LEJOS DE ALCANZAR EL OBJETIVO DE HAMBRE CERO EN EL MUNDO: EN 2030 EL NÚMERO DE PERSONAS SUBALIMENTADAS SUPERARÁ LOS 840 MILLONES

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, el Programa Mundial de Alimentos, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola y la Organización Mundial de la Salud emitieron el Informe sobre La seguridad alimentaria y la nutrición del mundo, en el que comparan y analizan los datos estadísticos sobre el hambre en el mundo, en contraste con el acceso a dietas asequibles y saludables.

En éste expusieron las externalidades que hacen más vulnerable a ciertas regiones geográficas, como lo son: África, Asia, América Latina y el Caribe, en comparación con América septentrional y Europa, así como sus repercusiones ambientales y sociales, respecto a las políticas alimentarias que se deben tomar en consecuencia, con miras hacia el 2030.

Han considerado que la actual crisis sanitaria que enfrenta el mundo tendrá repercusiones en el tema de la seguridad alimentaria y la nutrición.

Por Samantha Anaya / @Sam_An16

Ilustración de portada: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)

La humanidad no está en camino de cumplir con los objetivos del hambre cero para 2030, según lo establecieron los Objetivos de Desarrollo Sostenible, donde se han contemplado como elementos decisivos para las naciones: el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo.

Si es que se continúa de esta forma, el número de personas que padecen niveles moderados o graves de inseguridad alimentaria superará los 840 millones para 2030, es decir, el 9.8% de la población mundial.

Desde 2014, el número de personas afectadas por el hambre a nivel mundial ha mostrado una tendencia al alza. Hoy en día, hay más de 60 millones de personas subalimentadas que las registradas en 2014, cuando la media era de 8.6%, lo que se traduce en un aumento de cerca de 10 millones de personas padeciendo hambre en el periodo que va de 2018 a 2019.

Tan sólo, el año pasado casi 750 millones de personas –o, en otras palabras, una de cada 10 personas en el mundo-, se vieron inmersas en niveles graves de inseguridad alimentaria. Al tomar en cuenta la cifra total de personas afectadas por este problema, se estima que en 2019 cerca de 2 mil millones de personas no contaban con un acceso regular a alimentos que les garantizaran tener una vida saludable. En cuanto a la inseguridad alimentaria moderada, la cifra se sitúo en 25.9% en este mismo año.

COVID-19 Y SUBALIMENTACIÓN: LOS RETOS EN LA ALIMENTACIÓN EN SITUACIONES DE CRISIS

La pandemia de COVID-19 se ha propagado rápidamente por todo el mundo y entre una de sus múltiples consecuencias está su grave amenaza para la seguridad alimentaria de millones de personas en el mundo.

Una evaluación preliminar muestra que la pandemia del COVID-19 es capaz de sumar entre 83 y 132 millones de personas subalimentadas en el mundo en este 2020; si bien, se estimaba que para el 2021 se reduciría esta cifra, la crisis sanitaria mantendrá la tendencia al alta. No obstante, aun con estos datos, señala el informe de la FAO, no es sencillo determinar el alcance exacto de la devastación que causará el COVID-19.

EXTERNALIDADES

El aumento de la inseguridad alimentaria puede relacionarse con el creciente número de conflictos; sin embargo, incluso en contextos relativamente pacíficos, las dietas asequibles no logran ser una realidad, pues la desaceleración económica significa un desafío respecto al acceso a alimentos para la población más pobre.

Por otro lado, precisa el informe, los países de ingresos bajos dependen más de los alimentos básicos y menos de las frutas, hortalizas y los alimentos de origen animal que los países de ingresos altos.

UN GRAN DESAFÍO: TRANSFORMACIÓN DEL SISTEMA ALIMENTARIO PARA DIETAS ASEQUIBLES

Los datos del último informe de la FAO muestran que el acceso a una dieta saludable es inaccesible para muchas personas en todas las regiones del mundo, en especial para la población que enfrenta dificultades económicas.

