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Leer para resistir. La niñas y niños de un pueblo mágico que leen cuarenta libros al año

Leer para resistir. La niñas y niños de un pueblo mágico que leen cuarenta libros al año

Por Dolores Pérez-Lazcarro

La resistencia civil pacífica, de acuerdo al pensamiento de Gandhi, es la acción individual y colectiva que se resiste a la injusticia y la opresión por medios pacíficos, el contexto que vive nuestro país, es también resistir los diferentes tipos de violencias por esos medios.

Aunque no aparezcan en la paginas principales de los periódicos y grandes medios de comunicación, las resistencias están ahí y Guadalupe Diez de Sollano ha decidido hacerlo por medio de la lectura.

Hace casi catorce años llegó a vivir a Tapalpa, un municipio ubicado en la sierra sur de Jalisco, nombrado pueblo mágico en 2002 y lugar de descanso de muchos habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara. Se estableció, tuvo un periodo de adaptación y después se dio cuenta de que ese, su nuevo hogar, la recibió y la arropó amablemente, entonces estuvo pensando que hacer por esa comunidad de la que ya formaba parte.

La canasta lectora

La maestra Pepis, como la conocen en Tapalpa, me recibe en su casa con un libro de Rosa Montero en las manos, la chimenea prendida y unas hermosas flores allá en el fondo. Cuando le pregunto qué la impulsó a formar talleres de lectura, sus mirada se vuelve luminosa y esboza una media sonrisa:

“Yo venía de Culiacán, de ser directora de una escuela, lo que sé es enseñar y me encanta leer, por lo que decidí organizar un grupo de fomento a la lectura. Mi idea era un grupo de adultos, entonces puse letreros en la plaza, en el templo, en los comercios cercanos al primer cuadro de la población. Conseguí un lugarcito en el exconvento y ex capilla conocida como “La Purísima”, que no se usa y el señor cura me prestó un lugar. Llegó el gran día y se acercaron cinco personas, cuatro mujeres y un hombre. De las señoras que iniciaron dos siguen después de 9 años, una de ellas llegó diciéndome ´vengo a ver qué, nunca he leído un libro, no me gusta leer y esta será mi última

lucha´. Ahora ella es la más lectora, está leyendo dos libros por mes. Esa sesión es muy entrañable para mí, de alguna manera me remonta siempre al esfuerzo inicial de querer hacer algo, ahora son 12 mujeres, nos reunimos cada quince días y el grupo se llama la canasta lectora, porque yo siempre llegaba con los libros en una canasta”

El columpio

¿Maestra, ¿cómo surgen los talleres de fomento a la lectura para niñas/os?

“Una de las señoras del grupo de lectoras llegó un día y me dijo que su vecina le preguntó que si no pensaba hacer grupos de niños, yo le dije que sí, pero que no tenía lugar y al final me prestaron la cochera de la casa de esa vecina, mamá de unos de los niños que iniciaron el grupo al que bautizamos como El Columpio.”

El grupo empezó a crecer y el Columpio se movió de lugar: las catequistas les prestaron el sótano de la capilla de la Sagrada Familia, “Para los niños era atractivo ese lugar porque había que bajar unas escaleras, estaba oscurito y eso creaba un ambiente mágico, tengo cientos de fotos de los niños que iniciaron y mi sueño es hacer una exposición fotográfica porque a muchos de ellos, que hoy son casi adultos, les encantará verse de pequeños”, dice la maestra que cada lunes y sábado recorre las calles de Tapalpa para llegar a las dos colonias que albergan sus talleres.

Cuando la Maestra Pepis inició el taller para niños casi no tenía libros infantiles, empezaron con unos pocos que había en la escuela Emiliano Zapata. Después su campaña de recolección de libros comenzó, los amigos y familia entraron en acción y había desde quienes le llevaban los libros y otros que le daban dinero para que ella los escogiera, así es como ha llegado a tener un acervo de más de dos mil libros. También llegaron las donaciones para mesas, materiales para manualidades y cuadros que se pueden ver colgados en los talleres.

