Jalisco feminicida: la impunidad detrás de los delitos por razón de género

#25N Especial

Nos golpean, nos violan, nos matan, nos desaparecen y, mientras tanto, los que fueron / son nuestros agresores, violadores y feminicidas, permanecen libres, sin sanción, sin castigo, en medio de un Estado que ha decidido que la justicia es machista y la impunidad su blasón.

De acuerdo con las cifras de la Unidad de Transparencia de la Fiscalía del Estado, en Jalisco, la impunidad que rodea las violencias que se perpetran todos los días en contra de mujeres, jóvenes y niñas alcanza el 98%. Lo que significa que por cada 100 agresores sólo dos terminan con una orden de aprehensión.

Y es que, como han advertido las redes feministas, la violencia feminicida es la pandemia que no termina y que se recrudeció durante el periodo de emergencia sanitaria, arrebatando la vida a 11 mujeres diariamente en México y, en virtud de las estadísticas oficiales, a más de una en Jalisco todos los días, por lo menos, a 37 cada mes durante este 2020.

Por Dalia Souza / @DaliaSouza y Leslie Zepeda / @Lesszep2

Gráficos e infografías: Darwin Franco / @DarwinFranco

Nunca imaginé ser contabilizada como el primer feminicidio del año en mi estado, 3 de enero, consignaron los medios locales. Mi nombre es Mariana y tampoco pasó por mente morir cuando mi vida iba comenzando.

Mi propia amiga, quien siempre me visitaba por las mañanas, me encontró acostada sobre mi cama, pero yo ya no estaba ahí, me habían asesinado.

Mi agresor golpeó mi cuerpo, lo agredió sexualmente y le disparó en el rostro, específicamente en mi boca, parece que aún muerta quería silenciarme. Aquí en donde vivía, en Lomas del Mirador, Tlajomulco, las agresiones a mujeres son del diario. La policía aún no está segura pero, lo más probable, es que yo misma le abrí a mi victimario porque la puerta de mi casa no fue manipulada.

A pesar de todas las huellas de violencia y dolor que muestra mi cuerpo, no descartan un robo, -sólo porque revolvieron mis pertenencias-. Al menos, por deber, las autoridades dijeron que investigarán mi muerte como un feminicidio.

En Jalisco, de enero a septiembre de 2020, se iniciaron 25 mil 336 carpetas de investigación por delitos relacionados con violencia de género, de acuerdo con la Unidad de Transparencia de la Fiscalía del Estado de Jalisco, a través de los datos recabados por la Dirección General en Delitos de Violencia contra las Mujeres, Delitos en Razón de Género y Trata de Personas.

Esta cifra implicaría que cada día 92 mujeres, jóvenes y niñas fueron violentadas por al menos alguno de los siguientes delitos: lesiones dolosas, abuso sexual infantil, privación ilegal de la libertad, abandono, incesto, amenazas, feminicidio, acoso y hostigamiento sexual, lenocinio, incitación a la prostitución, trata de personas, violencia familiar y violación.

En tanto, en los últimos 8 años, de 2012 a septiembre de 2020, se iniciaron 255 mil 085 carpetas de investigación y averiguaciones previas por los mismos delitos; es decir, 90 mujeres, jóvenes y niñas denunciaron diariamente ante las autoridades del estado, haber sido víctimas de agresiones y laceros en contra de su integridad física y dignidad por su condición de género: ¡por ser mujeres, jóvenes y niñas!

Mientras estaba en casa, en compañía de mi hija, un grupo de hombres armados forzó la entrada y nos obligaron a subir a una camioneta. Teníamos mucho miedo, no entendíamos qué pasaba, de pronto se detuvieron en las calles del Fraccionamiento Valle Dorado en Tlajomulco.

Por un momento, creí que todo había terminado, que estaríamos a salvo. No fue así, soltaron a mi hija y al tiempo me dispararon tantas veces, hasta que se cansaron.

Finalmente, mi cuerpo recibió 15 impactos de bala. Traté de luchar y seguir viva, pero no soporté más. Morí cuando me trasladaban a un centro de salud. Solamente puedo pensar en mi hija, sé el dolor permanente que tendrá por haber visto cada bala que me atravesó.

Yo también me voy con la incertidumbre de pensar que algo le pueda pasar. Que como yo y muchas otras mujeres, no pueda vivir segura ni siquiera en su hogar.

Ciertamente, aunque alarmante, el dato esconde la cifra negra de la no denuncia.

