Etiquetado obliga a industria alimenticia a reformular productos

El etiquetado de advertencia en alimentos ya tuvo un primer logro: aún antes de entrar en vigor la norma, las empresas redujeron los niveles de ingredientes dañinos para evitar los sellos

Texto: Kennia Velázquez / POPLab

Imágenes: POPLab

El etiquetado es una herramienta que de manera fácil y rápida informa a los consumidores sobre los nutrientes dañinos en exceso que contienen la comida y bebida ultraprocesada. Esta medida además de ayudar a cambiar hábitos de consumo, obliga a los productores a reducir las cantidades de estos ingredientes.

La Norma Oficial Mexicana 051 establece los límites de calorías, sal, azúcar y grasas a partir de los cuales se deberán agregar los sellos negros de advertencia. Para evitarlos, distintas empresas han anunciado que sus productos no tendrán octógonos porque han reducido las cantidades de estos ingredientes.

El etiquetado en México entró en vigor el 1 de octubre y ya se están viendo cambios: la ANPRAC, organización que aglutina 120 embotelladoras, ha dicho que para 2024 el 70 por ciento de sus bebidas serán bajas en azúcar. Según han informado las empresas, el 56 por ciento de los productos de Nestlé, Coca-Cola, Bimbo, PepsiCo, Kellogg’s y Lala entre otras, se encuentran en proceso de reformulación. Bimbo reportó que el 82 por ciento de sus productos han sufrido una reducción de sodio, azúcares y grasas. La Asociación Nacional de Fabricantes de Chocolates, Dulces y Similares (Aschoco) dice que el 30 por ciento de estos productos ya están reformulados y ahora cuenta con más cacao, frutas y han reducido el azúcar.

Aunque la industria modifica constantemente sus productos, en Chile, Perú y México, países que cuentan con sellos de advertencia en sus alimentos y bebidas empaquetados han vivido un proceso de reformulación acelerado a diferencia de otros países.

En el caso chileno, la Ley de Alimentos tenía tres ejes: el etiquetado, los productos con sellos no pueden hacer publicidad para infantes y no pueden venderse en las escuelas, “por lo tanto la industria cuando la ley comenzó a diseñarse y luego se implementó, ha estado pensando como evadir estos sellos y así poder hacer publicidad dirigida a niños porque es un grupo grande de consumidores e impactan en lo que se compra en los hogares y también cómo venderlo en las escuelas porque ahí tienen un público asegurado”, dice la doctora Lorena Rodríguez Osiac de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile.

La investigadora reporta que en Chile la implementación de la ley está cercana al 100 por ciento:

“a los seis meses de haberse implementado cerca del 75 por ciento de los productos ya contaban con sus sellos, no se vendían en las escuelas y la publicidad ha cambiado drásticamente”.

En Perú, a la entrada en vigor el 20 por ciento de la industria había reformulado, Jaime Delgado fundador de la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (ASPEC) explica que la ley peruana busca la promoción de la alimentación saludable para niños, niñas y adolescentes, pensando en esta población se diseñó una reglamentación que obliga “que si un producto tiene sello se deberá consignar en toda forma de publicidad” ya sea en radio, televisión, espectaculares o digitales.

Además de informar, los octágonos negros en los alimentos tienen como objetivo desincentivar su consumo y así ha ido sucediendo. Un estudio realizado en Lima, Perú, mostró que el 37 por cientos de los entrevistados dejó de comprar productos con sellos.

En Chile, la evidencia muestra que la gente en un 50 por ciento busca comprar menos alimentos con sellos o busca aquellos que no los tienen.

“Lo más valioso con esta ley es que la publicidad cambió y ya los niños no están tan expuestos, el marketing dirigido a ellos bajó entre un 75 y 80 por ciento”, dice la doctora Rodríguez Osiac. En las mismas proporciones cambió el entorno escolar chileno, los avances se dieron con el apoyo de la población, “el 90 por ciento de la gente aceptó que se tomaran estas medidas de cambio estructural y del entorno alimentario para mejorarlos, en especial el de los niños”.

Claudia Nieto, del Centro de Investigación en Nutrición y Salud dice en el poco tiempo que lleva está medida en México se ha detectado que:

“está disminuyendo la cantidad de sodio y azúcar en cereales, galletas y botanas, lo cual, a corto plazo, es un buen indicador. Si se compara un vendido en México con uno igual vendido en Europa, el mexicano tiene más azúcar o sodio”.

Los productos con edulcorantes deben contar con un sello de advertencia para evitar el consumo en niños y niñas.

Reformulaciones no saludables

De inicio, estas son buenas noticias. Sin embargo, Nieto explica que:

“puede haber reformulación saludable y no saludable. Una saludable es que añadieran granos enteros al producto o proteína. Pero probablemente veamos más aditivos en los productos para seguirle dando esas características organolépticas”.

