Bendita tú

12 diciembre, 2020

La Hilandera

Por Rosario Ramírez / @La_Hilandera

Ilustración: María Raquel Ferrer

Para Claudia.

El 4 de noviembre, dándome una vuelta por Facebook, encontré un escrito de Claudia que comenzaba con una frase muy potente: La historia de mi útero se escribió en rojo”. 

Desde hace varios años, un poco de manera fortuita y otro poco por un interés que después derivaría en una investigación doctoral, he estado cerca o he formado parte de círculos de mujeres, algunos de ellos asociados a la versión feminizada de tradiciones y prácticas espirituales no hegemónicas, y otras veces en espacios que se acercan más a un aquelarre o a uno de esos círculos de conciencia que las ancestras feministas realizaban para repensar y recrear su espacio en este mundo. 

Uno de los muchos elementos que forman parte de los rituales en estos círculos es el útero, un útero tanto simbólico como de carne que es capaz de unir, de crear, de concentrar energías, de contenernos a todas. Y antes de que me tachen de esencialista o de algún otro elegante adjetivo, sepan que para muchas mujeres el significar su cuerpo, el aceptarlo, el vivirlo, el gozarlo, el ritualizar sus ciclos, sus creaciones y decisiones ha sido una gran fuente para reconocerse, para construir una forma amable de habitarse y también una vía de empoderamiento. 

Seguí leyendo el post y, como suele pasar cuando uno escribe desde la entraña, también me vi en su relato. Me vi a los nueve años, igual que Claudia, pidiendo un tiempo más para ser niña, escuchando que había que cuidarse de algo que no comprendía, procurando no mostrarle al mundo que “ya era una mujer” aunque lo soy desde mucho antes. Claudia y yo compartimos ciclos hormonales complicados, dolorosos, con frazada, bolsa caliente y paracetamol. Compartimos la preocupación de los posibles embarazos y también el gozo cuando supimos que sus hijos venían en camino. Ella es, para mí, la encarnación de esa frase que reza “la maternidad será deseada”, porque la suya lo es, y como decidido fue el despedirse de manera ritual de ese espacio físico que gestó a sus hijos y que Claudia describió como un espacio de vida, de experiencias, de alegría, de preocupaciones: “todas rojas, todas vivas”. 

Nos reunimos un jueves en una de esas plataformas digitales que ahora nos permiten conectarnos con otr@s, aunque en un mundo paralelo estábamos todas juntas, en círculo, listas para el ritual, para escucharnos y para abrazarnos. Lloramos y reímos equilibradamente, pero sin reserva, agradecimos a Claudia por juntarnos, por su valor, por abrir brecha con esta y con muchas otras decisiones de las que hemos sido parte, agradecimos por sus hijos, por su vida, por su fortaleza. Le dijimos que todo iba a estar bien, que estaríamos ahí. 

Mucho de lo ocurrido esa noche se me quedó en la memoria, y una de las frases que se repitió fue “bendita tú”, seguido de una lista precisa de preocupaciones que ya no serán parte de la ecuación mensual, pero reconociendo y bromeando con aquellas que vendrán. Bendita tú, entre todas las mujeres, como dice el rezo. Bendita tú que has decidido ser madre en tu versión y a tu modo, y que acompañas y apoyas a aquellas que no hemos querido serlo. Bendita tú que has librado batallas aún cuando el cuerpo no se pone de tu lado. Bendita tú que decides, que ejerces, y que siempre buscas que otras decidamos y ejerzamos. 

Este círculo fue un aquelarre, un espacio para despedir y dar la bienvenida, para reforzar un lazo que nos une a todas aún en distancia, fue una celebración al privilegio de poder elegir y hacerlo en y por salud, fue una apuesta por la plenitud y por la vida. Fue decirnos a nosotras mismas que somos más que un útero funcional y un periodo reproductivo, fue un mensaje claro y contundente, como todos los que, como buena norteña, nos ha dicho Claudia desde que me acuerdo.

Ojalá todas tomáramos estas decisiones acompañadas, seguras, amadas. Ojalá habitarnos y transitar por estos cambios sea siempre como se nos dé la gana y en las mejores condiciones. Ojalá que cuando me llegue la menopausia, sea por edad o por alguna decisión como esta, siga teniendo la capacidad de “perrear hasta el suelo” con mis seres amados al lado -o del otro lado de la pantalla-. 

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La Hilandera

Rosario Ramírez Morales Antropóloga conversa. Leo, aprendo y escribo sobre prácticas espirituales y religiosas, feminismo y corporalidad.

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