La maestra Pepis me regala una anécdota personal: “Uno de mis hijos me preguntó en una ocasión que si no habría alguien que me pagara por hacer esto o que me apoyaran con los materiales, porque no sólo es que no te da sino que te quita: tiempo, dinero, esfuerzo, yo le respondí que sí, me puede quitar esas cosas pero para mí ha sido sumamente enriquecedor”

 

El que lee, sabe, el que sabe lee más…

El doctor en Psicología Raymond Mar, quien es profesor en la Universidad de Nueva York, afirma que leer es una gran manera de expandir nuestro horizonte de experiencias: el cerebro, al parecer, no distingue claramente entre leer sobre la experiencia de un personaje de ficción y vivir esa actividad en la vida real. “Aparentemente hay similitudes en la forma en que el cerebro reacciona a leer sobre algo y experimentarlo”.[1] Tomando en cuenta esto, los niños estarían experimentando otras formas de ser y hacer muy distintas al medio que les rodea, donde no están exentos de la influencia de las noticias difundidas sobre notas rojas o conductas violentas ejercidas por personajes ligados al narcotráfico. Resulta paradójico saber esto y escuchar conversaciones acerca de la importancia que tiene la lectura para la formación de los niños, pero es muy raro que se fomente de la manera que se está haciendo en este pueblo de la sierra sur de Jalisco: los talleristas de la maestra Pepis leen cuarenta libros al año.

Maestra ¿qué cree que le aporta a la sociedad un niño que lee?

“A un lector se le abre el mundo, el universo tan pequeño que puede tener un niño que vive en los barrios en los que tengo fomento a la lectura, como te digo, se les abre el mundo, empiezan a pensar en viajar, conocer otros lugares, hacer cosas diferentes, generar cambios en su persona, en su casa, en su barrio, en su pueblo y claro, en su país. Les da herramientas para utilizar su creatividad y sus talentos en cosas que beneficien su entorno”.

Cómo funcionan los talleres

La maestra Pepis ha capacitado a 6 personas para ser facilitadoras de los talleres, entre ellas, 4 son adolescentes que empezaron mu y pequeños en el taller y que son grandes lectores. Siempre habrá un facilitador que coordine y la mecánica es: los niños llegan y cada uno tiene un turno para sentarse en el sillón de contar, los demás se sientan alrededor a escuchar con atención y respeto, el que habla dice el título del libro, autor, personaje principal, personajes secundarios, resumen del argumento y les dicen a sus compañeros si recomiendan o no el libro, así cada uno en su turno pasa a comentar el texto que se llevó una semana atrás, luego, la persona facilitadora les lee un cuento en voz alta, enseguida pasan a elaborar una manualidad, la que ha resultado casi indispensable para asegurar la presencia de los niños, sobre todo cuando empiezan a asistir. Antes de irse, juntos y en voz alta repiten:

“El que lee sabe, el que sabe lee más, el que lee más aprende, el que aprende propone, el que propone genera cambios, el que cambia vive contento, el que vive contento no pelea y el que no pelea tiene tiempo de leer más”

Las niñas y niños.

Juan Villoro en Tapalpa

El día es lluvioso y con la gabardina que llevo cubro también mi cámara, llego a una casa pintada de blanco con una puerta de madera muy bien cuidada, allí vive Elías Justo de 13 años, uno de los niños lectores que se ha convertido ya también en facilitador del taller, toco tres veces y él mismo me abre con su peinado relamido, como recién bañado y una linda sonrisa.

DP: Hola Buenas tardes, vengo a visitarles porque me gustaría saber cómo les ha ido con su taller de lectura.

Elías: Pase por favor, aquí están mis papás y mi hermana Getsemaní.

El ambiente dentro de la casa es agradable y armonioso, muy limpio y ordenado, la señora Mary Chuy y el señor Santiago Justo me ofrecen asiento. Sin más preámbulo que las formalidades básicas le pregunto a Getsemaní de 7 años y que desde hace uno va al taller, si le gusta ir.

“Me gusta mucho ir, me divierto leyendo y aprendo hacer manualidades. Empecé a ir porque mis hermanos mayores iban, el más grande ya está en la prepa en Michoacán y Elías que está aquí, ya es hasta facilitador”

DP: Y tu Elías, ¿cómo empezaste a ser lector?

