Manos libres

Manos Libres

Por Francisco Macías /@pacommedina

“Nadie puede sembrar con los puños cerrados.

Para sembrar es necesario abrir las manos”

Adolfo Pérez Esquivel

Las “manos libres” son como el gadget que permite convertirnos en multifuncionales, ya que podemos utilizar la mirada, la escucha y la acción.

Las manos son un signo, independientemente del color, la edad, lo deterioradas o cuidadas, simplemente son y han sido en la historia de la humanidad herramienta para el trabajo, la expresión, el encuentro y la protesta.

Así deseo que este espacio de opinión pueda recuperar lo múltiple y diverso de los encuentros, desencuentros y luchas, con el telón de fondo de la parcialidad que parte de colocar la dignidad, la solidaridad y la mirada hacia lo que requiere ser transparentado.

Para iniciar, es importante hablar del diálogo tan colocado en estos tiempos políticos en reuniones, mesas de trabajo, foros y hasta en sesiones de videoconferencias que convoca a los cercanos, en ocasiones a los distantes y no muy a menudo a los divergentes. Son medios que posibilitan en ocasiones mirar de cerca las posibilidades de la colaboración, la cual en ocasiones no es un ejercicio natural como pensamos.

Cotidianamente personas, organizaciones o gobiernos, traducimos este ejercicio en la imposición de nuestro punto de vista o en ajustar la realidad para controlar el resultado. En ambos casos, se quedan a la deriva aspectos de la realidad que son urgentes, principalmente porque es difícil adaptarse a sus dificultades.

La situación de las personas desaparecidas, la inseguridad, los feminicidios, las protestas que gritan mejores condiciones para que las mujeres vivan libres de violencia, entre otras, son reflejo de los momentos que vivimos.

En un contexto de lo inmediato en la vida y la política, en donde es más importante ocupar redes de distintito tipo que profundizar en causas y consecuencias, esto es un tema importante.

Recuerdo el éxodo que han realizado los movimientos de madres y familiares de personas desaparecidas por casi 10 años, las cuales transitaron de las protestas en eventos protocolarios de los funcionarios a la toma de las calles. Realizaron huelgas de hambre para obligar al diálogo; posicionamientos para abrir los micrófonos de los medios de comunicación cuya tradición era la revictimización.

Tomaron la palabra en sedes grises como los palacios legislativos, donde en ocasiones hubo destellos del eco de sus voces hasta consolidarse en actoras cuya constante fue decir una y otra vez la indignante emergencia humanitaria, así como sus efectos en vidas de personas que pudieron ser.

Aunque doloroso debemos reconocer que hay una construcción diferente de diálogo y colaboración en ello, debido a que no podemos voltear hacia otro lado porque la realidad nos alcanza y estamos de acuerdo en que algo debe de cambiar.

Llevarlo a cabo, implica ampliar nuestra mirada hacia una colaboración que abandone las formas veladas tradicionales de hacer que los demás cambien, modificar su forma de pensar o de actuar para alinearlos con nuestras intenciones (Peter Blok).

La ruta inicia con aprender a realizar ejercicios flexibles en donde el centro es incrementar el encuentro entre los diferentes (los desconfiados, los que defienden metas incompatibles o tienen historias contrapuestas) para construir un futuro alternativo, donde se fortalezcan el “músculo” de la conversación y la escucha para entonces clarificar los intereses opuestos (Adam Kahane).

Se requiere evitar que los demás renuncien a su solución o historia de su postura, además de reconocer el valor y legitimidad de cada una de ellas —eso implica desterrar el lenguaje construido bajo la lógica del enemigo—.

La más importante, es animarse a aprender juntos de la experimentación conjunta.

Lo podemos poner en práctica señor Fiscal General del Estado de Jalisco.

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Francisco Macías Migrante de experiencias, observador de barrio, reflexiono temas de derechos humanos.

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