El costo económico y la asequibilidad de los alimentos están relacionados, pues el primero se refiere a lo que las personas han de pagar por dicho alimento, y el segundo al costo de la dieta en relación con los ingresos de las consumidoras y los consumidores. Por lo que, es imperante tomarlos como un mismo factor que determina la inseguridad alimentaria.

El costo económico de una dieta incrementa conforme a su calidad, factor que es igual para todas las regiones del mundo. Los grupos de alimentos con un mayor costo son los más nutritivos, como lo son: los lácteos, las frutas, las hortalizas y todos los productos de origen animal.

La FAO considera que es necesario actuar con cuidado para reducir las consecuencias negativas en los ingresos y la calidad de vida de la población, para que a medida que se transforman los sistemas alimentarios se proporcionen dietas saludables asequibles.

LOS ELEMENTOS QUE DETERMINAN EL COSTO DE LOS ALIMENTOS NUTRITIVOS

Los factores que condicionan el costo de los alimentos nutritivos están dentro de los sistemas alimentarios, como lo son: las cadenas de suministros de alimentos, la diversificación insuficiente en la producción de alimentos nutritivos, el almacenamiento inadecuado, la infraestructura vial insuficiente, la acelerada urbanización (lo cual ocasiona que las personas consuman comida altamente procesada o alimentos que son, en la mayoría de los casos, hipercalóricos), los entornos alimentaros, la demanda de las consumidoras y los consumidores y la economía política de los alimentos (es decir, medidas comerciales proteccionistas y los programas que conceden insumos a un número limitado de individuos).

Algunos otros factores que determinan los costos de la productividad de la alimentación variada y nutritiva son:

  • Los bajos niveles de tecnología, la falta de innovación e inversión en la producción de alimentos.
  • Gestión de riesgos en la producción alimentaria y agrícola.
  • La estacionalidad y factores climáticos.

GEOGRAFÍA Y SEGURIDAD ALIMENTARIA: CONTRASTE ENTRE REGIONES

En todas las regiones del mundo, excepto en América septentrional y Europa, la prevalencia de la inseguridad alimentaria grave se ha incrementado entre 2014 y 2019. Hasta 2017, en los países de ingresos bajos, los cereales, las raíces, los tubérculos y los plátanos representaban casi el 60% de su alimentación; dicho porcentaje disminuye conforme aumentan los ingresos de los países, representando hasta una reducción del 22% en aquellos con ingresos económicos más altos.

La cantidad de alimentos de origen animal que se consumen también se ve condicionada en función del nivel de ingresos de cada país. Es mayor en aquellos con ingresos altos (29%); en cuanto a los países con ingresos medianos y medios bajos equivalen a un 20%; y para para los que cuentan con un ingreso bajo, esta cifra representa un 11%.

Los últimos datos presentados en el informe sobre la nutrición en el mundo, muestran que el 9.7% de población mundial (es decir, menos de 750 millones de personas) se vieron afectadas por niveles graves de inseguridad alimentaria el año pasado.

La manera en cómo las personas con inseguridad alimentaria modifican sus dietas atiende al nivel de ingresos del país.

En México, por ejemplo, se muestra una disminución en el consumo de frutas y productos lácteos a medida que el nivel de inseguridad alimentaria se vuelve más grave. La población mexicana que padece de seguridad alimentaria moderada consume una mayor cantidad de alimentos carentes de aportes nutricionales, y que contiene una gran cantidad de calorías (cereales, raíces, tubérculos y plátanos); por otro lado, consume un menor número de alimentos costosos (carne y productos lácteos).

ÁFRICA

Entre 2014 y 2019, se estima que la prevalencia de la subalimentación aumentó de 17.6% a 19.7%, es decir, más de 250 millones de personas son subalimentadas. Esta prevalencia duplica con creces la media mundial (8,9%) y es la más elevada de todas las regiones.

De acuerdo con los Objetivos de Desarrollo Sustentable, África se aleja notablemente del camino para logra el objetivo del hambre cero en 2030.Si la tendencia se mantiene como hasta el momento, en los próximos 10 años será la región con el número más elevado de personas subalimentadas, la cual representará el 51.5% del total.