Elías: Según recuerdo empezó como un proyecto de la escuela, entonces mi hermano Santiago empezó a ir, un día mi mamá me dijo que iba a recogerlo y yo me le pegué, cuando llegamos ahí estaba la maestra Pepis, en ese momento daban un dulce al salir y la maestra me ofreció uno. Después quise seguir yendo.

DP: ¿Y por qué quisiste ir de nuevo y quedarte ya como participante?

Elías: Primero, naturalmente porque quería estar con mi hermano más que con mi hermana, al yo ser varón pues me gustaba estar con Santiago, entonces me iba siempre con él.

DP: ¿Cuál libro es el que recuerdas como el que más te ha gustado?

Elías: Recuerdo muchos, pero mi favorito es el Libro Salvaje de Juan Villoro, porque es una historia muy buena, retrospectiva. Se trata de un niño que sufre el divorcio de sus padres, sus vacaciones se ven estropeadas por esto y se ve obligado a viajar a la casa de su Tío Tito, un señor de edad avanzada que vive en una casa que es  biblioteca en donde hay sin fin de pasillos y libros y hay uno en específico que es el libro salvaje, porque nadie lo ha leído y parece que no se ha terminado de escribir, la trama se desenvuelve en torno a ese libro, de cómo este niño intenta capturarlo, obstáculos que se le presentan y otros diversos acontecimientos que pasa durante sus vacaciones.

DP: ¿Cómo invitarías a otras niñas y niños a que asistieran al taller de lectura?

Elías: Los invitaría cordialmente a que asistan a un taller de lectura con el que pueden ampliar sus conocimientos.

DP: ¿Cómo te ves antes y después de asistir al taller?

Elías: Pues principalmente, cuando comencé a ir no sabía leer bien. Mi lectura era de un nivel casi nulo y la maestra amablemente me empezó a ayudar a que yo aprendiera a leer bien. Ahora mis conocimientos son mucho más amplios, tengo un léxico, se podría decir extenso, lo que me permite destacar en mi nivel estudiantil y académico.

DP:  La maestra me dijo que ya eres facilitador del taller, ¿Cómo es que llegas a serlo?

Elías: Bueno, esto es algo más reciente, un día como todos los lunes yo fui al taller y la maestra me comentó que si quería ser facilitador oficial, que ella hablaría con mis papás y como una semana después vino a mi casa a hablarles de ese tema. A mi emocionó ser facilitador y ya llevo casi dos meses.

María Antonia y La Vendedora de cerillas.

Esa misma tarde me dirigí a la casa de otra tallerista, al llegar era difícil siquiera tocar la puerta porque afuera había un hombre que tenía puesta una bocina que reproducía música con un volumen muy alto, pregunté por María Antonia, me retiré un poco, en un par de minutos ella salió, sonrojada y un poco tímida, es una adolescente de 13 años, nos fuimos a platicar a la acera de enfrente. Después me enteré de que en su casa de tres recámara viven cuatro familias, que es difícil llevar dinero para el gasto y que ella ha dejado de asistir a la escuela secundaria, pero no al taller de lectura.

DP: ¿Cómo estas María Antonia? Vine a verte porque me gustaría saber cómo te va en el taller de lectura, ¿por qué entraste?

María Antonia: Estoy muy bien. Fui porque me llamó la atención que iba mucha gente y entonces decidí ir yo también.

DP: ¿Te empezó a gustar a leer desde que fuiste al taller?

María Antonia: No, ya me gustaba desde antes, pero ahora me gusta más. Dejé la secundaria porque no me sentía a gusto estar ahí tantas horas, pero el taller no lo quiero dejar.

DP: Ahora ya eres facilitadora del taller, ¿Por qué quisiste serlo?

María Antonia: Veía como la maestra le ayudaba a los niños y pensé que yo también podía ayudarles y pues me animé a ser facilitadora

DP: ¿Crees que eres igual que antes de leer tantos libros?

María Antonia: No, porque ya ahora con los libros que he leído se muchas más cosas que no sabía antes. Me siento muy feliz de saber más, porque cuando me pregunten yo ya voy a poder contestar cosas que no me imaginé que existían.

