Un año sin Alejandra y las autoridades en Jalisco no han hecho nada para localizarla con vida

12 octubre, 2020

Alejandra Montserrat Osorio de 21 años, fue desaparecida la tarde del 25 de septiembre de 2019 tras salir de su casa en la colonia Cantarranas en Guadalajara, si bien, su madre acudió a presentar una denuncia ante Protocolo Alba, mecanismo de búsqueda inmediata para niñas, jóvenes y mujeres desaparecidas en Jalisco, nueve meses después de su desaparición le informaron que: “ya se había activado su búsqueda en los 31 estados del país”. Aunado a ello, nunca circuló su ficha de búsqueda en las plataformas oficiales y públicas de la dependencia obligada, ya que, según le dijeron “el caso de su hija se valoró que no se puede circular su fotografía porque su integridad está en peligro”.

Su madre, la señora Lorena, no ha tenido acceso a la sábana de llamadas y tampoco a los videos de las cámaras de vigilancia del C5, que le permitirían: identificar a las personas que se la llevaron, el rumbo que tomaron aquel día y la última ubicación de su celular.

A decir de esta madre buscadora, las omisiones de las autoridades de Jalisco la han obligado a buscar a su hija en los servicios médicos forenses, pues si bien, éstas son las encargadas de localizarla con vida, el proceso de investigación está obstruido por la impunidad y la falta de voluntad.

Por Dalia Souza / @DaliaSouzal   

“Alejandra está en peligro desde que desapareció” le dijo enérgicamente la señora Lorena a una de las funcionarias de Protocolo Alba, luego de que ella le asegurara que la ficha de búsqueda de su hija no se difundiría; y es que, de acuerdo con la servidora pública, tras valorar el caso de “Ale”, como le dicen con cariño sus seres queridos, se definió que circular su imagen “ponía en riesgo su integridad”, por lo tanto, tampoco habrían emitido la Alerta Alba de manera pública tras denunciar su desaparición.

Absurdo.

Absurdo, como la respuesta que esta misma área de búsqueda especializada en desaparición de niñas, adolescentes y mujeres, le ofreció cuando interpuso una queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco (CEDHJ) por el actuar omiso, dilatorio y negligente de los agentes ministeriales; para esa fecha, Alejandra ya tenía nueve meses desaparecida y la persona que se comunicó por teléfono lo hizo para “avisarle” que “el caso seguía vigente”.

“Fiscalía me marca para decirme que el caso de mi hija sigue vigente, le dije, no puede ser que me estés diciendo esto, todos los días lo tengo muy presente desde que ella desapareció, mejor eso recuérdaselo a quien trae el caso de mi hija para que la busque”, recordó.

Esa misma llamada nueve meses después fue para notificarle que la búsqueda de la joven “se había activado en los 31 estados”. Lorena, su madre, supo que aquello no sólo era una muestra de la forma despreocupada en la que se busca a las mujeres desaparecidas de las que se presumen están siendo víctimas de un delito, sino, además, era una burla.

“Después de 9 meses me vienes a decir que ya se activó, tú crees que esto no es una burla”, cuestionó a la funcionaria.

Las esperanzas de la señora Lorena están puestas en encontrar con vida a su amada hija Alejandra, sin embargo, la demora de las autoridades obligadas en el estado, desde la Fiscalía Especial en Personas Desaparecidas hasta el Protocolo Alba y la Comisión Estatal de Búsqueda, no han hecho todo lo que está en sus obligaciones para encontrarla.

“Si hay un área de desaparecidos, si hay un protocolo Alba, si hay una Comisión de Búsqueda, hay una atención de víctimas ¿por qué nadie nos ayuda? Yo no entiendo la indiferencia de las autoridades, tanta injusticia, tanta impunidad porque no solamente es mi caso”.

Y es que, sus preguntas vienen acompañadas de la impotencia que le provoca el paso del tiempo, de los días, de las semanas, de los meses, del primer año en medio de una búsqueda en la que se siente desamparada de las autoridades. Ella, como todas las madres y familiares que pertenecen a la organización Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco (FUNDEJ), han tenido que hacer lo impensable: buscar en espacios de muerte a sus hijos e hijas desaparecidas.

“¿Por qué omiten tantas cosas, por qué no nos los buscan vivos, por qué esperan a que los vayamos a buscar a SEMEFO, porque lo primero que hacen es tomarte un ADN y, es decir: váyanlo a buscar a SEMEFO?” se cuestionó una vez más.

