Leonel Orozco Ortiz y Bárbara Robles Hernández desaparecieron con 11 años de diferencia, un día 3 de julio en Michoacán

2 julio, 2020

Desde la experiencia, sus seres queridos, quienes integran el colectivo Familiares Caminando por Justicia en la misma entidad, reconocen que lo sucedido a sus amores desaparecidos y a casi mil 400 personas -de acuerdo con las cifras oficiales-, “se trata de una práctica estatal, sistemática y por supuesto, una grave violación a sus derechos humanos, “que se esconde en el brazo sucio del crimen organizado”, como una manera de evadir las responsabilidades que tiene el Estado mexicano.

Así pasó con Leonel Orozco Ortiz y Barbara Robles Hernández, quienes desaparecieron con 11 años de diferencia un 3 de julio en Michoacán en 2008 y 2019, respectivamente.

De acuerdo con el Informe sobre fosas clandestinas y el Registro Nacional de personas desaparecidas o no localizadas del Gobierno Federal, en Michoacán, mil 395 personas han sido víctimas de una desaparición desde los años 60 hasta la actualidad; mientras que, en el último año 2019, 23 personas no han conseguido regresar a casa dentro del estado.

Leonel y Bárbara fueron desaparecidos con más de una década de diferencia y en el marco de dos momentos distintos dentro de la historia violenta del país. Leonel, en la coyuntura de El Operativo Conjunto Michoacán, considerada la primera fase de la Guerra contra el Narcotráfico del expresidente Felipe Calderón; y Bárbara, durante el periodo de la Cuarta Transformación del presidente Andrés Manuel López Obrador y en medio de una estructura normativa e institucional que “supone” avances para la búsqueda, investigación, localización de las personas desaparecidas y la erradicación de este delito.

Sin embargo, advierten sus familias, aunque las desapariciones de sus seres queridos se hayan perpetrado en dos periodos diferentes, la realidad del país sigue siendo la misma, incluso, más grave, pues lo que no se ha modificado a través del tiempo, es el sistema de impunidad legitimado en las instituciones encargadas de ofrecer justicia y la nula voluntad política que impide el ejercicio de las garantías de no repetición y sanción a los perpetradores.

Por Dalia Souza / @DaliaSouzal

 “Familia Orozco Medina”, registro fotográfico 2016. Foto: Fabiola Rayas.

En los años 60s, 70s y 80s hablábamos de desapariciones por motivos políticos, con características muy claras, desertores, opositores políticos, la misma guerrilla que se gestó en ese entonces como una manera de responder al mismo Estado… Después viene la Guerra contra el narcotráfico y nuevamente las desapariciones se hacen presentes, pero con técnicas más perfeccionadas, cambian los modos, pero la desaparición sigue siendo la misma. Incluso se trata de difuminar que ya no se trata de o no va dirigida a los opositores, pero más bien se esconde de manera generalizada a toda la población, asegura Laura Orozco, hija y hermana buscadora incansable de su padre Leonel Orozco Ortiz y de sus hermanos.

Con más de una década en la lucha por ver volver a su padre desaparecido el 3 de julio de 2008 y a dos de sus hermanos, Moisés Orozco Medina y Leonel Orozco Medina, los tres desaparecidos forzadamente; Laura es, además, cofundadora del colectivo Familiares Caminando por Justicia en el estado de Michoacán, junto con su madre y decenas de familias que resisten en la exigencia de verdad, justicia y memoria.

Faltaban tres días para que su padre, el señor Leonel, acudiera ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) a presentar las pruebas que reconocían la inocencia de su hijo, José Iván Orozco Medina y, a través de las cuales, se evidenciaban las violaciones a derechos humanos que habían cometido elementos del Ejército Mexicano al incriminarle y detenerlo arbitrariamente.

Tres días antes se lo llevaron narra Laura, como una medida represiva por alzar la voz, por querer comprobar lo que no convenía al Estado Mexicano en este momento.

Era 2007, explica, cuando el Ejército detuvo a su hermano Iván, recién había arrancado el Operativo Conjunto Michoacán y la Guerra contra el Narcotráfico de Felipe Calderón, por lo que, las fuerzas armadas y el presidente, necesitaban legitimar su combate contra el crimen organizado y tenían que entregar “resultados”:

A partir de 2007 que se da lo que es el operativo conjunto Michoacán en el marco de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, se da consigo tortura, detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas. En ese marco en 2007 detienen de manera ilegal y arbitraria a mi hermano José Iván Orozco Medina y mi papá se encontraba dando la batalla, la lucha porque se reconociera la inocencia de mi hermano a través de la arbitrariedad con la que estaban actuando los militares.