Para terminar me dice que de los libros más recientes que ha leído le ha gustado mucho “La vendedora de cerillas” y yo me quedo pensando cuántas veces habrá sentido ganas de cambiar su situación, de no tener frío como aquella niña de Hans Christian Andersen, de tener cosas que describen los libros que y de cuánto le ayuda saber más cosas para cambiar su realidad.

África, Europa y los lugares del Principito

El día siguiente amaneció con un sol espléndido, día de taller. El lugar donde se desarrolla está en una loma a la salida del pueblo, carretera a Chiquilistlán, el “taller de arriba” dicen, el nombre de bautizo es “Las Peñitas”. Afuera del salón, lugar que les prestan para realizarlo, están ya las bicicletas de algunos niños, aunque la mayoría llega caminando.

Entro y ya han empezado, una niña está contando sobre el libro que leyó esa semana, hay casi de todas las edades y no falta la hermana “mayor” de 9 años que con tal de no dejar de ir al taller se lleva a su hermanita pequeña. Me quedo a toda la sesión y puedo ver las caritas de las niñas y niños que se alegran con el cuento final de la facilitadora, ríen, todos están entusiasmados, después del cuento, llega la hora de elaborar la manualidad. Hoy realizarán una que pueda servir de adorno para la época navideña. Sobresalen tres niños varones ya casi adolescentes, están atentos y se distraen un poco con mi presencia. A la salida los entrevisto, son Christian, Uriel y José Alfredo

¿Por qué vienen al taller?

Christian: porque estoy muy entretenido y aprendo cosas. “

Yo igual” contestan los otros dos.

A ver, cuéntenme, ¿cuántos libros han leído y cuales les gustan más?

Christian dice que como unos 60 y sus favoritos son los que hablan sobre animales: “Quiero ir a África, conocer a los animales y salvar a los que están en peligro de extinción, ese es mi plan”.

Uriel con cara de orgullo dice que él ha leído como 150 porque ya tiene cuatro años asistiendo: “Me gustan todos los libros sobre atlas mundiales y mi ilusión es conocer el continente europeo”.

Finalmente José Alfredo dice que él solo tiene un año asistiendo y casi como disculpándose dice que por eso sólo ha leído como treinta libros: “Es que he faltado algunas veces, mi libro favorito hasta ahora es El Principito y me gustaría estar en los lugares donde él estuvo”, añade.

A los tres los ha marcado su cariño por los libros, no piden lujos, no anhelan llegar a ser jefe de la plaza, como se les conoce a quienes son representantes de los “dueños” de un territorio para el trasiego de droga. Han adquirido conocimientos, desarrollado su imaginación y saben que pueden conocer otros mundos, quieren estudiar, leer y viajar.

Mamás y Papás

Doña Mary Chuy y Don Santiago tienen dos hijos y una hija, los tres son asiduos lectores del taller El Columpio.

La Sra. Mary Chuy recuerda: “Mi hijo Santiago fue de los fundadores, entró al taller cuando iba a cumplir 8 años, ahora ya está en la prepa. Y es que lo que hacen estos talleres es despertarles el gusto por la lectura y seguir queriendo aprender más. Mi esposo y yo estamos convencidos de que la lectura es de las mejores cosas que hay, porque la tecnología, el internet distrae, nosotros pensamos que leyendo aprenden más”. Suena el teléfono y ella va a atender, pero se queda Don Santiago, le pregunto si cree que su hijo mayor fue influenciado por el taller para continuar con sus estudios.

“Claro, una cosa se compagina con la otra, Cuando empezó el taller a mí me dio mucho gusto. A veces para uno no es tan sencillo ponerse a leer con ellos y cuando hay una persona que dona su tiempo y esfuerzo, pues lo apreciamos mucho, lo que hace la maestra Pepis es muy grande, porque en base a esos talleres se cultiva a los niños igual que cuando cultivamos una planta: los van guiando en la lectura, en el conocimiento, eso hace que crezcan pensando en querer saber más. Esto hace que siempre tengan de qué hablar, su conversación no termina. Yo veo a mis hijos en la Universidad, eso no es inalcanzable.

DP: ¿Qué les diría a otras madres y padres de familia para que se animen a llevar a sus hijas e hijos al taller?

