“El pacto” para dummies (o necios)

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

Otra vez se le torció la boca Andrés Manuel López Obrador y otra vez se fue de bruces y sin meter las manos. El presidente volvió a demostrar que en el tema del feminismo está más perdido que Cristóbal Colón buscando las Indias y no sólo eso: reiteró lo que todo mundo conocemos de sobra: no sabe escuchar.

Ayer, durante el monólogo diario, perdón, la mañanera, López Obrador dijo que le había preguntado a Beatriz Gutiérrez Müller, su esposa, a que se referían las personas, específicamente las mujeres, cuando le invitaban —conminaban, exigían— romper “el pacto”. Una de dos: o Gutiérrez Müller explica muy mal o el presidente no entiende—o no quiere entender. Resulta que, según lo dicho en la mañanera, Beatriz le dijo a Andrés que romper el pacto patriarcal significaba que debía “dejar de estar apoyando a los hombres”. Fiel a su costumbre, trató de salirse por la tangente haciendo un ¿chiste? y dijo que sí estaba rompiendo el pacto “por México” y “el de silencio” sobre los hechos de Ayotzinapa (entran risas de Salvador Cienfuegos grabadas). Pero, ¿el otro pacto? “¡No!”, exclamó, para luego decir que eso de romper el pacto era una expresión exportada , además de una serie de barbaridades rematadas con una autoproclamación humanista.

Desde que López Obrador se montó en la defensa de la candidatura de Félix Salgado Macedonio circula en las redes sociales el hashtag #RompeElPacto, alimentado sobre todo por mujeres que exigen no que el presidente “deje de apoyar a los hombres”, como dice que le dijo Beatriz Gutiérrez, sino que deje de ponerle el hombro a Salgado Macedonio, quien fue premiado con la candidatura para competir por la gubernatura de Guerrero aun cuando tiene cinco acusaciones de abuso sexual. No se trata, pues, de que López Obrador ya no apoye a nadie sólo por tener pene, sino sólo a aquellos que aprovechan el poder y la inmunidad que les confiere un cargo público para aprovecharse y abusar —o violar— impunemente. (Y aquí me permito hacer un paréntesis: tienen razón los que alegan que Félix Salgado Macedonio tiene derecho a la presunción de inocencia y que su candidatura es legal porque no hay una condena en su contra. Pero también les pregunto: ¿y sus clases de ética, amigues? Recuerden que no porque una cosa sea legal es éticamente aceptable. Y si no podemos aspirar a funcionarios públicos que se conduzcan con ética, ¿entonces qué chingados?)

Aunque muchos lo adoren y otros lo detesten, López Obrador no es el único que no entiende en qué consiste el pacto patriarcal. Hemos nacimos en él, crecimos en él, hemos sido formados en él y prácticamente todo lo que gira en torno a nosotros lo refuerza y afianza. Me recuerda, vamos, a la anécdota inicial del célebre discurso “Esto es agua”, de David Foster Wallace: «Están dos peces nadando uno junto al otro cuando se topan con un pez más viejo nadando en sentido contrario, quien los saluda y dice: “Buen día, muchachos. ¿Cómo está el agua?”. Los dos peces siguen nadando hasta que después de un tiempo uno voltea hacia el otro y pregunta “¿Qué demonios es el agua?”». Líneas más adelante, agrega el escritor: «Las realidades más obvias e importantes son con frecuencia las más difíciles de ver y sobre las que es más difícil hablar».

Si usted, amigo lector, también se pregunta qué es el pacto patriarcal pero no tiene una Beatriz que le explique, le comparto algunas pistas que me han ayudado a darme cuenta de qué se trata. Pregúntese: ¿He consumido ese porno que trata a la mujer como un objeto y presenta el dolor y la humillación femenina como la cúspide del placer? ¿He participado en ese grupo de WhatsApp donde circulan fotos y videos y chistes misóginos, siendo mudo espectador, pero espectador al fin? ¿He defendido a Fulanito porque sí, es un patán y golpea a su pareja, pero es un buen amigo? ¿Me escudo en el argumento de “No todos los hombres somos así” para desentenderme de los temas relacionados con la violencia de género? ¿Solapo, tolero o justifico las acciones machistas de otros hombres porque sé que siempre habrá alguien que solape, tolere y justifique las mías? Claro que la respuesta es sí: así crecimos. Reconocerlo es un paso. Antes de criticar o descalificar al feminismo, que su lucha está haciendo por sus medios, como hombres bien haríamos en revisar a conciencia nuestra forma de conducirnos por la vida.

Amigo, date cuenta: eso es el agua. Ese es el pacto. Eso hay que romper.

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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