“La Cultura de la violación”: un debate en torno a las diferencias entre los delitos sexuales y algunas de sus implicaciones sociales, legales y psicológicas

La colectiva Sororidad Activa articuló una mesa de debate virtual al lado de las abogadas especialistas en derecho penal, Lucero Guevara y Janeth Serrano, para analizar desde una perspectiva jurídica y feminista las diferencias y las implicaciones legales y sociales que tienen los delitos de violación y abuso sexual en México.

También, se contó con la presencia de la maestra y psicóloga Andrea Flores, quien expuso la importancia de la terapia oportuna para las víctimas de violación y abuso sexual, así como los mitos detrás de los delitos sexuales cometidos contra niñas y niños.

Por Samantha Anaya /@ Sam_An16

Ilustración portada: Hebe Gardes para el libro “El que nada no se ahoga”

La primera intervención dentro de la mesa de debate sobre las diversas implicaciones legales de los delitos de abuso sexual y violación estuvo a cargo de la abogada especialista en derecho penal, Lucero Guevara, quien señaló las principales diferencias entre ambos delitos.

De acuerdo con la definición legal, el delito de violación consiste en obligar a sostener por vía vaginal, anal o bucal copulación a una persona de cualquier sexo, a través de violencia física o psicológica. El agresor se vale de las características físicas de la víctima, a quien le es difícil e imposible oponer resistencia; por ejemplo, que la víctima se halle fuera de sentido, es decir, que se encuentre dormida; que se esté bajo el efecto de cualquier sustancia; o que tenga algún trastorno mental.

La clave está en reconocer el pleno consentimiento de la persona, por lo que, en este último caso, una persona que no cuenta con el pleno uso de sus facultades mentales no puede otorgar un consentimiento libre, sino que es viciado y se traduce en una violación.

En ese sentido, Lucero Guevara precisó los tipos de violaciones “normalizadas” que se vuelven invisibles, entre los que se encuentra implicada la institución del matrimonio, en el que las mujeres son obligadas a sostener relaciones sexuales con sus maridos porque, socialmente, eso se espera de ellas.

Por otro lado, está la existencia del sexo servicio, en el que las trabajadoras sexuales son víctimas de violaciones múltiples día con día, ya que ellas no consienten el coito de forma libre, explica la abogada. El hecho de pensar que es consentido por ser sexo servidoras denota una cultura de violación, machista y patriarcal, en la que se concibe a las mujeres como objetos de consumo y placer masculino.

Otra muestra de esta cultura de violación es el enseñar a las niñas a cuidarse de no ser violadas, en vez de enseñar a los varones a no violar y respetar a cada persona.

Y, mientras estas actitudes son replicadas en la sociedad, “las autoridades se mantienen en que, si una mujer no opuso la resistencia física suficiente, entonces significa que lo consintió, pero no se ponen a pensar en que hay chicas que se quedan paralizadas del miedo, ni consideran el contexto y las condiciones en las que se encontraba la víctima, osea, si se estaban bajo la influencia del alcohol o de algún estupefaciente. Entonces es clara la falta de perspectiva de género por parte de las autoridades para el tratamiento justo y eficaz de este delito”, expuso la abogada.

Por su parte, y de acuerdo con su definición legal, comete abuso sexual “quien obliga a una persona de cualquier sexo a ejecutar para sí o en otra persona actos sexuales, sin el propósito de llegar a la cópula”. Dentro de este tipo de delito sexual, se encuentra la violencia digital; es decir, los delitos que violentan la intimidad sexual de las personas a través de medios digitales.

La abogada precisó que, en cuanto al código penal, ambos delitos sexuales están claramente diferenciados, pero en la realidad se cataloga a la violación como un tipo de abuso sexual.

En cuanto a la incidencia de delitos sexuales en Jalisco, y de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), se registraron 3 mil 175 delitos contra la seguridad sexual de las mujeres de enero a noviembre de 2019, cuando durante todo 2018 fueron en total 3 mil 44. En el caso de los casos de abuso sexual la cifra aumentó de las 2 mil 156 denuncias a 2 mil 252, en menos de un año. Además, el número de denuncias por violación pasó de 383 a 413, en el mismo periodo de tiempo.

La especialista en derecho penal, Janeth Serrano, comenzó su participación subrayando la importancia de conocer la diferencia entre ambos delitos, ya que la mayoría de los casos son minimizados. También, compartió su experiencia al ser una acompañante para las víctimas de delitos sexuales:

“Hay que entenderlas, ser empáticas y tranquilizarlas, para que no se sientan culpables. Hay veces en que no quieren hablar, entonces se deben pensar en alternativas y una buena forma es que ellas expresen lo que sienten por escrito, dejándolas solas en la habitación para que se sientan más cómodas. Por parte de la labor de las psicólogas y psicólogos, se debe dar un tratamiento digno, desde una perspectiva de género, para no revictimizar a las chicas”.

Ilustración Patrycja Podkoscielny

La maestra en psicología, Andrea Flores, puntualizó que en cualquier delito sexual está presenta el ejercicio del poder por parte del agresor.

Detrás de los delitos sexuales cometidos contra una persona menor de edad se encuentran varios mitos: uno de ellos es que si un niño fue víctima de cualquier delito sexual, cuando llegue a la adultez, se volverá homosexual; y otro mito es creer que “una niña o un niño que se encontró en una situación de este tipo se debe aislar del resto del mundo, ya que ahora él o ella puede ser un agresor, o simplemente porque se encuentran en un estado muy frágil y el resto de personas se pueden aprovechar de él o ella”, mencionó Flores.

Lo que se debe hacer en estos casos es generar un acompañamiento integral de la familia. La psicóloga enfatizó este punto con una ejemplificación:

“En la mayoría de los casos, se señala a la madre del niño o la niña que ha sido abusada o abusado, pero no se detiene a pensar en lo que hay detrás de este tipo de situaciones. La madre también es víctima del mismo agresor, ya que puede sufrir de violencia psicológica, o no conoce los recursos legales para poder actuar, porque muchas veces se les amenaza con denunciarlas por ‘abandono de hogar’, cuando esto ni siquiera es un delito, pero ellas lo desconocen”.

Otra forma de abordar estos delitos es la educación sexual y, con ello, hacerle saber a las niñas y a los niños cuál es el nombre de sus órganos sexuales, para romper con tabúes y poder establecer un diálogo en confianza.

Andrea Flores señaló que muchos otros delitos sexuales se cometen durante el noviazgo, y “la peor parte es que no se reconocen como tal”. La maestra mencionó que detrás de éstos están los roles de género:

“los cuales nos obligan a no estar acostumbradas a decir que no; o también hacen sentir a las chicas que fueron abusadas que es por su culpa; o algo peor, varias mujeres sienten que después de eso ya no valen nada”.

En ese sentido, la psicóloga terminó su participación haciendo especial énfasis en la necesidad de la terapia oportuna, ya que, en su opinión, ésta ayuda a romper con los roles de género, que criminalizan a la víctima:

“Debemos cuidarnos entre nosotras y ser acompañantes durante el proceso de sanación”, finalizó.

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Samantha Anaya
Amo pasar tiempo con mi persona favorita: mi mamá. Considero que el ser periodista implica hacer un compromiso con la verdad, la justicia, la empatía y, sobre todo, con las personas.

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