¿Por qué no los buscan con vida? es una de las tantas preguntas que la señora Lorena y sus compañeras se hacen cada vez que acuden a las instalaciones del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) para revisar las eternas bases de datos y registros de fotografías de personas fallecidas sin identificar.

Quizá la única respuesta es que las autoridades siempre han sabido dónde están, quién se los llevó y qué pasó con sus amores desaparecidos; de lo contrario, por qué permitir el paso insostenible del tiempo, cómo justificar el desinterés y la simulación, el encubrimiento.

Ya pasó un año de la desaparición de Alejandra, y no existe hasta el momento información determinante que ofrezca certezas sobre su paradero: “prácticamente no ha sucedido nada” dice la señora Lorena, mientras narra cómo desde el primer momento fueron ignoradas todas las pistas e indicios que proporcionó a agentes ministeriales y policías investigadores a cargo del caso.

“Eran cruciales para encontrar a mi hija, pero nunca hicieron nada” afirma.

Alejandra Montserrat Osorio, desapareció el 25 de septiembre de 2019, salió de su casa diez minutos antes de las 5:00 p.m. para recoger a su hijo del Jardín de niños, pero nunca llegó por él.

Aquel día, de manera particular, Alejandra le pidió a su madre que fuera por el niño, argumentándole que “le habían llamado para una entrevista”; la señora Lorena le pidió que le dijera a las personas que se la cambiaran de día o de horario, pues ella se encontraba muy cansada como para ir por su nieto, ya que momentos antes habían regresado de un mandado que les demoró casi todo el día caminando:

“Ese 25 de septiembre de 2019, ella sale de mi casa 10 a las cinco de la tarde a recoger a su hijo de la escuela, su hijo tenía tres años y estaba en el Kínder, ella sale a recogerlo y nunca llega por él. A la 5:30 de la tarde el niño salía de la escuela, entonces nosotros siempre nos íbamos caminando porque eran como 15 minutos de mi casa al Kínder. Ese día no la acompañé, yo siempre la acompañaba tanto a llevarlo, como a recogerlo, pero ese día anduvimos en la calle antes de que el niño saliera de la escuela. Llegamos, comimos y ella me dice “mamá, vas por el niño, es que me están hablando de una entrevista”. Yo le dije “no, estoy muy cansada, mejor pídeles que te cambien la entrevista”.

Alejandra le insistió mucho “ándale, recoge al niño, por fas”, pero su respuesta siempre fue que no. Luego de varios intentos, Alejandra finalmente decidió salir a la escuela de su hijo para traerlo de regreso a su casa.

A diferencia de otros días, Alejandra no salió tan arreglada como acostumbra: perfume, pelo planchado, maquillaje, esa tarde, afirma la señora Lorena, no lo hizo. Tampoco salió con el pequeño bolso en el que solía cargar su cartera y documentos, sólo se puso sus tenis y se fue con su celular.  

Cerca de las 5:25 p.m. del mismo día, la madre de Alejandra recibió una llamada de la abuela paterna del niño, quien le pidió que le proporcionara el domicilio del Jardín de Niños, puesto que, la joven le había llamado para pedirle que acudiera a la escuela por él:

“Me habla la otra abuelita del niño por parte del papá y me dice “señora, dónde es el Kínder del niño”, le digo, “por qué” y ella me contesta: “es que me habló Ale que si lo puedo recoger porque ella anda retirado”. Y dije, ¡ah canijo!, si ella ya tiene media hora o más que se fue por él”.

La señora Lorena no demoró más que lo que le tomó colgar la llamada anterior, para de inmediato comunicarse al celular de Alejandra, pero éste ya sólo mandaba a buzón.

“La señora me cuelga y yo luego, luego, le marco a mi hija y la llamada a buzón, a mí eso ya no me gustó, porque mi hija no era de pedir que fueran por el niño y había salido de mi casa diciéndome que iba a ir por él y eso ya no me gustó, más porque me mandaba a buzón”.