 Entonces, mi papá desaparece como una medida represiva por alzar la voz, por querer comprobar lo que no convenía, si se comprobaba que el Ejército estaba utilizando los famosos falsos positivos, caía el impulso de dicha lucha porque estaban encarcelando a personas inocentes para presentar de alguna manera resultados o justificación de esta guerra.

Tras la desaparición forzada de su padre, el señor Leonel y la detención arbitraria de su hermano José Iván, “comienza a darse toda una persecución y hostigamiento” en manos del Ejército Mexicano, “en contra de los que quedamos” expresa Laura. “Tan es así” añade, que en 2009 es desaparecido forzadamente su hermano menor de 17 años y en 2012, su hermano Moisés Orozco Mediana.

Es así, reflexiona Laura, que esta vida que antes estaba llena de proyectos y planes conjuntos como familia, se volcó bajo la convicción y la lucha de hacer volver a sus amores desaparecidos y con ello, trabajar en la exigencia para que esto no se repita una vez más. No sólo por ellas y por los suyos, sino por todas y todos, expresa:

“Obviamente nos cambia totalmente la vida, todos los proyectos soñados o pensados. Ahí inicio esa convicción de luchar a pesar de toda la tragedia y de todo lo que ha ocurrido, ahí empezó, esta tarea, no sólo para nosotros, sino para todos para que esto no vuelva a ocurrir.

Para que el Estado y los perpetradores sean juzgados.

Esta lucha se ha convertido en un modo de vida nuestro, desde la exigencia, desde el repudio de esos actos por los que nosotros ya pasamos y no queremos que vuelva a repetirse con nadie más”.

“María Elena”, registro fotográfico 2016. Foto: Fabiola Rayas

SIN GARANTÍAS DE NO REPETICIÓN

Resistiendo a la adversidad que de por sí supone vivir en la espera de tres seres queridos ausentes físicamente, Laura y su familia, sufrieron nuevamente la pérdida de su hermano José Iván, quien fue absuelto de los delitos que le imputaban injustamente y durante seis años permaneció al frente de la búsqueda de sus dos hermanos y su padre. Sin embargo, José Iván sufrió un atentado en 2018 y tras las secuelas neurológicas que le dejó este intento de asesinato, falleció en 2019.

Si bien, el Estado pensó que esto supondría el término de la lucha, manifiesta Laura, que podrían infringirles miedo, las mujeres que integran esta familia han demostrado que la resistencia sigue y que no se cansarán de evidenciar la violencia, de denunciar las omisiones, de exigir justicia para las víctimas y sanción para los responsables:

Las mujeres, obviamente tenemos miedo porque sabemos que, si ya pasó una vez, dos veces, tres veces, cuatro veces, cinco veces, sabemos que puede volver a pasar, pero por eso justo seguimos en esta resistencia y de visibilizar que pasa en México y pasa siempre. Y no vamos a descansar hasta Juzgar al Estado Mexicano.

“Leonel Orozco Ortiz”, Fabiola Rayas . 2020

EL SEÑOR LEONEL

El señor Leonel es campesino y se dedicaba a la producción del aguacate Jazz en la comunidad de Nuevo Zirosto en Uruapan Michoacán. Laura lo recuerda como un hombre amoroso, responsable, muy inteligente y con el más grande deseo de vivir y de disfrutar la vida alegremente.

Con el ejemplo, su padre le enseñó a ella y a sus hermanos a jamás rendirse frente a ningún problema, pues les decía que toda situación adversa no podía ser más grande que ellos mismos. Y es que, veinte años antes de su desaparición, un accidente automovilístico le dejó parapléjico, pero ni siquiera eso significó un obstáculo para él:

“Mi papá es como el hombre con el mayor ánimo que yo conozco en la vida, creo que eso es lo que nos ha hecho seguir. Siempre nos impulsó a nunca rendirnos, a que ningún problema era más grande que nosotros, nosotros teníamos que tener siempre mucho coraje para luchar y enfrentarnos a cualquier problema, creo que eso nos ha dado el coraje para seguir”.

