilidad moral que tenemos sobre aquello que ha causado dolor, pero sobretodo con aquellos que lo sufren; el teórico,  Jeffrey Alexander ha reflexionado sobre la noción de trauma cultural y los procesos sociales que se edifican cuando una sociedad experimenta algún tipo de fenómeno social doloroso. Como todos los enmarcados en el libro.

Para Alexander, un trauma adquiere una dimensión cultural cuando los miembros de una colectividad que han vivido episodios horrendos: “consideran que estas desgracias han dejado huellas indelebles en su conciencia colectiva marcando su memoria para siempre y cambiando su identidad futura de maneras fundamentales e irrevocables”; al hacer el recorrido visual y reflexivo sobre el libro escrito por Ovalle y Díaz Tovar, también es imposible el no cuestionarse si de verdad todo el horror que experimentamos nos ha marcado realmente o si sólo provoca en nosotros una reacción efímera que emitidos para no sentirnos plenamente indolentes frente a todo lo que nos pasa cotidianamente. 

En las Fases de la Experiencia de la Memoria Colectiva del Trauma, apuesta teórico-metodológica que también se hace presente en el libro como una síntesis para entender cómo es que la memoria prematura se construye, se proponen tres momentos: El Trauma, La Memoria Desde Abajo y la Institucionalización o Patrimonialización. 

En la primera fase prevalece, la indolencia del Estado y el abandono social de las víctimas. En la segunda, estas mismas víctimas son las principales articuladoras de su lucha y se plantean ya no de manera solidaria qué hacer y cómo narrar lo que les ha pasado. En la tercera, citando a los autores, “Las víctimas son incorporadas al “nosotros” y el nosotros trabaja conjuntamente en pro de la memoria”, pues el hecho violento ya es visto como: “algo que nos sucede a todos y a todas. Los y las desaparecidas nos faltan a todos y a todas. Los y las violentadas nos duelen a todos y a todas”.

Regresando a Alexander, lo que uno puede encontrar en este libro es un recorrido claro, fuerte y conciso por la configuración y ampliación del “círculo del nosotros”, espacio donde el dolor ajeno debe sentirse como propio para romper verdaderamente, toda indolencia. 

Entre más grande pueda llegar a ser “el círculo de nosotros”, existe mayor posibilidad de recuperar las redes sociales, legales e institucionales, que han sido rotas por el trauma cultural compartido. Para el teórico Jeffrey Alexander esta noción teórica, ha logrado encontrar componentes empíricos en las acciones colectivas que se han generado en los llamados periodos postguerra, ya que los estragos generados por los conflictos bélicos: “tarde o temprano hacen emerger las responsabilidades causales de todos los actores que, directa e indirectamente, participaron en ellas”, precisa el sociólogo.

Y aquí es donde nos encontramos todas y todos de manera prematura frente a un conflicto que no sólo prosigue sino que lo hace cada vez de maneras más cruentas.

Para lograr la identificación tanto con quien padece como con quien perpetra el dolor es necesario entender la representación social e, incluso, mediática, que se hace de quienes participan en el hecho violento. Los memoriales y anti-memoriales que se presentan en el libro, en ese sentido, son también espacios que disputan significados y sentidos sobre la violencia y las víctimas que ésta genera y, por ende, se configuran como sitios donde las verdades oficiales se desmienten y cuestionan. 

“Memoria Prematura. Una década de conflicto en México y la conmemoración de sus víctimas” es una lucha contra el olvido y la desmemoria oficial; por ello, vale la pena leerlo, pero será aún más valioso que después de hacerlo salgamos a la calle para acompañar a aquellas mujeres y hombres que construyen “memoria desde abajo”, “memoria que resiste”, pues más nos vale ser prematuros en este lucha que ser presas del tiempo desmemoriado con el que hemos pretendido “ser y estar” creyendo que ninguna violencia nos ha marcado.

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Consulta el programa del 1er Encuentro Nacional de Lugares para la Memoria y la Construcción de Paz en: https://bit.ly/2KBe7dg

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