¿Cultura?

La Calle del Turco

iPor Édgar Velasco / @TurcoViejo

Ilustración: Abby Ariscopata

El pasado miércoles Giovana Jaspersen hizo pública su renuncia a la titularidad de la Secretaría de Cultura de Jalisco (SCJ). Atrabancado que soy, publiqué en mi cuenta de Twitter: “Renunció la titular de Cultura más mñé en la historia de la Secretaría de Cultura de Jalisco. Y miren que la competencia ha estado reñida”.

Aunque el tuit no pretendía ser una evaluación del desempeño de Jaspersen al frente de la dependencia estatal, de inmediato vinieron a enmendarme la plana. La periodista Alejandra Carrillo me respondió que, desde su perspectiva, la ahora extitular de la SCJ “es la más polémica y la única que sí estudió para ejercer un puesto así”. Por su parte, el también periodista Jorge Pérez me hizo saber que “es encomiable el aumento en la cantidad de eventos que se realizaron fuera de la zona metropolitana, además de la búsqueda por tener actividades más incluyentes. ¿Eso es mñé? No lo creo, pero bueno”.

Reconozco, como le contesté llegado el momento a Jorge, que emití un juicio arrebatado y carente de toda ecuanimidad. A decir verdad, toda la información que tuve de la gestión de Giovana Jaspersen al frente de la SCJ vino de comentarios que, en diferentes momentos y por diversas vías, iba pescando al vuelo. Casi todos hablaban de una cerrazón de una dependencia que más bien se mostraba reacia a atender a la comunidad cultural. Al menos a la del área metropolitana. La puntilla vino con la pandemia y el confinamiento: las quejas —porque hay que decirlo, siempre vi el nombre de Jaspersen asociado a quejas y más quejas— tenían que ver con la falta de apoyos a la comunidad cultural, una de las más golpeadas por el confinamiento y las medidas sanitarias. La nota publicada por Rebeca Pérez Vega en Mural me parece bastante ilustrativa sobre el desempeño de Jaspersen y las cosas que dejaron de existir durante su breve administración.

En su carta de renuncia, dirigida a Enrique Alfaro, la exfuncionaria deja claro el motivo principal de su salida de la dependencia: “El histórico recorte presupuestal que impide seguir el camino trazado”. La cifra del recorte asciende a los 221 millones de pesos. Independientemente de las filias y las fobias que pudo haber suscitado la figura de Giovana Jaspersen desde su nombramiento, sin dinero no se pueden hacer las cosas. Ya no digamos bien o mal: no se puede hacer nada. La renuncia de Jaspersen —la primera en toda la historia de la dependencia estatal— es también una declaración de principios: “Es imperioso para mí estar donde pueda sumar más y de la manera más digna y profunda”. El gobierno de Jalisco no es ese lugar.

Lo ideal sería que al frente de la SCJ llegara un perfil que logre administrar la carestía y reconstruir el diálogo con la comunidad cultural. Al relevo de Jaspersen fue llamada Susana Chávez Brandon, quien fungía como directora del Instituto Cultural Cabañas y donde ha realizado una discreta labor por las mismas razones: falta de presupuesto y crisis sanitaria. Conozco de primera mano el interés que ha puesto en la recuperación, conservación y resguardo del archivo histórico del hospicio Cabañas, por ejemplo, y venía trabajando en perfilar las exposiciones del recinto. Ahora es la encargada de despacho de la SCJ y no son pocos los que aseguran que será ratificada como titular de la dependencia. Yo creo que no.

Independientemente de lo que ocurra con la dirección de la SCJ, lo que queda claro es que al gobierno de Enrique Alfaro, y a los gobiernos de Movimiento Ciudadano en general, les tiene sin cuidado la cultura. Entre los comentarios que respondieron a mi tuit apareció también el nombre de Violeta Parra, la encargada de la Secretaría de Cultura de Guadalajara, quien fue criticada por la invisibilidad de su trabajo. Pero vamos: si Ismael del Toro es el hombre invisible al frente de la alcaldía, ¿qué podemos esperar de sus subordinados?

La cultura es un tema para saludar con sombrero ajeno. Siempre que se habla de Jalisco se presumen sus muralistas, sus escritores, sus músicos, sus dramaturgos; se presumen sus recintos, sus museos. Cada que va a haber elecciones los candidatos se reúnen con representantes de la comunidad cultural —en una cantina como La Mutualista, de preferencia— y se les reitera que la cultura será un eje de desarrollo. Hasta graban spots publicitarios con teatreros y músicos.

Pero la historia siempre se repite: una vez ganada la elección, el presupuesto de cultura es visto como un botín. Los recintos ven reducidos sus presupuestos y comprometida su operación, sin margen para innovar.

¿Se imaginan que el presupuesto que gasta Enrique Alfaro en difundir su imagen se destinara al sector cultural? ¿Que la inversión en los bots de Indatcom, en las campañas de Euzen, en los videos de La Covacha se destinara a la cultura? ¿Cultura? ¿Qué es eso?

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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