Pero ¿es ésta una garantía de justicia, de sanción a los agresores, de no repetición? Las colectivas feministas, mujeres organizadas, sobrevivientes y familiares de víctimas lo han dicho fuerte y alto: ¡no!

No, porque no se investiga. No, porque los procesos son dilatorios y revictimizantes. No, porque para la autoridad las víctimas siguen siendo responsables de los delitos que denuncian. No, porque las mujeres, jóvenes y niñas “siempre pueden aguantar un poco más”. No, porque no se siguen los protocolos de investigación y las carpetas no se integran correctamente. No, porque los feminicidas, violadores, abusadores y acosadores no son perseguidos y si lo son, pueden salir en libertad a cambio de una módica multa. No, porque el sistema judicial es patriarcal. No, y sus propios datos lo demuestran.

De las 255 mil 085 carpetas de investigación y averiguaciones previas, sólo se cumplimentaron 7 mil 521 órdenes de aprehensión, lo que significa que sólo el 2.9% de los delitos por razón de género, terminaron con un responsable detenido en los últimos 8 años. Esto eleva el índice de impunidad al 97%.

De manera puntual, hay delitos que ni siquiera alcanzaron el 1% de justicia. Las denuncias por amenazas fueron sancionadas en 0.31% de los casos; incitación a la prostitución 0.73%, y acoso y hostigamiento sexual en un 0.67%; es decir; se trata de víctimas que hasta el día de hoy experimentan casi un 100% de impunidad. Le sigue: privación ilegal de la libertad con un 2.1%; violencia intrafamiliar con 2.3%; abuso sexual infantil con 5.9%; lesiones con 11.85%; incesto con 12.5%; violación con 14%; y lenocinio con 14.2%.

Feminicidio y trata de personas son los delitos que, podría argumentarse, son mayormente sancionados en el estado con 22.2% y 20.8% respectivamente; sin embargo, a la luz de la incidencia del delito, sólo una cuarta parte de los feminicidas y tratantes de personas han comparecido ante la autoridad, lo que significa que cerca del 80% de los agresores continúan libres y sin sanción.

Cuando me mudé desde mi ciudad natal, Tijuana a Jalisco, tenía ilusiones de apoyar a las mujeres que viven violencia.

Desde que comencé mi carrera como abogada era mi objetivo. Todo terminó para mí el 15 de abril de 2020, ese día fui secuestrada por hombres a los que les incomodó mi labor como abogada, activista y ex funcionaria en mi ciudad.

Mi nombre es Sindy García y fui privada de mi libertad, después asesinada y abandonada en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga.

Tenía 34 años y nunca pensé morir en manos de feminicidas, esos mismos por los que tantas veces luché para que recibieran un castigo.

Ahora siento que ellos ganaron, los hombres, el machismo, la violencia y el Estado feminicida. Mi cráneo, en tan sólo un segundo, fue atravesado por una bala, bala que un hombre disparó con el respaldo de este sistema judicial misógino e ineficaz.

Jalisco asesino de mujeres

De acuerdo con el Informe sobre violencia contra las Mujeres del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), Jalisco es la sexta entidad con más feminicidios en todo el país, 40 perpetrados entre enero y septiembre de 2020; el sexto estado también con más homicidios dolosos de mujeres, 153 contabilizados; y el segundo con más homicidios culposos (cometidos sin dolo, pero por imprudencia o negligencia), cerca de 148. En total, las autoridades estatales informaron al gobierno federal de 341 muertes violentas de mujeres durante el 2020.

De tal manera que, en virtud de las estadísticas oficiales, más de una mujer en el estado fue asesinada todos los días en el 2020 (al menos 37 cada mes).

Al respecto, la Red YoVoy8deMarzo y la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en México, han denunciado que, de enero al 2 de noviembre, 220 mujeres han muerto de manera violenta en el estado. En tanto, en una revisión hemerográfica realizada por estas reporteras, se pudo identificar que, la prensa en Jalisco documentó los asesinatos, muertes con violencia, feminicidios, presuntos suicidios, hallazgos sin vida en parajes y fosas clandestinas de 92 mujeres, jóvenes y niñas durante el año 2020.

Sin embargo, como también lo han denunciado las organizaciones feministas, un porcentaje muy bajo de estas muertes violentas son tipificadas como feminicidios. Según el Código Penal del Estado, comete feminicidio “quien prive de la vida a una mujer por razones de género” y de acuerdo con la Unidad de Transparencia de la Fiscalía del Estado, sólo se iniciaron 39 carpetas de investigación bajo estos criterios de ley, de enero a septiembre: 40 víctimas en total.

