Noviembre sin FIL

8 octubre, 2020

La Calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

“Ha sido una decisión muy sensata, pero también muy dolorosa”. La frase, expresada hace una semana por Marisol Schulz Manaut, sintetiza muy bien lo que debieron ser semanas de debates, análisis, discusiones y previas a que se hiciera uno de los anuncios más esperados de cara a la recta final del año: el viernes pasado se hizo de conocimiento público que la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, uno de los acontecimientos más importantes de la agenda cultural del país, se realizará de manera virtual.

Todavía hace un par de meses se hablaba de tres posibles escenarios para el que es considerado el encuentro librero más importante del mundo en lengua española: una feria presencial con aforo reducido, una feria con dos sedes (Expo Guadalajara y el Centro Cultural Universitario) y una feria virtual. Al final, se impuso la razón: con los contagios de covid-19 sin control y sin la posibilidad de garantizar medidas básicas como la llamada sana distancia por tratarse de un evento masivo, los organizadores de la FIL optaron por cuidar su activo más valioso: sus visitantes. De este modo, las más de 800 mil personas que se han venido dando cita año con año en el recinto ferial deberán esperar un año para acudir a su cita con los libros.

Es prácticamente imposible dimensionar el impacto que tiene la cancelación de la FIL Guadalajara en su formato presencial. Para enmarcarlo un poco, basten un par de datos: para la feria el golpe económico se traducirá en un déficit de entre 24 y 28 millones de pesos, cifra dada por Raúl Padilla López, presidente de la feria, quien durante el anuncio ha dicho que, si bien la FIL es autofinanciable y tiene remanentes que sirven para costear otras actividades a lo largo del año, en esta ocasión dicho fondo servirá para amortiguar la pérdida. Además, el anuncio del viernes sirvió para informar que la participación de Sharjah como invitado de honor ha sido pospuesta para 2022, lo que significa que este año tampoco llegará a la ciudad la oferta cultural que acompaña a cada edición de la FIL.

El segundo dato también tiene que ver con los beneficios indirectos de la feria. Según una nota publicada por Rebeca Pérez Vega y Fernanda Tapia en Mural, se prevé que el déficit para Jalisco rondará los 750 millones de pesos, según estimaciones de la Oficina de Visitantes y Convenciones de Guadalajara. Los más afectados serán los hoteleros, pues la cantidad de gente que moviliza la feria siempre representa una ocupación total durante los nueve días que dura la FIL, pero también impactará a restauranteros, taxistas, empleados eventuales y toda esa maquinaria que se mueve empujada por la feria. Una pérdida enorme por donde se le quiera ver. (Llegado a este punto, debo decir que quizá la única beneficiada con la cancelación es la lateral de Mariano Otero, que por primera vez en muchos años lucirá desahogada en los finales de noviembre. A título personal, voy a extrañar el olor a chocolate que invade toda la zona por la tarde. Y los pasillos, claro.)

La perspectiva de una feria virtual es una gran oportunidad para que la Feria Internacional del Libro explore nuevos caminos. El formato presencial lo tienen más que dominado, por lo que el reto, no menor, es ofrecer una versión en línea que logre despertar el entusiasmo de los autores y demás participantes, así como el interés de las y los lectores. También está por verse cómo van a apoyar a los editores, sobre todo los de proyectos independientes, que son sin duda los grandes damnificados en el formato virtual.

Raúl Padilla aseguró el día del anuncio que “tendremos una feria digital con un programa literario, académico y de ciencia muy atractivo. Este año, a pesar de lo virtual, habrá mucha compra-venta de libros a través de las plataformas que se están preparando». Para ir calentando motores, hace unos días la FIL dio a conocer el micrositio “Somos Grandes Momentos”, en el que se puede acceder a gran parte de su memoria audiovisual y escuchar de viva voz a muchos de sus invitados. Habrá que ver cuántas más sorpresas nos están preparando.

La decisión de la FIL se alinea con la postura que ha asumido la Universidad de Guadalajara —obviamente—, que ha decidido apostar por la cautela antes que por aperturas anticipadas o reactivaciones económicas. Así lo hicieron en marzo, con la cancelación del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, cuando el escenario era absolutamente incierto, y así lo hacen ahora con la FIL, con un escenario que sigue siendo incierto pero del cual ya hay aprendizajes y camino recorrido.

Por su parte, la administración encabezada por Enrique Alfaro sigue enviando mensajes contradictorios en lo que respecta al manejo de la pandemia. Después de haber ido de la mano con la UdeG al principio del confinamiento —los famosos cinco días, que se volvieron seis meses—, el gobierno del estado prefirió irse por su cuenta y ha apostado por la reapertura de negocios en aras de reforzar la economía, sin medir los impactos colaterales: a mayor cantidad de espacios abiertos, mayor cantidad de gente en las calles —gente que va a trabajar y, hay que decirlo, mucha de la cual no atiende los protocolos básicos de uso de cubrebocas y distanciamiento— y mayor cantidad de contagios.

Urgido de ser el primero en algo, Enrique Alfaro estaba decidido a retomar las clases presenciales, pero tuvo que recular. En lugar de eso, esta semana supimos que Jalisco es ya el primer lugar en fosas clandestinas y en personas desaparecidas, dos temas menospreciados por el ejecutivo estatal que, evidentemente, tiene prioridades.

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La calle del Turco

Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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