Siempre les habló de las realidades allá afuera, de lo bueno y de lo malo. Les enseño a trabajar duro por lo que querían y a hacerlo “bien”, expresa Laura, aunque no dudaba en decirles que si “no seguían su camino” no contarían con él; por eso advierte que, cuando su hermano fue apresado, él luchó “hasta las últimas consecuencias” por demostrar su inocencia:

“Él siempre decía que debíamos trabajar para lo que queríamos y tenerlo bien, y si en algún momento no seguíamos su camino no contáramos más con él. Por eso cuando mi hermano fue apresado, obviamente él sabía que mi hermano era inocente, por eso luchaba si no, lo hubiera dejado.

A pesar de que fue amenazado por el Ejército previamente había tenido careos, porque el Ejército llegó a mi casa a llevarse a mi hermano, ellos aseguraban que lo habían detenido en un retén carretero. Cuando solicitó los careos fue amenazado por los elementos militares que fueron y a pesar de eso dijo que iba a llegar a las últimas consecuencias y desgraciadamente las últimas consecuencias fueron su desaparición.

Yo sé que en donde no se arrepiente”.

Laura está segura de que su padre, donde quiera que esté, no se arrepiente de luchar hasta las últimas consecuencias.

SIN RESPUESTAS: IMPUNIDAD, OMISIÓN Y PARTICIPACIÓN

A doce años de la desaparición del señor Leonel y tras la suma de violaciones a derechos humanos perpetradas en contra de Laura y su familia, esta defensora manifiesta que siguen siendo objeto de amenazas, acoso y hostigamiento sin que existan acciones contundentes de parte del Gobierno Mexicano a través del Mecanismo de Protección a Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas; a esto se suma, la evidente omisión, falta de investigación, dilación, obstrucción y obstaculización en los procesos de búsqueda de sus seres queridos y de justicia:

“Tristemente seguimos siendo objeto de amenazas, de acoso, de hostigamiento, no es algo del pasado, y seguimos estando en un eminente riesgo gracias a la falta de medidas de protección el Estado Mexicano, pues si bien sólo tenemos unas, otras no se han cumplimentado. Nuestro nivel de riesgo es alto y el Estado sigue siendo omiso y así como se han materializado en contra de todos los miembros de mi familia, en contrada de nosotros”.

Mientras el Mecanismo continúa desestimando el riesgo que esta familia vive cotidianamente, haciendo el trabajo que el Estado por mandato constitucional debe llevar a cabo para ver volver a sus amores desaparecidos y garantizarles seguridad, han sido obligados a recurrir al Sistema Interamericano, buscando medidas cautelares que sí reconozcan la gravedad del peligro que enfrentan:

“El mecanismo desestima el riesgo, el año pasado que estuvimos en el Mecanismos, mencionamos el riesgo que existía por el asesinato de mi hermano y parece que lo que esperan es que nos asesinen a todos. Hay una relación entre omisión y participación. En estos momentos somos peticionarios de medidas cautelares ante la Comisión Interamericana por la gravedad de nuestra organización familiar y organizativa por esa omisión, tenemos que pugnar por los mecanismos internacionales porque en México no vamos a obtener nada”.

Laura explica que en el periodo en el que fueron desaparecidos forzadamente su padre y sus hermanos, no existían instituciones, dependencias, mecanismos o un cuerpo normativo que garantizara la protección de las personas ante el delito de las desapariciones y las desapariciones forzadas. Situaciones que señala, “no sólo generaban un ambiente propicio para que se cometieran estos delitos, sino, además, para que se quedaran sin sanción”.

No obstante, considera que, si bien, en la actualidad existe todo un Sistema Nacional de Búsqueda de Personas, el delito se sigue perpetrando porque lo que no tiene el Estado Mexicano y sus autoridades es: voluntad política.

“Antes no teníamos ni instituciones ni un cuerpo normativo de protección a las personas contra las desapariciones forzadas, no sólo eso generaba un ambiente propicio para que se generaran estas desapariciones forzadas. Ahora, afortunadamente tenemos ese cuerpo normativo, las instituciones se encargan, pero seguimos sin tener voluntad política de parte de las autoridades. Y esa falta de voluntad política de parte de las autoridades tiene que ver con ese encubrimiento a estos perpetradores de la desaparición, mientras sigamos teniendo un sistema de impunidad, las reglas de permisión se van a seguir replicando.