ASIA

Asia alberga a más de la mitad de las personas que padecen de seguridad alimentaria a nivel mundial, lo que equivale a 381 millones de personas hasta 2019. Sin embargo, la prevalencia de la subalimentación en la región muestra un 8.3%, un valor inferior a la media mundial (8.9%), así como una reducción en el número de personas que padecen hambre, lo que representa una disminución de 8 millones desde 2015.

AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Hasta 2019, en esta región del mundo la subalimentación era del 7.4%, valor que se encuentra por debajo de la prevalencia mundial del 8.9%, lo que se traduce en cerca de 48 millones de personas padeciendo inseguridad alimentaria. En esta parte del mundo, se ha dado un aumento en la cantidad de personas subalimentadas, lo que significa un aumento de 9 millones entre 2015 y 2019.

Los países que enfrentan crisis alimentaria se ven expuestos a un mayor número de complicaciones al momento de acceder a dietas saludables, en especial si el contexto es de agitación y si existen otros conflictos externos que agudicen la crisis alimentaria. En estos contextos, la mayoría de la población (86%) no puede permitirse una dieta saludable.

De acuerdo con el lugar, la presencia de la diversidad alimentaria varia (medio urbano o rural), así como la situación económica de éste. El número de niñas y niños que viven en un entorno urbano y que tienen acceso a, por lo menos, cinco de los ocho grupos de alimentos es de 1.7 veces más alta que en el caso las niñas y los niños que viven en un entorno rural.

Para generar hábitos alimenticios que vayan acorde con la sostenibilidad, es necesario realizar cambios significativos en los sistemas alimentarios en todos los niveles. Por ello, es fundamental considerar la diversidad de sistemas alimentarios y las notables diferencias en el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición entre países y dentro de ellos; es importante señalar que, no existe una solución universal, ahí el reto. A su vez, el cambio en dichos sistemas debe sentar las bases para fomentar en las personas el ánimo de aprender sobre la nutrición.

PARIDAD DEL PODER ADQUISITIVO (PPA) A NIVEL MUNDIAL

Una dieta saludable tiene un costo económico mucho mayor que el ingreso internacional de la población más pobre, es decir, el valor total del umbral internacional de la pobreza es de 1.90 USD PPA al día (42.84 pesos mexicanos).

Se estima que más de 3 mil millones de personas en el mundo no podían tener una dieta saludable hasta 2017. La mayoría de ellas viven en Asia (1 mil 900 millones) y África (965 millones), aunque muchas viven en América Latina y el Caribe (104,2 millones), y en América septentrional y Europa (18 millones).

El costo y la asequibilidad de las dietas varían en cada región, ya que atiende a los distintos contextos de desarrollo. Dentro de los mismos países, esto también puede variar de acuerdo con factores temporales o geográficos, así como la necesidad de crear cambios en la cantidad de nutrientes que reciben las personas a lo largo de sus vidas.

FALTA DE SEGURIDAD ALIMENTARIA PARA NIÑAS Y NIÑOS

En 2019, el 21.3% (144 millones) de niñas y niños menores de cinco años padecían retraso en su crecimiento, 6.9% (47 millones) sufrían emaciación (síndrome que ocasiona un adelgazamiento patógeno y pérdida de más del 10% de peso corporal) y 5.6% (38.3%) tenían sobrepeso.

El tiempo pasa, pero no se está en camino de cumplir con las metas que planeaban reducir en 2030 la cifra de retraso en el crecimiento infantil y el bajo peso al nacer. La prevalencia de la emaciación está notablemente por encima de las metas establecidas para 2030.

A nivel mundial, 6.9% de las niñas y los niños menores de cinco años padecía emaciación hasta 2019, una cifra, por mucho, superior a la meta planteada para 2025 (5%), y la meta de 2030 (3%).

A escala mundial, sólo una o uno de cada tres niñas y niños de entre seis y 23 meses cuenta con una diversidad mínima de la dieta recomendada, con notables variaciones entre regiones del mundo.

