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La férrea voluntad de una mujer otomí contra la epidemia

La férrea voluntad de una mujer otomí contra la epidemia

Antes que la pandemia aterrizara en México, Ofelia, mujer ñhä ñhú, vendía muñecas hechas a mano, de cabellos negros y trajes tradicionales, en la zona turística de León. Ahora, no tiene ingresos. Las medidas restrictivas amenazan su economía. Esta historia es parte de Ellas luchan, una serie periodística coordinada por OjoPúblico en cinco países de América Latina

Texto: Kennia Velázquez / PopLab

Ilustración: Ojo público/ Amapolay

LEÓN, GUANAJUATO.- La policía le ha pedido a Ofelia que retire su puesto de artesanías ubicado en una de las esquinas de la plaza principal de León. No es la primera vez que le pasa: el acoso de los oficiales ha sido permanente. Le dicen que deben irse porque hay que mantener la “buena imagen” del lugar, “sin vendedores ambulantes en los alrededores del Palacio Municipal”. Esta vez, sin embargo, las restricciones son más severas. La expansión del coronavirus amenaza ahora su única fuente de ingresos.

Ofelia vende las muñecas tradicionales del  pueblo ñäñho al que pertenece, y que es generalmente conocido como pueblo otomí. Es el quinto pueblo indígena más numeroso de México. Desde antes de la llegada de los españoles se han ubicado en los estados de Querétaro, Hidalgo, Michoacán, México y Guanajuato.

Ella sigue ofreciendo a los viandantes las muñecas de cabellos negros y trajes tradicionales hechas a mano. Pero la gente que aún transita por las calles del Centro Histórico piensa más estos días en la compra de víveres, mascarillas o alcohol en gel para desinfectarse las manos.

Ha intentado vender semillas de calabaza y dulces tradicionales en el transporte público, pero tampoco ha tenido suerte. Hace unos días, los vigilantes le quitaron su canasta con sus productos. Dieron como excusa las medidas sanitarias, aunque en realidad esta es una práctica frecuente contra los vendedores ambulantes, en su mayoría migrantes indígenas como Ofelia, que han llegado a León, escapando de la pobreza y la falta de servicios básicos en sus comunidades.

Ofelia no sabe a ciencia cierta cuántos años tiene. “Creo que tengo 51”. Ella pertenece a ese  35 % de mujeres indígenas que no saben leer ni escribir. Antes, ella y su marido vendían en el estado de Querétaro, pero tres años atrás él murió. Para no quedarse sola en el poblado de Higuerillas, vino a vivir con el menor de sus siete hijos a León. Buscaba alguno de los miles de empleos que escuchó promocionan las fábricas de General Motors, Mazda y Toyota. No consiguió ninguno.

En México hay 68 pueblos indígenas, 25 millones de personas se reconocen como parte de los pueblos originarios. Desgraciadamente, sólo 7 millones de ellos hablan su lengua materna, pues en las escuelas sólo se enseña el castellano. Muchos no intentan aprenderla, pues la consideran una desventaja ya que son discriminados por no hablar español.

Las muñecas otomíes son consideradas Patrimonio Cultural de Querétaro. En las plataformas digitales de compraventa se encuentran entre 20 y 160 dólares, pero Ofelia no puede venderlas en más de dos dólares. “Aquí no pagan más que eso”, dice lamentando que los viajeros no aprecien su trabajo. Para ella, en un buen día de venta gana 8 dólares tras una jornada de 10 horas, sin contar las más de tres horas de traslado.

Cuarentena con hambre

La emergencia sanitaria y el aislamiento obligatorio ha puesto en riesgo su economía familiar. Mientras dure la contingencia no podrá vender más en las calles. Su familia tampoco contará con los 200 dólares mensuales que su hijo ganaba en una fábrica de zapatos. La empresa cerró temporalmente y les informó que no pagará los honorarios completos. Además, le dijeron que no tendrá acceso al servicio médico, porque la compañía había ingresado a un proceso de “ahorro de costos”.

Aunque todos los mexicanos tienen derecho a recibir atención médica en los Centros de Salud, Ofelia dice que si ella y su hijo enferman tendrán que buscar un médico particular, porque en los establecimientos públicos “nunca nos quieren atender”.

La población indígena de León es minoritaria y un porcentaje importante son migrantes de varios estados de la República, que vienen a trabajar de manera temporal. El gobierno local no cuenta con programas estratégicos para los pueblos originarios. Hace nueve años que existe el Consejo Consultivo Indígena de León. En él, además de funcionarios públicos hay representantes de las comunidades nahua, otomí, purépecha, mazahua y mixteca. Lamentablemente, el Consejo aún ve a los pueblos indígenas como sujetos de asistencia social y no como comunidades con derechos, así que la mayoría de las acciones que emprenden son sólo paliativas.

Las medidas sanitarias los olvidaron

Ninguna de las medidas de mitigación impulsadas en México en el marco de la pandemia del Covid-19 hace mención a los pueblos indígenas. En León, las autoridades dijeron que darán apoyo a los comerciantes de los mercados. Pero esto deja fuera a Ofelia, pues ella trabaja en las calles. Para ver otras posibilidades de ayuda, tendría que usar internet, buscar en las páginas gubernamentales las opciones. Y sólo para descubrir que necesita estar dentro de un padrón de comerciantes, contar con cuenta en el banco, pertenecer a una organización y tener copia del acta constitutiva, entre otros requisitos. Incluso el Consejo Coordinador Empresarial de León se ha quejado de que las ayudas han sido poco difundidas, no son accesibles para todos y la burocracia es lenta para su entrega.

Alertados ante tanta incertidumbre, 15 familias otomíes que viven en la colonia Morelos han creado un grupo de WhatsApp para estar en contacto durante esta contingencia y apoyarse unos a otros.

El Centro de Desarrollo Indígena Loyola (CDIL), una organización de la sociedad civil que brinda acompañamiento y asesoría gratuita, entregó apoyo alimentario a cada una de las familias. Ofelia dice que le alcanzará para unas tres semanas, un alivio mientras encuentra alternativas para su alimentación familiar. A pesar del miedo, Ofelia dice con voz firme, “yo siempre he salido adelante, siempre salgo a hacer mi lucha y vamos salir bien de esta enfermedad, eso también le digo a mi hijo”.

La pandemia, que está cambiando al mundo y ha encerrado en sus casas a poblaciones urbanas que no cesan de lamentarse en las redes sociales, es para esta mujer un accidente más. Otra barrera que deberá pasar para seguir, como lo ha hecho toda su vida, frente al racismo, el abandono del Estado y la pobreza crónica. Y aquí sigue.

Ellas Luchan es una serie periodística coordinada por OjoPúblico en Perú, Colombia (Agenda Propia), Chile, Brasil (InfoAmazonía) y México (POPLab) para entender cómo las medidas restrictivas frente a Covid-19 afectan a las mujeres indígenas en América Latina. Pie de Página lo reproduce por cortesía de PopLab.

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