La situación sigue siendo la misma, incluso, podría decir yo, más grave, porque antes teníamos desapariciones por motivos políticos y selectivas, ahora tenemos generalizadas y por motivos políticos que también se siguen dando”

“Bárbara Robles Hernández” AGB.

La familia de Bárbara Robles Hernández tambiénpuede confirmarlo.

“A la vuelta de un año no tenemos ni una noticia, ni un rastro, ningún dato, no tenemos respuesta alguna de ninguna de las autoridades, nos dicen que buscaron y buscaron pero que no hay una línea de investigación o que se han agotado y que no encuentran absolutamente nada. Estuvieron muy al pendiente los primeros días, las primeras semanas, los primeros meses, ahora ya hasta nos dicen que no es necesario que vayamos, que en cuanto ellos tengan algo nos lo harán saber” afirma la sobrina de Bárbara, Norma, quien, aunque reconoce que este título es de sangre, ella la considera su hermana de vida.

Esa mañana del 3 de julio de 2019, era miércoles, así que su hijo Iván, su nuera Lupita y su pequeña nieta le estaban esperando para desayunar como siempre lo hacía después de su grupo de oración, sin embargo, Bárbara no llegó:

Yo tengo muy presente ese recuerdo porque los miércoles ella asistía a un grupo de oración, es una fiel seguidora de la iglesia y asistía a un grupo de oración que queda muy cerca de mi casa; entonces, después de su grupo de oración pasaba a desayunar para convivir con la niña y ella, precisamente, desaparece un miércoles. Se nos hizo raro que no llegara a desayunar, pero junto con mi esposo pensamos que quizá tuvo otras actividades” recuerda Lupita, su nuera.

Creyeron que tal vez se había demorado u ocupado en cualquier otra actividad, pero no fue así. Llegado el medio día, confirmaron que tampoco llegó a su trabajo, ni a su clase de natación, ni al grupo de oración. Lo último que se sabe de Bárbara es que salió de su casa a bordo de su camioneta muy temprano por la mañana como lo acostumbraba, rumbo al Deportivo Bicentenario en la ciudad de Morelia, Michoacán, lugar en el que residía:

La reconstrucción del caso apunta a que su desaparición sucedió en el trascurso de la casa de ella al Deportivo Bicentenario, porque ella practicaba natación todos los días a las seis de la mañana.

Como ella tenía su vida muy independiente y tenía su rutina bien marcada, el deportivo, la iglesia y hasta después llegaba a desayunar; es en ese momento cuando no llega ni a desayunar con nosotros, ni a su trabajo, porque a su trabajo llega a la 1:00 de la tarde, es ahí que nos dan la notificación de que no llega a su trabajo y comenzamos a atar los cabos, de que no llegó al deportivo, a su grupo de oración, ni a nosotros a desayunar, ni al trabajo. No se tuvo comunicación con nadie, de aquí la incertidumbre porque no sabemos por qué se la llevaron.

La camioneta contaba con un dispositivo de localización satelital. Ni siquiera que esa nos diera detalles de dónde está ella”, explica Lupita.

LA SEÑORA BÁRBARA 

Bárbara es la hija menor de una familia de ocho hermanos y es originaria de Michoacán, aunque hace cerca de 35 años se casó y se fue a vivir por un tiempo al estado de Sinaloa. Ahí permaneció unos cuantos años, pero después, se divorció y regresó para rehacer su vida como soltera junto a sus dos hijos, Iván y Andrés.

De profesión es doctora y trabaja en una clínica de mama en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) de su ciudad, quienes la conocen saben del compromiso y la entrega que tiene con cada uno de sus pacientes, y del servicio que ofrece a toda la comunidad a través del dispensario médico que atiende como parte de la iglesia a la que pertenece, así como, del amor incondicional y del tiempo que le dedica a su familia y en especial, a sus tres amados nietos.

