Yo no quería molestar

Columna MAROMA

Por Jhoanna Manríquez, Integrante de Maroma: Observatorio de Niñez y Juventud

Un relato de Tamara, alumna de Ingeniería Mecánica.

Desde chiquitita aprendí que lo mejor era no importunar a los mayores. Estar en el lugar donde me dejaban, mirar la televisión por horas, guardar silencio, no opinar, es de las muchas cosas que fui aprendiendo por mi cuenta.

Es por eso que no le conté a mi mamá que mi primer beso me lo dio mi tío que tenía como 10 años más que yo cuando tenía más o menos 6 años, pensé que me iba a regañar. Por fortuna no volvió a pasar y no tuve que pasar por esa incomodidad otra vez.

Tampoco dije nada cuando me cambié de primaria tres veces por distintas razones, no dije nada de lo incómoda que me sentía, de lo difícil que era para mí adaptarme a esos nuevos ambientes una y otra vez. No me quejé cuando en la escuela me decían: “Tamara frente de bocho”, ni cuando Lupita tuvo a bien decirle a mi mamá que un niño me molestaba, pero ese niño en realidad era mi amigo y nunca más supe de él.

Mucho menos cuando me eligieron para la selección de voleibol porque tenía estrictamente prohibido anotarme a cualquier actividad extracurricular; el problema fue cuando tampoco le dije a la maestra que no podía ir a competir a la otra escuela porque coincidía con el bautizo de mi primita y mi madre me iba a arrancar la cabeza a desgreñones, bueno, la consecuencia fue que la maestra estuvo dándome un sermón de media hora por mi falta de compromiso y tampoco tuve nada que decir.

No pude decir nada cuando empecé a crecer y a los 12 años, el tipo repartidor de agua me dijo barbaridades, o cuando el muchacho de la bicicleta se tomó la libertad de tocarme un seno o todas las veces que me pasó eso en el camión.

Y así con tantas cosas que ya no recuerdo.

Ahora tengo amigas que me dicen que lo que digo y siento es válido, que me apoyan. Veo a las chicas feministas rayando y gritando: “YA BASTA” y me gustaría poder ser como ellas, poder gritar, no tener miedo de molestar e incomodar.

Sólo me queda intentar hacer que mis sobrinas, mis primas adolescentes se sientan acompañadas, validadas, y que sepan que no están molestando, ni incomodando, que están existiendo y que importan muchísimo, que su opinión es tan necesaria porque estas experiencias nos enseñan a vivir.

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Maroma es un observatorio de la niñez y la juventud. Somos un grupo interdisciplinario de personas involucradas en los sectores académicos, comunitarios, públicos y privados con fines de gestión y bienestar para la niñez y juventud que busca incidir en políticas públicas y movimientos sociales con un enfoque de innovación social.

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