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Un intercambio estudiantil en medio del COVID-19: Una mexicana atrapada en Colombia

Un intercambio estudiantil en medio del COVID-19: Una mexicana atrapada en Colombia

El 20 de marzo inició un simulacro de cuarentena por COVID-19 en Bogotá, Colombia, se supondría que el aislamiento duraría sólo cuatro días, sin embargo, el 25 de marzo fue decretada la cuarentena oficial. Mientras de a poco se vaciaban las calles, las personas empezaron a usar cubrebocas, a tomar su distancia y a no salir a restaurantes; los negocios comenzaron a cerrar y las clases fueron canceladas.

Kiara Flores estudia en la Universidad de Guadalajara y es alumna de la carrera de Relaciones Internacionales en el Centro de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH); en su séptimo semestre tuvo la oportunidad de realizar un intercambio a la Universidad Buenaventura en la ciudad de Bogotá, Colombia. Con todos sus planes puestos en la experiencia y el aprendizaje en el extranjero, Kiara jamás imaginó que viviría una pandemia lejos de su familia, en cuarentena y en un país desconocido. Esta es la historia de cómo una estudiante de intercambio sobrevive en medio de la emergencia sanitaria mundial por COVID-19.

Por Aletse Torres Flores / @aletse1799

Ilustración portada: Claudia Calderón

Fotografías cortesía: Kiara Flores (las imágenes fueron captadas previo a la contingencia sanitaria en Colombia)

La cuarentena oficial inició el 25 de marzo, comenzó con la restricción necesarias, los negocios donde se aglomeraban personas fueron cerrados, las filas de pronto comenzaron a volverse enormes entre tantas personas acomodadas según la sana distancia. El gobierno, incluso, anunció una regla para las salidas de los ciudadanos, donde los días pares tendrían permitido salir únicamente las mujeres y los días nones, los hombres. En caso de no acatar la orden, aseguraba el gobierno, las personas no serían atendidas. También se comenzaron a aplicar multas de 1’000’000 de pesos colombianos (equivalente a 6,000 pesos mexicanos) a quienes no acataran las medidas de confinamiento. Kiara, relata cómo ha vivido estas restricciones:          

 

 “Prácticamente es ir a tu destino y directo a tu casa, no puedes entretenerte, compras y sales, y en caso de que te vea la policía te preguntan qué es lo que haces afuera, no puedes salir a bobear”.

 

Pero esto no es todo, ni lo más difícil. En un momento del aislamiento, la estudiante sintió un dolor muy fuerte de garganta y solicitó un doctor por parte de su seguro médico, le preguntaron si sufría síntomas de coronavirus porque de ser así no podría atenderla por la seguridad del personal; afortunadamente sólo padecía poca irritación y su alivio fue rápido.

Además del estrés que siente por estar en otro país, la soledad que vive y el riesgo de contagiarse, señala que el semestre ha sido pesado por la carga de trabajos. Sus clases presenciales de intercambio se modificaron complemente y como todas las y los estudiantes del mundo, se volvieron al formato virtual. Desde el simulacro de cuarentena comenzaron sus clases en línea y seguirán así aunque llegue a levantarse la cuarentena. Por ahora, relata Kiara, gracias a que la facultad les ha proporcionado a todos sus estudiantes atención psicológica, ella puede compartir con otros compañeros y compañeras que están en su misma situación, cómo se siente y cómo sobrellevan la cuarenta:

            “La escuela se ha encargado de alivianarnos la carga, tengo terapia en grupo con los de intercambio, hablamos de lo que nos pasa y tengo otra individual dos veces por semana, me recomiendan hacer ejercicios como yoga o actividades para la ansiedad”

Al vivir en una casa con 16 personas, la tensión por el confinamiento se ha apoderado de algunos, sin embargo, entre los días buenos y malos, la mayor parte del tiempo, señala Kiara, conviven en un ambiente de compañerismo y tranquilidad. En la última semana les llevaron una televisión, también se turnan para salir solamente dos veces a comprar lo necesario y hacen actividades entre todos para mantenerse ocupados.

La cuarentena se ha extendido ya tres veces, la última fecha que anunciaron fue la del 11 de mayo, pero no se sabe con seguridad si esto concluirá ese día. Aunque quisiera volver, es imposible, para Kiara regresar a su casa es un sueño más, las fronteras han sido cerradas y, así como nadie entra, nadie sale. No culpa a la Universidad de Guadalajara por dejarla allí, sabe de antemano que cuando decidió hacer el intercambio, firmó una carta responsiva donde aceptaba las consecuencias de lo que podría llegar a sucederle. Sin embargo, Kiara afirma que sigue teniendo miedo:

“No te voy a mentir, trato de no pensar mucho en lo que pasará conmigo para no volverme loca”.

Lo único que le mantiene fuerte es la esperanza de volver a casa cuando la pandemia termine.

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