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“Parece que todos los días son martes”

“Parece que todos los días son martes”

En Tepito los martes son días de descanso. La pandemia parece haber suprimido la jugosa vida de los otros días de la semana: no hay puestos, ni gente en las calles, ni bulla. Poco a poco el barrio se encierra. Ésta es la historia contada por Hache, un joven músico que nació y creció en Tepito

Texto: Haxha

Fotos: María Ruiz

Es jueves, son casi las 13 horas y salí de mi casa a comprar algunas cosas para cocinar.

Hay algunos puestos de venta, pero tienen muchos espacios vacíos. Los encargados o los dueños ni siquiera sacan la mercancía completa. Salen como por tenerlo que hacer, para que los jefes les paguen o para que saquen algo.

La vida en el barrio ha cambiado muy rápido en las últimas semanas. Hace falta vida, lo que más extraño son los gritos de las personas puesteras. Hace falta energía, se siente el barrio apagado. No hay alegría, no hay escándalo.

Entre más pasan los días hay menos puestos, se siente un ambiente desolado, pesado. La gente murmura de la situación en que estamos. Hay muchas quejas, muchas preguntas de cuándo va a terminar esta situación. Otros tantos creen que es una cortina de humo.

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El mercado cerrado, únicamente permanece abierto el mercado de alimentos. / Foto: María Ruiz

Mi abuela me dice que hay que tener muchas medidas preventivas para que no nos agarre el virus. Está desinfectando todo el tiempo, a todos los que llegan. Por su edad está preocupada, tiene miedo, pienso yo. Le estresa tener a los niños en la casa, la siento nerviosa de tocar el tema, ansiosa, como si nosotros que salimos a la calle no pudiéramos percibir el peligro que ella percibe.

En el barrio son las mujeres que se quedan en casa a cuidar a los niños. Aquí se usan mucho las redes comunitarias para que cuiden al hijo, para hacer las compras. La gente está desesperada, no sabe tener a los niños en casa. Los que ahorita están encerrados, antes andaban en la calle jugando, en los puestos.

A nosotros nos confunde la información que están diciendo en los medios. Estamos entre la conspiración y la verdadera emergencia.

Los espacios antes llenos se vaciaron en el barrio de Tepito. Canela, la perrita de todos los vecinos toma el sol. / Foto: María Ruiz

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En los puntos también bajó la venta. Hoy vi unos cinco de entre 16 y 19 años fumándose un gallo en la calle. Los vendedores dicen que es por el virus, yo los escucho y me hacen sentir que se asumen como parte del sistema económico, que no se ven como algo ilícito, sino que se ven afectados por el virus como cualquier línea de producción.

Ellos creen que no se está consumiendo porque los bares están cerrados, los antros, porque no hay dinero, porque la poca gente que va a comprar termina siendo víctima de robo o  víctima de la justicia, digo, de los policías que extorsionan.

La señora Guadalupe, abuela de Hache, desde la ventana de su departamento. / Foto: María Ruiz

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Es domingo 5 de abril. Las cosas están cambiando muy rápido. El mercado de zapatos y electrónicos acaba de cerrar. No dudo que en un par de días, el mercado de comida cierre también.

En la calle, en los pocos puestos, no hay medidas preventivas, sólo en un establecimiento hay gel antibacterial. Ahorita ya es un 60, un 70 por ciento de puestos cerrados.

Además de que no hay gente, no hay ruido, el barrio se siente triste, frágil. No está como el ruido habitual, de gente con su música para hacer su quehacer. Aún se escuchan las voces de los morros que salen a jugar, las conversaciones de las señoras que van al mandado, los papás que salen a trabajar.

Todo esto de que Tepito existe porque resiste nos hace pensar que si la policía no puede con Tepito, menos una enfermedad; si el gobierno no se mete menos el coronavirus se va a meter. Aquí creemos que si te toca, te va a tocar y después de sobrevivir a redadas y balaceras, una enfermedad no es algo que podamos ver, entonces “nos la pela”.

Foto: María Ruiz

La gente se dice cosas así para empoderarse, pero la verdad no hay argumentos, sólo la actitud de que siempre estamos guerreando.

El barrio está triste porque aunque traten de mostrar el espíritu de barrio, de resistencia ante un virus no hay ventas, la gente ya no viene y los puesteros se ven obligados a quebrantar sus propios argumentos y quedarse en casa. “Me voy a meter no para cuidar mi salud sino porque no hay ventas”, esa es la lógica. Sólo salen los fayuqueros que ponen sus cosas en el piso. Parece que todos los días son martes.

Puestos cerrados cercanos al mercado de comida. / Foto: María Ruiz

Epílogo.

Es temporada de papalotes. Hoy por la tarde me asomé a la calle y en lugar de encontrar a los chavos en “los puntos” vi a algunos en las azoteas volando sus papalotes. Me dio nostalgia verlos como niños. Lejos de estarse violentando están ahí en sus azoteas, tirando de un hilo.

En el barrio acostumbran hacer competencia de papalotes. Algunos se quedaron atorados en los cables. / Foto: María Ruiz

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