Imaginar y construir la paz

11 octubre, 2020

En pie de PAZ

Por Carmen Chinas / @carmenchsa

Antes que nada, quiero agradecer a ZonaDocs por crear un periodismo comprometido con los derechos humanos y abrir un espacio de reflexión sobre la construcción de paz. En “Pie de Paz” refiere una idea que muchas personas abrazamos y es la de comprometernos a una participación activa en cada uno de los espacios en que incidimos para cuestionar las violencias presentes en nuestra sociedad y realizar propuestas que contribuyan a vivir en un mundo en que la dignidad y bienestar del ser humano sean prioridad. La socióloga Elise Boulding nos dice que la imaginación da el poder de actuar en favor del cambio social y poner en marcha aventuras pacíficas constructivas. 

La paz puede ser comprendida de muchas maneras, incluso se utiliza el plural para referirse a ella (paces).  Podría abordarse desde un ámbito personal vinculado a la armonía y la relación con la naturaleza hasta aspectos de geopolítica como el fin de una guerra o solucionar un conflicto armado interno. A partir del acercamiento que he podido tener en el trabajo académico y en la coordinación local de un proyecto denominado “Laboratorio Visiones de Paz. Transiciones entre la violencia y la paz en América Latina” que forma parte del Centro de Estudios Latinoaméricanos Avanzados CALAS, la idea de paz se acerca a comprenderla como un proceso que varía y se ve afectado por diversos factores políticos, sociales y discursivos. Así, el concepto de paz está determinado además de cuestiones históricas, por etnia, género, clase social, identidad sexual y condición económica; en el caso particular de América Latina por un pasado colonial de saqueo y dominación que sigue marcando a nuestra región y un presente en el que prevalecen imposiciones del capital trasnacional por encima del bienestar de los pueblos.

Así, la violencia en que vivimos en el día a día tiene una compleja explicación, desde una estructura económica que propicia la exclusión y desigualdad de la mayoría de los habitantes de nuestro país, hasta un sistema social en el que prevalece un dominio patriarcal que lleva a muchas formas de violencia contra las mujeres. Por ejemplo, con relación a la inseguridad, la llamada “guerra contra el crimen organizado” impulsada en México entre 2006 y 2018 dejó una estela de dolor que parece no tener fin, pues además de gestarse impunidad y corrupción que brindaron un marco propicio para las actividades ilícitas, destaca el tema de fondo, que son los grandes capitales generados en torno a los llamados delitos de alto impacto y el tráfico de drogas.  Es el caso también de las graves violencias que se han vuelto cotidianas, el informe de búsqueda e identificación de personas desaparecidas presentado por el Gobierno Federal a principios de octubre del presente, señala que en lo que va del sexenio una de cada cuatro personas desaparecidas en el país y que no han sido localizadas (25.8 por ciento) es de Jalisco, entidad en la que se encuentran la mayor cantidad de fosas clandestinas.

¿Cómo podemos pensar la paz en medio de tantas violencias?

Quizá la respuesta inmediata sea la idea de la mano dura, la paz negativa (impuesta por el imperio de la fuerza), aquella concepción weberiana que de muchas formas se ha usado para justificar la represión y que es el llamado “uso legítimo de la fuerza” por parte del Estado; sin embargo, las amargas lecciones de los gobiernos de Peña y Calderón en el tema de seguridad nos alertan que ese camino nos lleva a la pérdida de vidas inocentes llamadas absurdamente “daños colaterales”[1]  y criminalizar a las víctimas.

Desde la idea de una paz positiva y siguiendo a quien formula el concepto de violencia estructural más reconocido (Galtung[2]), la paz está íntimamente relacionada con la justicia social; de esta forma, la paz sólo es posible a partir de resolver las necesidades humanas fundamentales, el bienestar, libertad, el respeto a los derechos humanos, el derecho a la identidad. Esa mirada de la paz es la que urge desarrollar en un país como el nuestro, empezando por cuestionar la enorme disparidad en la distribución de los recursos, pues mientras una minoría acapara la riqueza, la inmensa mayoría carece del mínimo indispensable para alimentarse.

Considero importante destacar la idea de la paz transformadora (Ramos Muslera)[3], pues es aquella que nos compromete y que implica el accionar comunitario, que se entiende como un constructo en permanente transformación que se desarrolla cuando logramos implementar otros modelos de vida en nuestras familias, comunidades, sociedad y en los sistemas políticos que faciliten el desarrollo integral de las potencialidades humanas del conjunto de la población. Desde esta idea se articularían la dimensión personal, social, estructural y ambiental para construir una sociedad equitativa, incluyente y dialogante; así como un sistema político y económico que se encuentre en armonía con la naturaleza y propicie el beneficio de todas las personas, en el que la riqueza no sea acaparada por unos cuantos.

Pensar la paz desde la justicia, a partir del compromiso personal y comunitario para transformar el orden económico, político y social que propicia las desigualdades es un desafío que vale la pena realizar.

Referencias

[1] Leticia Hidalgo del colectivo FUNDENL (busca a su hijo Roy), se refiere a ello en un diálogo realizado en abril de 2018 con Margarita Zavala respecto a los daños provocados en el sexenio de Calderón “Margarita: no son daños colaterales, nosotros les llamamos hijos”.

[2] Violencia cultural. Galtung, Johan  (2003). Colección Cultura profunda y cultura de conflicto. Gernika-Lumo: Gernika Gogoratuz. Documento nº14. https://www.gernikagogoratuz.org/portfolio-item/violencia-cultural-galtung/

[3] Paz Transformadora (y participativa). Teoría y Método de la Paz y el Conflicto desde la perspectiva sociopráxica. Esteban A. Ramos Muslera. Honduras, 2015. https://iudpas.unah.edu.hn/area-de-paz/publicaciones-area-de-paz

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En pie de paz

Es una columna colaborativa que busca colocar en el debate público la relevancia de la cultura y educación para la paz. Esta columna es escrita por Tzinti Ramírez, Carmen Chinas, Laura López y Darwin Franco.

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