Por este gran amor, la familia de Bárbara sabe que ella no pudo irse, no pudo desaparecer por voluntad propia como afirmaban algunas voces durante los primeros días de incertidumbre. No, ella no pudo hacerlo, porque, ¿quién se va y deja listo el regalo del primer cumpleaños de su nieta? Se pregunta Lupita, su nuera, quien, como Norma, reconoce que su suegra Bárbara, es una de las personas más importantes de su vida:

“Mi suegra la desaparecen un 3 de julio y mi bebé cumplía su primer año el 9 de julio, fue un suceso que nos marcó por el hecho mismo de la desaparición. Se suspendió la reunión del festejo de ella por los trabajos de búsqueda, porque la gente hace teorías para intentar resolverlo: nos decía quizá ella decidió irse, se fue para buscar un nuevo inicio y nosotros decíamos, una persona que va a decidir irse no deja el regalo preparado para su nieta.

Porque ella ya tenía el regalo para el primer cumpleaños de mi niña, entonces es un regalo que sinceramente sigue guardado porque cuando nos hicieron saber que ahí estaba el regalo de mi suegra la respuesta de ambos fue: que se lo dé su abuela. Nosotros seguimos a la espera de que su abuela regrese y sea ella quien le pueda dar su regalo de cumpleaños”.

Poco o nada ha hecho la autoridad, sin embargo, a diferencia de la familia de Laura, en el caso de Bárbara, por lo menos, las autoridades acompañaron a sus familiares en la búsqueda y rastreo de su paradero. Brechas, caminos, las inmediaciones del centro deportivo en el que fue desaparecida, todo paraje, toda salida de la ciudad, carretera y hasta alcantarilla, comparte Norma, pero hasta hoy sin respuestas:

“La búsqueda no me puedo quejar, los primeros días no me puedo quejar, porque salimos, salimos como familia con las autoridades a hacer operativos de búsqueda, buscando por la salida a México, la salida a Pátzcuaro, a Salamanca, acá en Morelia en la zona del Deportivo en donde desapareció convocamos a familiares, a amigos, a la fiscalía, fuimos a buscarlos. Los primeros días son puedo decir que no se buscó, sí la buscamos, rastreando alcantarillas, buscando en el río, en casas abandonadas, en brechas, y sí buscaron, dos semanas y después de ahí tenemos de respuesta que se agotaron las líneas de investigación.

Ellos suponen que podemos regresar a casa y seguir nuestra vida normal, no sabemos dónde está Bárbara y qué va a pasar con nosotros y hasta cuándo vamos a estar así. Donde no estamos completos”

No hay muchas respuestas, no hay líneas de investigación o “hilos” como le nombran los Ministerios Públicos, todos, la autoridad los ha descartado, afirma Andrés, su hijo, quien tras la pérdida también de su hermano Iván, ha tenido que encargarse de la búsqueda oficial de su madre. No saben si fue su profesión, el vehículo en el que viajaba o “simplemente” como suele decirse, estaba en el sitio equivocado:

“La Fiscalía de Personas Desaparecidas es la que nos ha estado brindando ayuda desde un principio, ellos fueron los que difundieron la alerta alba y nos dieron la ficha para difundirla, de ahí en fuera no hemos recibido ayuda, sólo psicológica. Por nuestra parte comenzamos a pegar lonas en todas las salidas de la ciudad, para que hubiera mayor difusión y que se supiera que mi mamá estaba desaparecida.

Realmente, si supiéramos que realmente se trabajó, se hizo algo, porque toda la investigación se hizo en torno a la camioneta, pero en realidad nada. No supimos si realmente se trabajó en una línea de investigación. No se sabe, ni se sospecha nada, como familiares podríamos especular pero no existe un por qué”.

Fueron ellos su familia, Iván su hijo mayor, su nuera Lupita, quienes, pese al miedo, rodearon la ciudad de Morelia y sus alrededores con el rostro de su tan amada Bárbara, para pedir respuestas sobre su paradero, para encontrarla, para mantener viva la esperanza, aunque a veces les ha resultado casi imposible, señala Norma, su sobrina:

“Nosotros como familia hicimos muchas lonas, Iván el hijo mayor de Bárbara, consiguió con Lupita el permiso de pegar lonas en todos los puentes peatonales de Morelia, la salida a Pátzcuaro hubo mucha familia y ellos pegaron la alerta Alba de Bárbara en muchos estados del país, las redes sociales nos han servido para su búsqueda. En los centros de trabajo, sí hemos tenido mucha gente que nos dice que no desistamos que si no tenemos malas noticias tenemos una esperanza.

Hay días que uno amanece con una esperanza muy firme y hay otros donde uno pierde ese punto de luz”.

