A las niñas, las jóvenes, las madres, las abuelas, a mis amigas, que son la revolución

1 octubre, 2020

MAROMA

Por Mayra Huerta / Integrante de Maroma: Observatorio de Niñez y Juventud.

Foto: Ximena Torres / @xiemna_tra

Escribo esto y pienso en mi compañera de secundaria abortando a los 15 años, sola, asustada, con métodos poco confiables, fallidos al final. Continuando un embarazo, seguido de otro y luego otro. Quince años. 

Escribo esto y pienso en mi amiga que después de tener un hijo, decidió interrumpir su segundo embarazo. Y años después se volvió a embarazar, con gusto, por elección. En esos dos hijxs que crecen en un hogar que les quiere, que les construye. 

Pienso en mi incapacidad por acompañarles, a ambas, en aquellos momentos. Y siento, más que nunca una enorme admiración por quienes acompañan, quienes abrazan, quienes se capacitan, aprenden, comparten el conocimiento, marchan, gritan, luchan por que sea de todas, la facultad de elegir sobre nosotras mismas. Una decisión nuestra pero sostenida en comunidad.

Arrojo a mis compañeras una pregunta para contestármela a mí misma, ¿qué pertinencia tiene defender el derecho a la interrupción legal del embarazo desde nuestra lucha y defensa por la niñez y juventud? Hay múltiples respuestas, pero todas van por dos caminos. 

El primero: el embarazo y, posteriormente, la maternidad elegida parece ser el único principio que garantiza, o al menos da posibilidad a nuevas formas de crianza más respetuosas para con la niñez. Elegirles también es honrarles. 

El segundo: el número de niñas y adolescentes embarazadas es alarmante. La mayoría de estos casos son producto de abusos o violaciones, el resto responde a otro tipo de violencias, al ocultamiento sistémico de información que les garantice un libre y responsable ejercicio de su sexualidad, a la desatención, a la falta de interés de las instituciones por garantizarles un sano desarrollo físico, social y psicológico.

Pero hay un tercero, uno que se entreteje con las muchas luchas, con los tantos y tantos esfuerzos sucediendo a la par en el resto del país, en las grandes marchas sí, pero también en las pequeñas comunidades, en los grupos de mujeres conversando desde casa, en los espacios virtuales construidos a raíz de la pandemia, en los salones de clases, en la periferia, en las conversaciones con amigas. La oportunidad de elegir como principio de libertad, la defensa de la libertad como la defensa también de nuestra humanidad arrebatada. 

Fue inspiradora la capacidad organizativa que mostró Argentina, desde el 2005, con su Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, el arduo trabajo durante estos años y posteriormente, su aparición en el 2018 ya como la Marea Verde que nos contagió a todas y llegó hasta nuestro país.

Las muchas mujeres reunidas, acompañándose en el grito colectivo que cimbró un gobierno y se extendió por América Latina, nos dejaban ver que la legítima defensa de la vida sucedía ahí, la de sus pares, mano a mano, volviendo a sus calles. 

La aparición de colectivas auto organizadas y auto gestionadas ha sido primordial en la lucha. Los grupos de mujeres reunidas han podido hacerle frente a un estado omiso, desde la exigencia de sus derechos, desde la búsqueda por visibilizar los huecos y carencias legales, estructurales, desde la tolerancia cero. Pero especialmente desde su hacerse cargo de estos huecos. Ante la omisión del estado, el grito que visibiliza. Ante las carencias del sistema de salud, auto organización para proveer y distribuir medicamentos seguros. Ante la falta de atención psicológica especializada, acompañamiento en comunidad, especialistas dando su tiempo gratuitamente. Ante un estado patriarcal que nos ha educado desde la vergüenza y la culpa, una reconstrucción de nosotras mismas junto a las otras, re entendernos sujetas de derechos, ensayar formas más enteras de ser. Ante el silencio heredado, los muchos testimonios de sobrevivientes, sus experiencias compartidas valientemente haciéndonos saber que no estamos solas, que no volveremos a estarlo. 

Escribo esto mientras pienso en lo doméstico, en la casa a la que alguna vez se nos condenó. En la reivindicación de ésta, en el sitio seguro que hemos hecho de ellas para llevar ahí abortos con amigas, acompañados, compartidos, hablados, sin prejuicios. 

Las exigencias enunciadas el pasado 28 de septiembre son solamente el principio: la despenalización y su urgente legalización. Habrá que poner atención y demandar también condiciones reales para abortar seguras, fuera del centro del país. Y habrá que hacer consiente que, como el embarazo debe acompañarse más allá y después de parir, el aborto no termina con el procedimiento médico, hay que estar después, el tiempo necesario para cada una. 

Escribo esto después de un día de lucha, con el anhelo de que sean nuestros los cuerpos, que decidamos sobre ellos, que a cada niño y niña le espere un mundo de elecciones, que les sepamos cuidar, que nos sigamos acompañando y haciendo fuertes. 

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