Don Santiago: ¡Qué no les diría! No podemos darnos el lujo de echar a perder a nuestros hijos, si hay una responsabilidad que valga la pena en esta vida es ayudar a los hijos para que sean gente exitosa. Como padre de familia yo con mucho gusto, cariño y entrega doy todo lo que sea por mis hijos, eso les diría a otros papás, además de que estoy convencido de que el que lee un libro o toca un instrumento no es una persona violenta.

Antes de irme, Don Santiago me dice, como recordando para él mismo, que aunque ha aprendido mucho por su cuenta, él nunca pudo realizar más estudios, la muerte de su madre haría que abandonara la escuela, por eso lee y lee y sus hijos veían eso desde pequeños. Su mirada se pierde en un punto de su memoria y este hombre de oficio carpintero me despide con un fuerte apretón de manos.

Las y los facilitadores

Al terminar el taller del sábado, me acerco a Bety, además de ser mamá de cuatro niñas y dos niños, ahora es facilitadora, nunca ha faltado a la cita de los sábados a las 11 de la mañana desde hace 7 años, primero llevando a sus hijas e hijos, luego empezó ayudar a la maestra Pepis a organizar libros, material para manualidades, hasta que hoy ya es facilitadora.

Bety, ¿Notaste algo especial en tus hijxs cuando empezaron a acudir al taller de lectura?

“Pues, en primer lugar, antes apenas si agarraban un libro, después empezaron a leer un libro por semana y vi que en la escuela les iba mucho mejor, empezaron a subir de calificaciones, tenían mejor comprensión, incluso para redactar las tareas les iba muy bien, la tele la dejaron a un lado, ya casi ni a la calle salen, las veo sentadas leyendo libros. Incluso a mi niño más chiquito ya le gusta y cuando empezó el taller todavía no nacía, cuando era pequeñito me lo traía en el porta bebé, ahora agarra ya libros y a veces me dice que yo le lea sus favoritos, a propósito me equivoco y me dice “Ma, te equivocaste, así no va”. En cuanto a mi segunda hija, Andrea, también fue tallerista y facilitadora, ahora está en la prepa y saca las mejores calificaciones, quiere ser doctora”.

DP: ¿Que te motiva a seguir viniendo?

Bety: Pues primero mis hijas e hijos, hay que ir a donde quieran ir ellos y más cuando es una cosa tan buena, pero también me motiva ver que ya hay jóvenes de 18 años que de niños asistieron al taller y ahora son diferentes a otros, son más tranquilos, no son violentos, veo que van bien y eso me da mucho gusto, más en este tiempo en que hay tanta violencia alrededor. Me gustaría que más papás y mamás trajeran a sus hijos porque este taller puede cambiar su historia, yo conozco a una niña que andaba solita siempre, en riesgo, luego empezó a venir por su cuenta y ahora ya está en la secundaria y aunque no tiene el apoyo ni de su mamá ni de su papá, ella le echa muchas ganas porque dice que quiere ser diferente.

Otra facilitadora es Arumi, tiene 13 años y empezó como niña lectora en el taller. Me cuenta que se hizo facilitadora porque “Empezaron a llegar muchos niños y se necesitaba ayuda, así empecé. Me siento muy bien de hacerlo y me gustaría que vinieran más y más, de verdad que nos ayuda mucho para la escuela, aprendemos y a mí, por ejemplo, me gustaría viajar más y conocer el mundo.

La maestra Pepis me contaría después que Arumi ni siquiera podía pasar a explicar lo que había leído, su timidez era enorme, hoy ayuda a otros a que aprendan a leer y les cuenta los cuentos con gracia sin igual.

Un parteaguas en el municipio: Profesora Gisela Aguilar

Gisela Aguilar es profesora de la Escuela Emiliano Zapata desde hace más de 10 años, en este tiempo ha tenido muchos alumnos que han asistido a los talleres de lectura. Me cuenta: “Yo si noto el cambio que ha habido en las generaciones de niños que han pasado por los talleres, hay mucho más interés en explorar textos, no sólo se quedan con los libros que utilizamos en la escuela, me parece muy importante que dediquen tiempo extra clase para ir a adquirir nuevos conocimientos, a tener mayor comprensión lectora y fluidez al leer. A mí me parece que los talleres de lectura son un parteaguas en el municipio, porque de parte de los maestros hacemos lo que nos corresponde, pero sabemos que no es suficiente. Tengo evidencias contundentes: en una ocasión hubo un concurso de comprensión lectora a nivel regional y una de las talleristas nos representó, por supuesto que se llevó el primer lugar, hoy, ella ya está en la preparatoria”.