“No se expongan”, les han dicho e, incluso, les han cuestionado sobre por qué se “aventuran” a hacerlo solos y ¿qué pasaría si los malos la tienen? La realidad, confirma Norma, es que no pueden quedarse con los brazos cruzados, para ellas y ellos no ha habido “opción”, porque frente a la violencia y el miedo, también se han topado con la falta de empatía de la sociedad, de las autoridades, con las que tienen que luchar todos los días para verla volver:

“Hemos encontrado el miedo de las personas a no involucrarse, no sé si sea falta de empatía y no conocen el dolor de una familia que se queda destrozada. La falta de empatía de las autoridades, de la gente que no quiere involucrarse. Nosotros no hemos tenido otra opción, no podemos decir no puedo involucrarme. Nosotros hemos expuesto de más”.

La inseguridad ya había tocado la vida y la tranquilidad de la familia de Bárbara. Como una especie de diario cotidiano, expresan Norma y Lupita, han aprendido a sobrevivir con la incertidumbre y el miedo de salir y no regresar o, incluso, de regresar y no saber qué esperar tras poner un pie en casa; no obstante, todo parece mínimo desde que Bárbara fue desaparecida:

“En esta ola de violencia, en esta ola de inseguridades, hemos sido víctimas en muchos aspectos de la inseguridad y la más grande es esta, su desaparición y no tener respuestas.

Exigimos mucho de las autoridades, que volteen a ver, están secuestrando personas, las están desapareciendo, las están robando, está surgiendo una gran inseguridad en todo el estado. Esto sigue igual no cambia absolutamente nada, regresas a la casa y no sabes qué vas a encontrar, sales a trabajar no sabes si vas a regresar, no sabes si se les va a antojar desaparecerte porque estás buscando, porque sigues buscándola. Hay un medio latente todos los días que sales a trabajar, estás lleno de miedo, inseguridades, de frustración, pero también nos levanta la esperanza de encontrarla” 

Como señalaba Laura, poco ha importado que ahora existan estructuras gubernamentales, todo un sistema nacional para combatir las desapariciones y buscar a las y los desaparecidos, si se continúa actuando sin voluntad de encontrarles, afirma Lupita:

“No me parece viable que la autoridad siendo la encargada de velar por la seguridad de sus ciudadanos, a un año de que se desapareció a una mujer, a una profesionista, a una doctora no sepan absolutamente nada de ella. Que nos digan si el asunto es por su profesión, por su camioneta o porque simplemente pasó por un lugar que no era el correcto. Creo que es una omisión bastante grande después de un año”.

Como Laura y su familia han exigido el regreso de su padre y hermanos desde hace 12 años, como Lupita, Norma y Andrés lo han hecho durante los últimos 12 meses por Bárbara, su lucha a través del tiempo se unifica en una demanda común vigente de solidaridad y empatía que reclama garantías de no repetición. Pues afirma Laura, de la misma forma en la que las Doñas lo hicieron durante los años 60s,70s y 80s en el marco de la Guerra Sucia en México, las familias de las y los desaparecidos de la Guerra contra el narcotráfico, se mantienen en la esperanza y encaminan sus esfuerzos para que sus seres queridos desaparecidos no sean hoy los nuestros:

Por eso seguimos a pesar del riesgo, de saber que en algún momento en esto se nos va la vida.

Tenemos una corresponsabilidad, nosotros no sabíamos que esto existía, pero ahora que nos pasó tuvimos que comprender el fenómeno, ese llamado a no esperar a que nos pase y si no estamos organizados como sociedad esto va a seguir por décadas. En los años 60s, 70s, 80s, las Doñas lucharon para que sus desaparecidos no fueran nuestros desaparecidos y desgraciadamente nada pasó porque no hubo una unidad, está tan justificada la violencia. Mientras no logremos solidarizarnos esto no lograremos que nadie nunca más pase por esto que estamos viviendo.

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Este reportaje también puedes escucharlo en su versión podcast:

Si tienen algún ser querido que haya desaparecido en Michoacán, aquí el perfil de Familiares Caminando Por Justicia:

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Dalia Souza

Periodista apasionada de la radio, comprometida con quienes resisten en la exigencia de verdad, memoria y justicia. Creo que el periodismo es una herramienta para construir paz y cambio social.

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