Impertenencia / impertinencia

24 febrero, 2021

Columna MAROMA

Por Karina Casillas, integrante de Maroma: Observatorio de Niñez y Juventud

Para y en acompañamiento con Red 4G 

«A los 10 años según la tabla de peso y talla ideal se debe medir 1,32 metros y pesar 28,35 kilos. Seguramente yo pesaba más que eso. Nunca supe mi tamaño en peso, yo lo conocía más bien en caras de reprobación de la gente y en insultos por parte de mis compañeros de la escuela, cuando se tiene diez años, lo ideal es estar en quinto de primaria, aprender sobre los liberales y conservadores, las fracciones, encontrar tus gustos musicales y pesar 28 kilos”.

«Esa niña no cabe en la banca» fue lo primero que escuché cuando llegué a la nueva escuela, ni siquiera me había sentado. Sentí pavor hacerlo, me quedé fijamente mirando la banca, ¿qué pasaba si ellos tenían razón? Ni siquiera pude explicarle a la maestra, por qué ella solo me miro aguantándose la risa y subió los hombros como diciendo, «tú te lo buscaste», así que me senté en la banca, sintiéndome tan sola, y si, sí cabía en la banca.

«Ellos, los otros niños, no paraban de repetir eso, de insultarme, llamarme gorda, cochino, mover su cuerpo como si mi movimiento les hiciera temblar, hacer sonido de animales. Mientras todos en coro lo hacían, note que mi cuerpo empezaba a crecer más, y más, y más, ya no era como lo conocía, su volumen aumentaba al coro de sus gritos y cada qué crecía me dolía más, ya no lo quería, no era mi cuerpo, no el que yo conocía, era el que ellos decían, y así sin más dejé de caber en la banca y en mí. «

La gordofobia es un tema que aún es tabú en la actualidad, en la cultura mexicana, el insulto a las personas gordas se volvió parte natural del lenguaje, disfrazado de «amor», «cuidado» y jugarrera. Pero, ¿qué pasa realmente con las personas gordas y en específico con las y los niños y jóvenes?

Para escribir este texto, conté con el acompañamiento de mi red Gorda, algo que de niña y adolescentes me hubiera encantado tener. 

«Hablamos de lo diferente de nuestras vidas no con un cuerpo distinto si no con una red y con información más respetuoso y es que la estigmatización médica sobre la obesidad, genera desde muy temprana edad la culpabilidad a las madres y padres de familia, (olvidando la genética o que muchas veces la alimentación está relacionada con economía) y por ende a los y las niñas, teniendo como resultado, desaprobación y la instalación de la cultura de la dieta y los «remedios» para bajar de peso, a muy temprana edad, ocasionando problemas severos como trastornos alimenticios y una relación de culpa con la comida». 

La niñez y la adolescencia son fundamentales en el desarrollo de la confianza y seguridad, así como los acercamientos a nuestros cuerpos y para el o la adolescente gorda se convierten en algo realmente tormentoso, por la desaprobación y el sueño constante a tener un cuerpo hegemónicamente correcto, por que surge ahí el miedo a la soledad, la vergüenza y el odio al cuerpo.

Los estereotipos corporales, están presentes desde siempre, en los medios de comunicación y lo que nos rodea, visiones que desde el adultocentrismo nos imponen las metas a alcanzar o dando como «Esperanza» el crecimiento para componer el cuerpo, como si fuera un reloj o como si de niños o niñas, no nos correspondiera, empoderar, pero sobre todo apropiarnos de nuestros cuerpos es una tarea que en acompañamiento debe instalarse como parte de nuestro desarrollo. 

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Maroma es un observatorio de la niñez y la juventud. Somos un grupo interdisciplinario de personas involucradas en los sectores académicos, comunitarios, públicos y privados con fines de gestión y bienestar para la niñez y juventud que busca incidir en políticas públicas y movimientos sociales con un enfoque de innovación social.

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