Entre los casos más destacados que nos da la maestra está el de los tres hermanos Justo: Santiago, Elías y Getsemaní, Sofía Córdoba, Andrea Larios, Jenny, me comenta que puede dar muchos más nombres y que esas niñas y niños son pruebas fehacientes de cómo aportan los talleres a su formación.

Futuro

Desde que iniciaron los talleres hace 9 años, la maestra Pepis calcula que han pasado por ellos alrededor de 300 niñas y niños, su sueño es tener un taller de lectura en cada barrio de Tapalpa y dar seguimiento a manera de investigación a quienes han asistido para comprobar cómo la lectura cambia la vida de las personas.

“A veces estoy cansada, comiendo y luego muy cómoda en la sobremesa, veo que ya van a ser las cuatro, hora en que se desarrolla los lunes el taller El Columpio y digo: ¡ay, me tengo que levantar! Sin embargo, cuando llego y veo a las niñas y niños esperándome, jugando, riendo y me ven con su cara de alegría, se me pasa el cansancio y digo: vale la pena, lo sigo haciendo, aunque me cueste trabajo, porque veo que si funciona. Veo a algunos de los niños y niñas  olvidados, con enormes carencias, llegan a veces despeinados, con la ropa sucia y los veo cómo cambian con el tiempo, cómo son antes y después de ir a la lectura y me da nuevas energías para continuar”.

El futuro de estos talleres en la actualidad depende totalmente de la voluntad y el trabajo altruista de Guadalupe Diez de Sollano y de la confianza de sus donantes de libros de materiales para las manualidades y el pago de renta del espacio donde se desarrolla El Columpio, que de acuerdo con sus aspiraciones esta renta podría evitarse obteniendo un camión y adaptarlo como biblioteca móvil para trasladarse por todos los barrios de Tapalpa.

Por si los talleres fueran poco, la maestra Pepis ha colocado mini bibliotecas ambulantes, tres casitas que albergan alrededor de 20-25 libros cada una en con un letrero que dice: “Toma uno, regresa uno”, esto con la finalidad de crear conciencia en las personas adultas del municipio.

Para finalizar la entrevista me dice: “Al escuchar las noticias me angustio, y entonces pienso: ¿qué puedo hacer?, tengo nietas y nietos y yo quisiera antes de morirme decirles que les entrego un mundo en paz, entonces pues esto es lo que yo puedo hacer en mi entorno, esta es mi forma de construir paz”.

¿Fomento a la lectura desde el gobierno de Jalisco?

El programa Fomento a la Lectura aparece en el presupuesto 2019 a cargo de la Secretaría de Cultura del gobierno de Jalisco, con un monto asignado de $89’212,281. En la “Matriz de Indicadores para Resultados 2019” de este programa, se establecieron parámetros como los siguientes:

“Porcentaje de los habitantes del estado de Jalisco que han leído por lo menos un libro al año”, el documento dice que la meta para el periodo es de 34% de los jaliscienses, pero no clarifica como se medirá este indicador, además, aun cuando esta Matriz reporta los asistentes a las bibliotecas públicas del estado de Jalisco, tampoco se mencionan las acciones específicas de fomento a la lectura para los niños(as) y jóvenes en este año fiscal.

Lo anterior es relevante porque si la voluntad y el esfuerzo de una sola mujer puede hacer por los habitantes de Tapalpa todo lo que hemos leído, mas de 89 millones de pesos desde el gobierno del estado tendrían que haber puesto a leer a miles de jaliscienses.

La construcción de una nueva realidad en nuestro país empieza por rehusarnos a aceptar las violencias directa, estructural y cultural tan reforzadas en los diferentes espacios reales y virtuales que transitamos, la manera de resistir de cada persona será distinta, lo importante, es resistir. El caso de la Maestra Guadalupe Diez de Sollano es una oportunidad de ver como se edifica la paz, así, casi sin ruido, lo fundamental es aprender a verla.

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