He was disappeared / He disappeared (Fue desaparecido / Desapareció).

3 marzo, 2021

#HastaEncontrarlos

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Con estas historias espero hacer un cambio en la conciencia de audiencias a nivel internacional, ayudándoles a entender la naturaleza de las desapariciones, a empatizar con las víctimas y sus familias, y a ser movilizados a la acción.
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Por Hunter Johnson @ObDesaparicion

Mientras creaba los subtítulos en inglés para mi proyecto documental (que consta de dos cortometrajes), algo bastante peculiar sucedió: mi computadora intervino. “Fue desaparecido”  (He was disappeared) no es gramáticamente correcto, me dijo. Las palabras se autocorrigieron a “Desapareció” (He disappeared). Ciertamente debí haber cometido un error, mi computadora asumió.

Las personas son desaparecidas” (People are disappeared) tampoco es precisa, asume, cambiando las palabras a “Las personas han desaparecido” (People have disappeared). Al traducir las palabras pronunciadas por las protagonistas de mi proyecto documental -familiares de personas desaparecidas, comisionadas estatales de búsqueda y periodistas independientes-, la computadora corrige continuamente mi “pobre” gramática. Y así, debo cambiarlo de nuevo; debo devolverlo a la forma en que ellas, las protagonistas, habían pensado cuando me compartieron sus verdades.

¿Pero por qué? ¿Por qué mi ordenador no puede entender lo que significa desaparecer? Porque, según el idioma inglés, desaparecer se define más comúnmente como una ocurrencia fortuita que le sucede a alguien, no un acto malicioso que una persona comete contra otra.

En este proceso aparentemente inofensivo de autocorrección de las palabras, mi computadora hace involuntariamente algo mucho más siniestro: elimina toda responsabilidad por la acción. Mi computadora asume que no hay un perpetrador detrás de las escenas que representan esta grave violación de los derechos humanos. Asume que este horrible crimen no es un patrón desenfrenado dentro de un contexto violento en México, caracterizado por la expansión del crimen organizado y la corrupción gubernamental. Supone que no hay decenas de miles de familias que se dedican a una búsqueda sin tregua de sus seres queridos desaparecidos y que se movilizan en las calles para exigir respuestas, verdad y justicia.

El malentendido de mi computadora no es diferente a la perplejidad que muchas personas fuera de México experimentan con respecto a la actual crisis de desapariciones en el país. La gente tiende a tener una comprensión vaga y confusa de la naturaleza de este crimen y de la inmensidad de su magnitud. La mayoría ha oído hablar del infame caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, ya que esto dio lugar a una tremenda movilización nacional y desató la indignación en la comunidad internacional. Pero más allá de este atroz crimen, la comprensión pública en torno al tema de las desapariciones es superficial fuera de México.

La curiosidad y el potencial de solidaridad, sin embargo, no lo es.

Durante los últimos tres años, he trabajado con el Observatorio sobre Desaparición e Impunidad en diferentes proyectos. Trabajando con la Directora del Programa de Derechos Humanos, Barbara Frey, en la Universidad de Minnesota, me he unido a un equipo de investigadores para crear una base de datos de artículos de prensa mexicanos sobre desapariciones para estudiar qué información se proporciona al público sobre estos crímenes. También he contribuido a un capítulo de un libro con Leigh Payne de la Universidad de Oxford que explora el uso de imágenes visuales de los desaparecidos como herramienta de poder.

Principalmente, mi papel ha sido el de un narrador. Mientras que la mayor parte de nuestra investigación en la Universidad de Minnesota consiste en grandes cantidades de datos, lo que nos permite una vista de pájaro de los patrones generales de desapariciones, también queríamos complementar esta información con historias personales. Como cineasta y fotógrafo, consulté con nuestro equipo para identificar formas en que el Observatorio Sobre Desaparición e Impunidad puede personalizar y visualizar más su trabajo; añadir una capa de intimidad y narrativa a través de imágenes en movimiento, y ayudar a una audiencia internacional a entender la crisis de las desapariciones forzadas, no sólo como patrones o estadísticas, sino también con verdaderas historias de personas reales con rostros humanos.

A través de nuestras redes con FLACSO México y otras organizaciones mexicanas socias del proyecto estamos conectados a una comunidad extraordinaria de derechos humanos compuesta por personas y colectivos que han dedicado sus vidas a enfrentar las desapariciones. Algunas de estas valientes personas son las protagonistas de mis dos cortometrajes documentales que tienen como objetivo sensibilizar a la comunidad internacional sobre el tema de las desapariciones y destacar la importante labor de personas excepcionales que se enfrentan a esta injusticia.

La primera película cuenta la historia del equipo de Darwin Franco y Dalia Souza, periodistas independientes que trabajan en Zona Docs, un colectivo de noticias con perspectiva de derechos humanos en Guadalajara. Darwin y Dalia llevan a cabo investigaciones en profundidad sobre desapariciones caso por caso, trabajando en estrecha colaboración con las familias y colectivos para buscar la verdad y exigir justicia.

La segunda película trata sobre Sol Salgado, la comisionada de búsqueda en el Estado de México. Sol lidera uno de los equipos de búsqueda más grandes del país y trabaja directamente con colectivos de familiares para detonar búsquedas de gran escala en toda la entidad. Lo hace con gran profesionalidad, dedicación y empatía.

Periodistas independientes, Darwin Franco y Dalia Souza.

Sol Salgado, comisionada de búsqueda del Estado de México.

A lo largo de este proceso de filmación y edición me he encontrado con muchos desafíos: decidir qué contenido excluir cuando cada anécdota tiene un profundo peso informativo y emocional; dar forma a una narrativa que abarque con precisión las dificultades a las que se enfrentan las personas en la búsqueda de sus desaparecidos, pero también contar una historia que no abrume al público y los conduzca a un estado de inacción, equilibrando el sufrimiento de las familias con su incansable fuerza, motivación y dignidad. A pesar de los obstáculos narradores, estoy seguro de que estas protagonistas son excelentes medios a través de los cuales explicar la crisis a los recién llegados al tema, mientras que visibiliza ejemplos admirables de líderes apasionados que son implacables en sus esfuerzos por ayudar a las familias a localizar a sus seres queridos.

Las películas están casi terminadas. Cuando proyecto escenas de ellas al público en los Estados Unidos, la gente queda profundamente absorta en el tema. Se sienten preocupados por las víctimas y sus familias. Están enfurecidas por la impunidad que corre sin disminuir. Están ansiosas por aprender más sobre el propio papel de nuestro país en la crisis y cómo pueden ayudar desde sus lugares. Esta preocupación genuina significa que hay una oportunidad real de informar e involucrar a una audiencia global, ya sea en Internet, en el aula o en eventos de derechos humanos en todo el mundo.

Desde entonces he ajustado mi computadora para no autocorregir por error los subtítulos de las películas. Y con estas historias espero hacer un cambio similar en la conciencia de audiencias a nivel internacional, ayudándoles a entender la naturaleza de las desapariciones, a empatizar con las víctimas y sus familias, y a ser movilizados a la acción. Porque estoy convencido de que una solidaridad internacional más robusta y consiente ayudará a la tarea de localizar a todas las personas desaparecidas, buscar la verdad y la justicia para las familias, y asegurar que estas violaciones no se repitan nunca más.

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Puedes ver los avances de los documentales aquí.

* Hunter Johnson es fotógrafo, documentalista y colaborador del equipo del ODIM en la Universidad de Minnesota.

La versión original de este artículo fue escrita en inglés y puedes leerla aquí.

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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