Cerca de las 6:15 p.m. recuerda la madre de Alejandra, recibe una vez más una llamada de la abuela paterna del niño para decirle que la joven le había enviado un audio en el que se le escuchaba rara; en éste, le da la dirección del Jardín de niños, pero a su alrededor hay ruidos extraños: unas puertas de automóvil que se cierran, un celular que timbra y la voz de un hombre:

“A las 6:15 me vuelve a marcar y me dice, “fíjese que cuando me salgo de mi casa se me olvida activar mis datos y entrando me llega un mensaje de Ale de voz y yo la escucho rara”. Me lo envía y entonces le dice: “señora, se me olvidó decirle donde está la escuela del niño”, pero empieza a hablar pero demasiado rápido, inclusive, tartamudea varias ocasiones y se escucha cuando ella está hablando se escucha que cierran la puerta de un carro, las dos puertas se escuchan que cierran, se escucha el timbre de otro celular y la voz de un hombre.

Esa fue la última vez que escuchó la voz de Alejandra.

Como toda madre buscadora, la señora Lorena comenzó a buscar cualquier rastro de su muchacha, investigó y supo que se le vio por última vez en la parte exterior de un Oxxo en el municipio de Tlaquepaque, pero aunque estas eran pistas vitales para su localización, la autoridad hasta la fecha no le ha proporcionado las sábanas de llamadas ni la geolocalización de las mismas, lo que le permitirían conocer a dónde se la llevaron esas personas con las que se le escuchó en el audio de WhatsApp que envío minutos antes de su desaparición.

“Era muy importante para mí que revisaran las cámaras que estaban afuera del Oxxo donde me comentan que la vieron por última vez, nunca las revisaron las cámaras, a mí jamás me han revisado las sábanas de llamadas, entonces, yo creo que eran los puntos más importantes para poder localizar a mi hija con vida. Yo les dije que era la más importante para ver con quién se sube ella y la respuesta del agente fue: “las cámaras están hacia adentro, no se puede ver con quién se fue”, pero sin antes revisarlas”.

Era claro para ella que, si las cámaras de este lugar no eran suficientes o no servían por el ángulo de la grabación que captaban, lo ideal sería que revisaran las diversas grabaciones de las cámaras del C5 que rodean algunas calles y avenidas de la vía pública, sin embargo, las que la autoridad decidió proporcionar no correspondían a los lugares que posiblemente Alejandra había recorrido antes de ser víctima de este delito. Incluso, relata la madre de Alejandra, fue ella misma quien tuvo que revisar las grabaciones ante la inoperancia, ineficiencia y desenfado de los servidores públicos:

“Ahí están las grabaciones, chéquelas usted, duran más de cuatro horas, a ver si logra identificar algún carro”, le dijo el agente a cargo.

“Yo les dije, este no es mi trabajo, sin embargo, lo voy a hacer porque a mí me interesa encontrar a mi hija, pero estas cámaras no me van a ayudar para nada. Y no hay información porque yo les dije que mi hija no llega”.

Respecto al audio de WhatsApp, recuerda la señora Lorena, también solicitó al agente que lo revisaran, pues consideraba que éste podría ofrecer algún dato relevante para la identificación de las personas que se la llevaron; no obstante, éste se negó a revisarlo:

“Inclusive yo le enseño el audio al agente que trae el caso de mi hija y le digo que si separan las voces yo podría identificar de alguna manera quién es, y la contestación del agente fue “eso no se puede hacer”, le dije “claro que se puede hacer” pero finalmente no lo hicieron. Fue para mí otra pista muy importante que omitieron”.

Ya es un año y entre más pasa el tiempo a la señora Lorena se le agota la esperanza de encontrar a su amada Ale con vida. Y, mientras tanto, todas las pistas que ha ofrecido siguen siendo ignoradas.

“Y por qué, por todo lo que veo, por todo lo que pasa todos los días en el estado de Jalisco, porque prácticamente las autoridades de Jalisco nos han enviado a nosotras como madres a buscarlos, pero a buscarlos muertos, a buscarlos en fosas”.

Frente a la imposibilidad, frente a la inacción demostrada por el Estado, dice esta madre buscadora, sólo queda pedirle a quienes los desaparecen que las y los devuelvan como se los llevaron:  

“Yo como madre de Alejandra desaparecida, quiero pedirle a quien se lleva a nuestros hijos, (que si) ya se los llevaron, (si) ya nos destruyeron la vida, que si algo les debían con su libertad ya lo pagaron, con su vida ya lo pagaron, les suplico que nos los dejen donde los encontremos y nos los dejan completos por piedad”.

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Dalia Souza

Periodista apasionada de la radio, comprometida con quienes resisten en la exigencia de verdad, memoria y justicia. Creo que el periodismo es una herramienta para construir paz y cambio social.

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