Marzo, abril y mayo fueron los meses más violentos para las mujeres jóvenes y niñas, con seis, siete y seis feminicidios respectivamente; agosto y septiembre con cuatro víctimas cada uno, le siguen en la lista. La misma dependencia informa que cuatro de las víctimas tenían entre 0 y 17 años de edad, eran niñas y adolescentes; 17 tenía entre 18 y 30 años cuando le arrebataron la vida; 14 tenían entre 31 y 50 años; y cuatro, más de 51.

Mi identidad como mujer trans ha sido cuestionada durante toda mi vida, incluso, después de que me la arrebatara un hombre cortando mi cuello.

El medio de comunicación que documentó mi caso, señaló que la Fiscalía del Estado “se abstuvo de activar el protocolo de feminicidio”, pese a tratarse de un transfeminicidio.

Primero pusieron en debate mi existencia, mi cuerpo y después, cuando me asesinaron, continuaron preguntándose si yo valía como mujer o no.

El 19 de octubre mi cuerpo fue encontrado en la colonia Los Cántaros en Tlajomulco. No vieron más que eso, mi historia y vida no fue mencionada. Ni mi edad ni mi nombre fueron averiguados, dudosamente investigarán quién fue mi asesino y por qué lo hizo.

En tanto, la Fiscalía Especial Ejecutiva de Investigación Criminal reconoce haber detenido a dos personas por feminicidio en este periodo; mientras que, la Dirección General en Delitos de Violencia contra las Mujeres, Delitos en Razón de Género y Trata de Personas, informa haber detenido, judicializado y vinculado a proceso a 17. Esto significaría que la mitad de los feminicidas han sido sancionados por la justicia en 2020.

La estadística parece importante, aunque no alentadora, pues aún la mitad de los agresores permanece sin un castigo; además, en el histórico (2012-2020) sólo una cuarta parte de estos ha llegado a los tribunales.

Así lo evidencian los siguientes números proporcionados por la propia autoridad. De 2012 a septiembre de 2020, se han iniciado 332 averiguaciones previas y carpetas de investigación por feminicidio y 337 víctimas. Los años más violentos para las mujeres en Jalisco han sido: 2015, 2016, 2019 y 2020, pero no así para sus asesinos. Sólo 74 personas han sido procesadas por este delito, es decir, sólo el 22.4%.

Cuando me enamoré de Juan Pablo, él era bueno y especial conmigo, con el tiempo algo cambió, él no parecía ser el mismo, o mejor dicho, me mostró quién era en realidad. Supo aparentar que no me violentaba, disfrazó su violencia con amor para que nadie me sacara de sus garras.

Ahora no hay nada más qué ocultar, mi familia, amigos y hasta los medios de comunicación saben que fui asesinada a los 26 años por mi pareja, en mi propia casa y frente a la mirada de mis hijos.

Mi nombre es Bianca Hernández y sólo deseaba una vida sin maltratos para mí y mis hijos, pero Juan Pablo me negó cualquier posibilidad.

Mi cuerpo fue encontrado sin signos vitales después de recibir cuatro disparos. Las autoridades llegaron hasta mi casa en Tonalá, pero ya no había nada qué hacer, al menos no por mi cuerpo.

Mi feminicida, como el de muchas mujeres, fue el hombre con quien tenía una familia.

No sólo se nos mata por ser mujeres, los feminicidas buscan las maneras más crueles, silenciosas, dolorosas y dolosas para arrebatarnos la vida. Arma blanca (12); arma de fuego (6); objeto contundente (6); y asfixia (5), fueron los “medios de comisión” -en palabras de la autoridad-, con las que se consumaron los feminicidios de las víctimas del 2020. La cifra en paréntesis advierte el número de eventos en los que se perpetraron estas agresiones mortales.

Como si se tratase de un ranking de la violencia feminicida, puede identificarse, de acuerdo con los registros oficiales, cuáles son las formas en las que las mujeres son asesinadas en Jalisco: en primer lugar, el arma blanca; en segundo lugar, el arma de fuego; la asfixia en tercer lugar; le siguen los golpes y las agresiones con objetos contundentes; y, finalmente el “incendio”, “otras formas” y aquellas que aún están siendo investigadas. Estos patrones se han repetido durante los últimos ocho años.

Decir Jalisco asesino, Jalisco feminicida no es ocurrencia, 62 de los 125 municipios del estado han registrado al menos una carpeta de investigación y/o averiguación previa por el delito. El Área Metropolitana de Guadalajara encabezan el listado: Guadalajara 46 feminicidios; Tlajomulco de Zúñiga con 45; Zapopan con 32; El Salto con 29; Tlaquepaque con 25; y Tonalá con 15.