EL COSTO DE LAS DIETAS SALUDABLES Y SU ASEQUIBILIDAD

Las dietas saludables -que incluyen alimentos de todos los grupos-, son inasequibles para más de 3 mil millones de personas, y más de mil 500 millones no puede siquiera tener una dieta que cumpla con los niveles de nutrientes esenciales.

La calidad de una dieta se evalúa con cuatro aspectos: la variedad/diversidad, la idoneidad, la moderación y el equilibrio general. De acuerdo con Organización Mundial de la Salud, una dieta saludable protege de enfermedades como: diabetes, cardiopatías, accidentes cerebrovasculares y cáncer.

CUATRO HÁBITOS ALIMENTICIOS ALTERNATIVOS

Estas alternativas contemplan los costos sanitarios, así como su relación con el cambio climático:

  1. Una dieta de flexivegetariana (FLX) basada en vegetales, y que contiene porciones mínimas de alimentos de origen animal;
  2. Una dieta a base de pescado, pero no carne roja (PSC);
  3. Una dieta con pequeñas cantidades de productos lácteos y huevo, pero no pescado ni carne roja (VEG);
  4. Una dieta vegana basada totalmente en vegetales con un consumo centrado en torno a diversas frutas y hortalizas, cereales integrales y fuentes de proteínas vegetales como las legumbres y los frutos secos (VGN).

Es oportuno mencionar que las dietas basadas sólo en vegetales pueden terminar en grandes riesgos relacionados con la insuficiencia de nutrientes, de acuerdo con la OMS.

Todos los tipos de dietas tienen costos ocultos, cuya comprensión y tratamiento resulta esencial para determinar el cumplimiento de otros Objetivos de Desarrollo Sustentable. Dos de estos costos dentro de los sistemas alimentarios son: el costo de la atención sanitaria (ODS 3) y el costo relacionado con el cambio climático (ODS 13).

El optar por dietas saludables puede influir considerablemente en la reducción de los costos sanitarios y los relacionados con el cambio climático para 2030, pues los costos ocultos de este tipo de dietas son menores que los de los hábitos actuales.

En cuanto a los costos sanitarios, el 57 % de estos costos son directos, ya que están asociados con gastos médicos, destinados para atender diferentes enfermedades derivadas de la alimentación. El restante 43% corresponde a costos indirectos, entre los que se encuentran la mano de obra (11%) y el cuidado informal (32%).

Por su parte, los costos ocultos relacionados con el cambio climático muestran que, el sistema alimentario por el que se ha optado, es responsable de entre 21% y el 37% de las emisiones de gases de efecto invernadero ocasionados por la actividad humana, lo cual lo convierte en una de los principales responsables del cambio climático.

Para logar reducir los costos de los alimentos nutritivos y garantizar la asequibilidad es fundamental cambiar los sistemas alimentarios vigentes en todo el mundo, y tomar en cuenta las perturbaciones derivadas de la pandemia de la COVID-19.

Aun con lo anterior, se requiere que cada país adapte políticas y estrategias específicas para cada contexto e impulsar las inversiones públicas y privadas, de forma planificada y coordinada entre los diversos sectores y actores.

También, se deben tomar en cuenta normativas en cuanto a la producción de las cadenas de alimentos, factor que es necesario para la reducción efectiva de los costos de las dietas saludables. Con ello, se busca mejorar la eficiencia en el almacenamiento, la elaboración, el empacado, la distribución y la comercialización de alimentos.

Para que cada vez más personas tengan acceso a dietas saludables, es necesario gestionar políticas que fomenten el empleo y que reduzcan la desigualdad de ingresos. Los programas de protección social que tienen en cuenta la nutrición resultarán especialmente necesarios para apoyar a la población pobre y a aquellas personas que atraviesan crisis humanitarias sin acceso básico a alimentos nutritivos suficientes para satisfacer sus necesidades dietéticas. Estas ofrecen una opción especial en situaciones de crisis e inseguridad, como lo que enfrenta el mundo ante la actual pandemia de la COVID-19.

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Samantha Anaya
Amo pasar tiempo con mi persona favorita: mi mamá. Considero que el ser periodista implica hacer un compromiso con la verdad, la justicia, la empatía y, sobre todo, con las personas.

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