Una historia de periodistas

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @TurcoViejo

Una versión cursi y romántica del periodismo le describe como el ejercicio de darle voz a los que no la tienen. Aunque desde mi punto de vista es un poco pretencioso —tiene un tufo a heroicidad que nunca he reconocido en este oficio— lo cierto es que muchas veces el trabajo de los reporteros sirve como un altavoz para dar difusión a diferentes injusticias y denuncias sobre cosas que no deberían suceder o que podrían ocurrir de mejor manera.

(Aquí hago un paréntesis para dejar clara de una vez mi posición: me gusta el periodismo callejero y que le da voz a las personas de a pie, lejos de los congresos y las alcaldías y las sedes de los partidos políticos, que muchas veces usan a los medios de comunicación, específicamente a sus trabajadores, como una suerte de correveydile para estarse mandando mensajes y descalificaciones. Ese periodismo no me interesa, aunque existan muchos colegas ávidos por ser contados en el pretenciosamente llamado “círculo rojo”.)

En esta concepción del periodismo que sirve para darle difusión a diferentes causas sociales y denuncias, una de las peores cosas que puede ocurrir es que sean los periodistas quienes se conviertan en protagonistas de las notas, algo que en México ocurre con mucha frecuencia debido al alto número de periodistas asesinados que cada año no hace sino aumentar, aun cuando en los discursos todas autoridades —sin importar el orden de gobierno o el color del partido— siempre se llenan la boca condenando los hechos “enérgicamente”, aseguran que llegarán “hasta las últimas consecuencias” y refrendan su compromiso ineludible con la libertad de expresión. Pamplinas: en un país donde el crimen organizado está enquistado y muchas veces infiltrado en las instituciones de seguridad, la impunidad para los crímenes contra la prensa está garantizada. Ejemplos sobran.

En Jalisco, específicamente en el área metropolitana de Guadalajara, esta semana vimos cómo los periodistas se convirtieron en noticia luego de que el equipo de periodistas encabezados por Víctor Hugo Magaña (@semaforoenambar, en Twitter) diera a conocer un comunicado en el que hacían del conocimiento público que su salida de Noticias MVS Jalisco, ocurrido hace unas semanas, se debía a una serie de presiones desde el gobierno del estado al mando de Enrique Alfaro Ramírez.

En su comunicado, el grupo de periodistas denuncia que su salida del grupo radiofónico estuvo precedida por una serie de quejas salidas de palacio de gobierno, específicamente del área de comunicación social. Como todos sabemos, el gobernador influencer tiene la piel muy, muy delgada cuando de recibir críticas se trata, y al parecer no estaba muy contento con el trabajo de las y los periodistas, de tal modo que desde el gobierno estatal comenzaron a condicionar la compra de espacios publicitarios a cambio de ajustes en la línea editorial del equipo.

Para nadie es un secreto que los medios de comunicación navegan desde hace mucho tiempo en las turbias aguas de la crisis económica, y muchos apenas logran sobrevivir gracias a la venta de espacios publicitarios a las dependencias de los tres órdenes de gobierno. Esto ha generado una dinámica altamente nociva, pues es muy fácil que cuando una autoridad se siente incómoda con la línea editorial de tal o cual medio, decida ahorcarle económicamente retirando su publicidad. “No pago para que me peguen”, dicen que dijo José López Portillo allá por los años ochenta, y desde entonces parece que la frase fue grabada al rojo vivo en las carnes de absolutamente todos los políticos del país. Alfaro Ramírez no es la excepción.

La reacción desde Casa Jalisco y desde las oficinas de MVS Jalisco no pudo ser más lamentable. Los primeros saltaron en voz de Carlos Delgado (@werenito), coordinador general de Comunicación del gobierno estatal, quien salió en defensa de Álvaro González, director de Comunicación Social. “Las decisiones de los medios de comunicación respecto a su línea editorial y sus colaboradores corresponden exclusivamente a sus propios intereses”, escribió en su cuenta de Twitter, y remató con la vieja confiable: “En esta administración se respeta el libre ejercicio de la labor periodística”. (Esta anécdota tuvo un remate monumental cuando, en una entrevista, el periodista Alejandro Almazán hizo memoria para señalar que Carlos Delgado era su proveedor de mota cuando visitaba la ciudad.)

Por su parte, la dirección de MVS Jalisco salió a hacer lo que hemos visto muchas veces: lavarse las manos. Se deslindaron de cualquier relación laboral con el equipo de periodistas. Esto nos da una idea de las precarias condiciones laborales en las que los periodistas realizan su trabajo. Ocurre con demasiada frecuencia que los periodistas denuncian en sus páginas y micrófonos las injusticias que sufren los trabajadores de diferentes ámbitos, al tiempo que ellos mismos las sufren en carne propia. Lo dije alguna vez y lo repito porque nada ha cambiado: la violencia más cruel y despiadada contra los periodistas comienza, muchas veces, en las oficinas de recursos humanos de sus respectivos medios, que los tienen laborando con sueldos precarios, sin prestaciones, sin certezas y con la amenaza de que pueden ser despedidos cuando la pauta publicitaria se vea amenazada. Tampoco somos ingenuos: nadie esperaba que el gobierno estatal o MVS Jalisco reconocieran los hechos. Las cosas nunca pasan así, por el contrario: sirven como pretexto para que los involucrados se proclamen defensores de la libertad de expresión y paladines del ejercicio periodístico.

La anécdota se suma al largo listado de violencias que cotidianamente se ejercen contra los trabajadores de los medios de comunicación y que, en el caso de Jalisco, se han visto recrudecidas con la llegada de Enrique Alfaro a la gubernatura estatal: desde el principio el gobernador no ha tenido empacho en despotricar contra los medios que le critican, acusándoles de manipular la información para vender más. Ya se fue contra El Informador, ya se fue contra El Diario NTR (el “periodiquito”, le dijo alguna vez) y así será contra cualquier medio que tenga una mirada crítica de su gestión. Al final, el gobernador influencer se siente seguro y cobijado con sus videos de redes sociales, donde es apapachado a fuerza de likes pagados con el dinero del erario que se le quita a los medios.

En tanto la sociedad no haga conciencia de la importancia de tener medios de comunicación independientes cuyos periodistas investiguen, denuncien y exhiban las malas prácticas gubernamentales, sus trabajadores, las y los reporteros, seguirán siendo blanco fácil del despotismo institucional y el abuso laboral. Vamos: seguirán afónicos mientras se dedican a dar voz a los demás.

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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