Sin embargo, municipios como Puerto Vallarta (9), Zapotlanejo (8); Tequila (7); Acatlán de Juárez (6); Mezquitic (6); Ocotlán (6); Zapotiltic (3) y Tepatitlán de Morelos (3) al interior del estado mantienen una incidencia de entre nueve y tres casos en los últimos ocho años.

Me llamaban Elsy, salí de mi casa en Tala hacia un rancho cercano llamado El Conejo, como de costumbre fui a visitar a mi familia, pero nunca llegué.

El 16 de agosto, el mismo día, pero casi a media noche, encontraron mi cuerpo desnudo sobre un sembradío de cañas. Quien fue mi agresor y feminicida, me golpeó, vejó y abusó sexualmente de mí.

A mi edad, 12 años, la verdad es que no sabía de toda la maldad que un hombre podía ocasionar sobre una mujer, o una niña en mi caso. No estoy segura en qué consiste un feminicidio pero sí sé que lo que viví fue hecho con mucho odio y aún no me explico por qué.

Cuando me dejó en medio de la oscuridad, sobre las ramas del sembradío y en el frío de la noche, yo solamente deseaba el abrazo y la protección de mi mamá. Dicen que días después encontraron al hombre que perpetró estos actos en mi contra, lo hallaron también a campo abierto entre los cañaverales, alguien lo asesinó y aunque eso pareciera justicia divina, no lo es.

Nos matan, nos violan, nos desaparecen

En Jalisco, al 24 de noviembre, mil 471 mujeres continúan desaparecidas; cada una de estas mujeres representan el 13% de todas las desapariciones ocurridas en el estado (11 mil 263); una tercera parte de estas desapariciones (462) han ocurrido en los dos últimos años. Con ello, se estima que el 52% de todas estas mujeres desaparecidas tienen entre 15 y 29 años de edad.

Al mismo tiempo, los municipios que concentran el 51% de todas las desapariciones en el estado son: Guadalajara (324); Zapopan (195); Tlajomulco de Zúñiga (131) y Tlaquepaque (105).

Las mujeres, jóvenes y niñas que son desaparecidas en Jalisco y buscadas por sus seres queridos de manera incansable en marchas, protestas, acciones públicas de reclamo a la autoridad y a la sociedad indiferente, contrasta con el número de mujeres fallecidas sin identificar que permanecen en las instalaciones del servicio médico forense.

Las estadísticas públicas contabilizan 131 registros entre septiembre de 2018 y el 15 de noviembre de 2020, ellas, representan el 6.6% de las Personas Fallecidas Sin Identificar en el estado: mil 972; respecto a este total, mil 365 se reconocieron como hombres y 476 permanecen como dato “desconocido”.

Dadas las formas en las se administra la muerte y el terror en el estado, como reconocen familiares de personas desaparecidas, las mujeres fallecidas sin identificar no han queda exentas de ser localizadas en fosas clandestinas y sitios de exterminio. Sus cuerpos seccionados, con apenas unas cuantas señas de identificación: tatuajes, aretes, cicatrices de cesárea; lo que llevaban puesto ese día, pijama, pantuflas, cubrebocas a juego con el color de la prenda de vestir, billetes, anillos; en algunos casos un nombre o una identificación, son la prueba de que la vida de las mujeres tiene el valor total de la ecuación: violencia, indiferencia e impunidad.

De una fosa clandestina en una finca del Fraccionamiento Los Sabinos en El Salto, 113 cuerpos fueron exhumados. Las labores “aún no terminan”, dice el Fiscal del Estado, Gerardo Octavio Solís; llevan varias semanas trabajando, desde octubre y parece que va para largo.

Sin embargo, apenas 30 personas fueron identificas: 28 hombres y dos mujeres. Esas dos éramos nosotras. En medio de esta barbarie, nuestras familias fueron a reconocer lo que dejaron de nuestros cuerpos.

No sabemos cuánto tiempo buscaron nuestros seres queridos antes de encontrarnos, aunque creemos que quizá pasó un largo tiempo, pues la Fiscal Especial, Blanca Trujillo, ha asegurado en otras ocasiones que cerca del 70% de las personas inhumadas en fosas estabas desaparecidas.

 

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Dalia Souza
Periodista apasionada de la radio, comprometida con quienes resisten en la exigencia de verdad, memoria y justicia. Creo que el periodismo es una herramienta para construir paz y cambio social.

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