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Niñas se suman a la marcha por las asesinadas y desaparecidas en Chimalhuacán

Niñas se suman a la marcha por las asesinadas y desaparecidas en Chimalhuacán

Al cumplirse dos años de la desaparición de Norma Dianey García García, sus familiares se manifestación en las calles de Chimalhuacán para exigir justicia

Texto y fotos: María Ruiz

CHIMALHUACÁN, ESTADO DE MÉXICO.- En enero se recuerdan dos crímenes contra mujeres en Chimalhuacán. Dos años atrás, de regreso del trabajo a su casa, Norma Dianey García García desapareció. Y hace un año, Giselle Garrido Cruz fue asesinada, tenía 11 años. El asesino, de 51 años, era el dueño de un ciber café al que ella acudía.

Este domingo, Jackeline, de seis años de edad, marchó en memoria de Norma Dianey García. Con el rostro cubierto con una pañoleta verde y una bandera violeta con un “Ni una menos” escrito en blanco, Jackeline caminó los cuatro kilómetros de la ruta de protesta junto a las manifestantes. La niña estudia en la misma primaria a la que asistió Giselle Garrido.

A dos años de la desaparición de Norma Dianey, su madre convocó a la protesta ya que la investigación está congelada y desconoce dónde está su hija. Uno de los imputados por su desaparición murió en prisión; el otro fue liberado.

“Ya está luego espantada ella. Si pasamos donde hay muchos hombres le da miedo. Me dice: ‘Me da miedo que te vayan a hacer algo’. Por todas las cosas que ve y vio mucho lo del caso de la niña” cuenta Diana, madre de Jackeline, quien pidió ser citada únicamente con su nombre de pila.

Diana y sus tres hijas viven desde hace varios años en Chimalhuacán. Cuenta que una de ellas le contó que el asesino de Giselle Garrido la llegó a ver raro una de las muchas veces que asistió al cibercafé. Usualmente la familia iba a ese negocio. Saber que el encargado del local fuera el asesino les impactó mucho.

Cuando pasó lo de Giselle Garrido, Diana no pudo acompañar a su familia, ni los ritos de luto que realizaron los días siguientes al asesinato.

“La verdad no fui porque es muy triste todo eso. Cuando me dijo m’ija que había sido una persona  con la que íbamos diario… la sorprendió mucho porque íbamos casi diario ahí. Yo siento que sí ha aumentado (la violencia) pero tratamos de estar cerca de ellas”, recuerda la mamá.

A Jackeline le gustan las consignas, para ella son cantos: “(Me gusta) que cantemos y que vayamos así juntas”, cuenta. Su hermana mayor le enseñó un video que un grupo de documentalistas hicieron sobre la desaparición de Norma Dianey García, explica su mamá.

Andrea Alvarado durante la protesta para exigir justicia por Norma Dianey García y Diana Velázquez. Sostiene una cartulina con una de las consignas que gritó durante la protesta.

A unos pasos de Jackeline y Norma, una niña tomó el megáfono para gritar consignas una y otra vez. Andrea Alvarado, de 10 años, es parte de la Asamblea de Nos Queremos Vivas Neza, ahí aprendió las consigas que lanzó por las calles de Chimalhuacán.

Desde hace dos años, Andrea Alvarado y su madre, Guadalupe Alvarado, son parte de la asamblea. La mamá explica que juntas han ido aprendiendo cómo hacerle frente a la violencia hacia las mujeres.

La menor no tiene consigna favorita, le gustan todas y no por una sola razón, entiende que la mayoría de las consignas tienen significado para varias personas. ¿Qué le gustaría que no vivieran sus amigas ni ella en el futuro?

“Que empecemos por el respeto a las personas y que no hayan personas que te discriminen, porque por eso empieza la violencia a las mujeres y a los hombres, porque se discriminan a sí mismos. Me gustaría que se haga justicia cada vez que una mujer, una chava o una niña desaparezca, la violen o la asesinen”, dice la niña.

Su mamá, Guadalupe Alvarado, cuenta que a partir de que entraron al Colectivo Nos Queremos Vivas Neza su percepción de la violencia en Chimalhuacán, donde vive desde hace 40 años, cambió. No porque antes no existiera, sino que no se enteraba. Sin embargo vive con esperanza:

“Tengo mucha esperanza. Sé que no vamos a poder cambiar todo el mundo o por lo menos el país, pero sí estoy enfocada en cambiar la vida de mis hijas”.

Patricia Álvarez, integrante del colectivo Mujeres del Oriente del Estado de México que Luchan, enfatiza que para las mujeres vivir en las periferias es complicado.

“Es el lugar más complicado para vivir. Donde a los hombres les intimida que una mujer sea autosuficiente. Por esta razón te colocan trabas en el camino, no les agrada que las mujeres se independicen y aprendan a no necesitarlos”, señala Álvarez.

“En Chimalhuacán la violencia hacia las mujeres no es nueva, esto viene desde hace más de 30 a 40 años. Hoy se está agudizando, y por lo tanto no deja de ser un problema social”, añade.

Lidia Florencio, madre de Diana Velazquez Florencio, asesinada en 2017 junto con sus hijas, Laura y Camila siempre se acompañan en todas las protestas y acciones.

Para Diana Betanzos, integrante de la Colectiva Nos Queremos Vivas Neza, ni las niñas, ni ninguna de las mujeres que protestó, deberían estar en las calles exigiendo seguridad y justicia, pero no ve otra opción. Al contrario, cree muy importante que este tipo de información llegue a las menores.

“Sabemos que es a las salidas de los horarios escolares en los que las mamás han visto carros tomando fotos o donde las niñas han sido robadas. Las niñas deberían estar en su casa jugando, si están aquí es porque saben que es real. Sus compañeras de clase son desaparecidas, no regresan y son ausencias que, ¿quién está conteniendo?, ¿cómo una niña de once años, de ocho años, o de la secundaria vive la desaparición de su compañera de salón, de su mejor amiga?”.

Betanzos sabe que muchas personas pueden no estar de acuerdo con que las niñas enfrenten a tan corta edad temas tan duros de violencia, pero la situación de riesgo en la que viven lo vuelve necesario:

“Creo que es importante que ellas estén aquí y que sepan que nosotras vamos a estar con ellas para cuando lo necesiten. Por ejemplo, Andreíta es nuestra compañera de asamblea, está con nosotras, convive con nosotras. Quizá para mucha gente eso no es lo correcto, dicen, ‘no, eso no lo debe saber una niña’, pero lo tienen que saber, porque está en peligro, más que cualquiera”.

La manifestación terminó en las cruces rosas que colocaron en el Bordo de Xochiaca, en los límites del Canal. Ahí Lourdes Arizmendi, madre de Norma Dianey García García, y Lidia Florencio, madre de Diana Velazquez Florencio, colocaron una manta en memoria de sus hijas. Y la promesa de no parar hasta conseguir justicia se fue en los corazones de todas las mujeres que las acompañaron y acompañan en el camino.

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