La doctora Rodríguez Osiac explica que en Chile la reformulación se enfocó principalmente en reducir sodio y azúcares:

“Se han cambiado azúcares por edulcorantes no calóricos, no nutritivos, el sodio se ha cambiado por sales de potasio o se ha eliminado. En el caso de las grasas saturadas no hay mucho cambio, en algunos casos se dan por almidones”.

A diferencia de México, Chile no impuso un sello a edulcorantes porque:

“no era factible pensar en algo más duro todavía de lo que ya fue en esa época, nadie en el mundo lo había hecho. La industria se resistió argumentando que seríamos conejillos de Indias, que no había evidencia. No fue fácil llevarla adelante, fue muy complejo. En ese momento poner un etiquetado de advertencia sobre edulcorantes se corría un gran riesgo de hacer caer la ley”.

Tampoco lo hizo Perú, Jaime Delgado cree que es algo que se debe corregir, pues hoy hay estudios que encuentran que los edulcorantes parecen no ser tan benéficos. Por ejemplo, hay indicios de que su consumo está asociado a un mayor índice de masa corporal, o que su consumo puede cambiar los tipos de bacterias que se encuentran en el intestino y esto se asociacia con una regulación deficiente de los niveles de glucosa; o que puede afectar el peso del bebé si lo consume la mamá durante el embarazo; o que en personas con obesidad sus niveles de insulina aumentan considerablemente; también hay indicios de que podrían acelerar la aparición de diabetes mellitus tipo II o de enfermedades cardiovasculares.

Investigadores consideran que aún hace falta estudiar más los edulcorantes y en periodos largos para conocer sus efectos. Debido a esa incertidumbre, en México se estipuló un sello adicional “contiene edulcorantes, no recomendable en niños”.

Nieto dice que la NOM estará en constante revisión y también se:

“consideraron las reformulaciones negativas, por eso están incluidos los edulcorantes, tomando en cuenta la experiencia de Chile, porque no sabemos qué puede pasar en un consumo de largo plazo de edulcorantes. Pero si hay casos como la sucaralosa que se relaciona con una disminución de resistencia a la insulina. Igual la sacarina, que tiene desenlaces en el metabolismo de la glucosa”.

Comida natural ante todo

Lorena Rodríguez cree que “la industria en realidad no estaba tan preocupada por Chile, porque es un mercado muy chiquitito, sino que estaba preocupada por este efecto dominó en la región y eventualmente así ha ocurrido”. Actualmente, los diputados argentinos discuten adoptar la medida.

La investigadora considera que:

“la industria se tiene que adaptar y tiene que bajar nutrientes críticos intentando su reemplazo por nutrientes naturales, no aumentando los aditivos, que finalmente te dan un sabor a algún ingrediente que no tienen. Mi esperanza es que la industria aumente los productos naturales y menos los aditivos, pero esto implicaría que aumentarían los costos y que caería la venta”.

El gran riesgo:

“es que se sigan inventando aditivos que no estén prohibidos en las regulaciones o incluidos en los sellos y que terminen consiguiendo el mismo sabor y la misma consistencia y entonces sigamos sin consumir productos naturales, sino muy procesados y además sin etiquetas”.

Así que la solución es:

“tener políticas públicas que apoyen los entornos alimentarios para que sean más saludables, que haya oferta de alimentos frescos y naturales, que estén a un precio asequible para la población y que estén disponibles siempre en todo momento y en todo lugar y no solamente para algunos privilegiados”. Pero también que se subsidien a los pequeños productores y lleguen a los consumidores sin intermediarios y así mejoren sus condiciones productivas, sugiere la experta en nutrición. “Esas son políticas públicas que van más allá de una campaña de come frutas y verduras”.

Jaime Delgado reflexiona:

“por algo esta propuesta ha generado tanta reacción por parte de la industria, acá presionó políticos, Keiko Fujimori solicitó la cabeza de la ministra de salud porque no querían los octógonos. Entre 70 y 80 por ciento de la población ha cambiado sus hábitos de consumo, pero nosotros lo que debemos hacer es fomentar la alimentación saludable y ésta no está en los productos empaquetados, está en los productos naturales, en la comida tradicional”.

Claudia Nieto sugiere que se revise que no tenga los sellos de advertencia, pero “también es importante voltear el producto y ver la lista de ingredientes, mientras más ingredientes menos saludables”.

Y celebra lo ganado hasta ahora, pues en tan poco tiempo “ya han cambiado la composición nutrimental, quiere decir que si se podían hacer cambios y no se hacían antes del etiquetado, estamos viendo un cambio que no se veía en 15 años”. Y este es uno de los primeros logros de los sellos.

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Este trabajo fue realizado por el equipo de POPLab. Lo reproducimos con su autorización. Aquí puedes consultar la publicación original.

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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