Educar para la paz

6 diciembre, 2020

En pie de PAZ

Por Carmen Chinas / @carmenchsa

El contexto de la pandemia ha puesto en evidencia profundas desigualdades sociales; no es que antes pasara desapercibido que vivimos en un sistema económico que propicia la exclusión de las mayorías y el reparto desigual de la riqueza, pero aspectos como la precarización laboral, incremento a la violencia en el hogar y la ausencia de condiciones para mantener el ritmo en materia educativa en su modalidad a distancia se han visibilizado de manera notoria. 

El impacto de la pandemia en la educación ya se ha valorado en algunos informes, UNICEF recientemente publica “Educación en Pausa” en donde alerta que una generación de niños y niñas en América Latina está perdiendo la escolarización por la epidemia de Covid-19. Entre los datos más importantes señala que la matrícula podría disminuir debido a la pérdida de empleos y medios de subsistencia, pues muchas madres y padres no contarán con los recursos necesarios para el gasto del regreso a la escuela de sus hijos. 

UNICEF informa que se ha incrementado la cantidad de niños y adolescentes que debido a la pandemia no reciben ningún tipo de educación ni a distancia ni presencial (del 4 al 18% en los meses de la pandemia). Los datos que han analizado indican que ¾ partes de los niños y adolescentes que están inscritos en educación privada han podido continuar con las actividades escolares a distancia, pero en el caso de la educación pública sólo el 50% pudieron hacerlo. 

Para el caso concreto de México, las encuestas realizadas revelaron que el 38% de los niños y adolescentes que continuaron estudiando en casa lo hicieron a través de un teléfono móvil, el 32% por la televisión y que sólo el 40% de los hogares mexicanos señalaron tener una conexión a internet permanente. 

Se alerta sobre las condiciones del regreso a clases en Latinoamérica, pues con un solo indicador se puede observar la carencia de un elemento fundamental para volver de forma segura a la escolarización: “cuatro de cada diez escuelas carecen de instalaciones básicas donde puedan lavarse las manos”. 

Para un regreso seguro a clases UNICEF establece algunas premisas a considerar: 

  1. El mejor interés para niños, niñas y adolescentes, pues la reapertura debe valorar riesgo a la salud frente al beneficio del aprendizaje presencial. 
  2. Contexto específico de cada región. 
  3. Inclusión y equidad, para atender de manera particular las necesidades de los hogares más vulnerables, los niños y niñas con discapacidad, refugiados, migrantes, comunidades rurales y pueblos indígenas. 
  4. La preparación del regreso escolarizado debe contar con protocolos escolares alineados con las medidas sanitarias determinadas en los países y que las escuelas tengan la capacidad de realizar de manera segura para alumnos y docentes al retornar a clases. 
  5. El entorno de aprendizaje en las escuelas debe ofrecer espacios resilientes que ayuden a niños, niñas y adolescentes a superar la adversidad que se enfrentó durante todos estos meses. 

Para el caso de México, el sistema educativo nacional tiene definido su propósito y orientaciones en la Constitución Mexicana;  una de las reformas más importantes al artículo tercero constitucional se realizó a mitad del siglo 20, después de la posguerra cuando el concierto de naciones establecía que la educación podría ser una manera de incidir en un mundo en el que los ideales de fraternidad, igualdad, justicia y dignidad fueran preceptos clave en una sociedad que demandaba erradicar la amenaza de una nueva guerra mundial; después de los ochenta, la mayoría de los modelos educativos latinoamericanos fueron orientados a las necesidades del mercado y se dejaron de lado esos anhelos o principios para orientar el propósito de la educación en  conseguir la mano de obra que el modelo económico demandara. 

De manera reciente, el contenido que orienta la educación en México volvió a ser modificado (mayo 2019), fortaleciéndose los principios humanistas que ya se encontraban presentes en el tercero constitucional, agregándose perspectiva de género, enfoque de derechos humanos, cultura de paz, interculturalidad, equidad e inclusión; pero la pandemia también puso en espera los cambios en los planes y programas educativos que se implementaron, por lo que esos preceptos que podrían orientar hacia la educacación para la paz y  como medio que contribuya a mejorar la convivencia e incidir en la transformación social en áras del beneficio colectivo se han puesto en pausa. 

A grandes rasgos, el contenido constitucional que orienta la educación para la paz es el siguiente: fomentar en las personas el respeto a todos los derechos, las libertades, la cultura de paz y la conciencia de la solidaridad internacional; contribuir a la mejor convivencia humana, propiciando el respeto a la naturaleza, la diversidad cultural, la dignidad de la persona, la integridad de las familias, la convicción del interés general de la sociedad, los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos; evitar los privilegios, luchar contra la ignorancia y sus efectos como son las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios. 

El reto de México no es sólo garantizar un regreso seguro a clases en términos de salud, también se debe instrumentar ese proceso que quedó pendiente: transverzalizar el contenido de los preceptos que orientan el sistema educativo nacional en los planes y programas de estudio de todos los niveles educativos a la par de la formación docente necesaria para que sea posible. 

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En pie de paz

Es una columna colaborativa que busca colocar en el debate público la relevancia de la cultura y educación para la paz. Esta columna es escrita por Tzinti Ramírez, Carmen Chinas, Laura López y Darwin Franco.

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