No fallamos

15 enero, 2021

La Calle del Turco

Por Èdgar Velasco / @Turcoviejo

El final de la historia del general Salvador Cienfuegos estaba tan cantado que ayer nadie se sorprendió cuando, a través de un tuit, la Fiscalía General de la República anunció que se había determinado “no ejercer acción penal” en su contra porque concluyó que “él no sostuvo encuentro ni comunicación con grupo delictivo alguno”.

Vamos, que todo mundo sabíamos lo que iba a pasar, pero creo que nadie se imaginó que la exoneración del general iba a ocurrir de manera tan insípida como anticlimática.

Cuando Cienfuegos fue detenido el 15 de octubre en Estados Unidos, los corifeos de la 4T salieron raudos y presurosos a reclamar para sí la victoria —¿se acuerdan del tuit de John Ackerman? Aunque la detención ocurrió en Estados Unidos, vociferaban que era una prueba fehaciente de que gracias a López Obrador se habían acabado la corrupción y la impunidad y la complicidad con el crimen organizado.

Después, cuando luego de muchas negociaciones se logró que la justicia estadounidense enviara de regreso a México a Cienfuegos en noviembre, otra vez los corifeos salieron a vociferar que era una muestra del respeto a la soberanía nacional. Además, el caso estaba tan amarrado que era imposible que el militar escapara del largo brazo de la ley¿se acuerdan de la declaración suicida de Marcelo Ebrard? Anoche, luego de que por fin se concretara el final más anunciado de la historia, los corifeos brillaron por su ausencia, aunque no faltó algún valiente que intentó rescatar el honor de la 4T. El intento, sobra decirlo, fue lamentable y patético.

A lo largo de los largos 18 años que López Obrador duró en campaña, una de sus promesas era que las fuerzas armadas regresarían a sus cuarteles. “Abrazos, no balazos” se convirtió en una de sus frases más populares en el proceso electoral que terminaría llevándolo a la silla presidencial. Sin embargo, una vez llegado al poder, lo que el político tabasqueño ha venido haciendo no es más que apuntalar el poder que han ido ganando las fuerzas armadas desde la administración de Felipe Calderón.

En continuidad con sus dos predecesores, o incluso peor, Andrés Manuel les dio a los militares el aeropuerto de Santa Lucía y a la Guardia Nacional, les entregó el control de los puertos y las aduanas, los bancos del Bienestar, una parte del Tren Maya. Y, obviamente, todas estas tareas implican más recursos: según publicó Grupo Reforma hace unos días, este año la Secretaría de la Defensa Nacional recibirá 112.5 millones de pesos, cifra que representa el presupuesto asignado para otras ocho dependencias juntas.

Con estos antecedentes, ¿de verdad alguien fue tan ingenuo para suponer que la Fiscalía General de la República es autónoma y que López Obrador no tuvo nada que ver en la decisión de no tocarle un pelo a Cienfuegos? Ay, por favor. Lo escribí hace un par de meses: lo único que falta es que anuncien un homenaje y un acto público de desagravio.

Aunque más de un miope insiste en afirmar que el gobierno de López Obrador es de izquierda —lo que sea que eso signifique en un país como México donde los políticos cambian de perfil e ideología según su conveniencia—, lo cierto es que el romance del presidente con las fuerzas armadas se parece mucho al idilio que suele acompañar a los regímenes fascistas. Al parecer sin darse cuenta —o premeditadamente, lo que es peor—, lo que está haciendo López Obrador es sentar las bases para la consolidación de un Estado militarizado que terminará servido en bandeja de plata al primer líder de extrema derecha que logre articular más de dos frases juntas. Ejemplos sobran.

A todo lo anterior hay que sumar reciente ofensiva contra el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (el Inai, pues), cuya desaparición sería verdaderamente lamentable. ¿Se imaginan un Estado que concentre todos los recursos, se los dé a los militares y luego esconda la información? Bueno, para allá vamos.

Pero todo esto son meras especulaciones —por ahora. En este momento lo lamentable es que Salvador Cienfuegos fue exonerado, y lo más triste es que todos sabíamos que iba a pasar. Y no fallamos.

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La calle del Turco

Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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