El peligro de hacer politiquería con los feminismos

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Por Érika Adriana Loyo Beristáin / @ErikaLoyoB

No, no se nace siendo feminista, y eso es algo que muchas académicas han dejado evidente en sus textos. Muchas cosas tienen que pasar para que una mujer asuma una posición feminista y muchísimas otras más, hasta que asuma una postura teórico-académica sólida en torno a los feminismos y la defienda desde sus propias convicciones. Asumir el feminismo es un proceso que en muchas de las ocasiones duele porque nos cuestiona y nos reta desde todos los espacios de la vida cotidiana.

Si para que una mujer transite hacia los feminismos tiene que pasar mucho tiempo y muchos eventos en sus vidas, para que un partido político o un actor político(a) asuman las causas de los feminismos en México tendrían que pasar siglos. Hacerlo requiere de congruencia e incluso, de una oferta programática transversada tanto por el enfoque de género como el de derechos humanos, cosa que vemos solo en muy pocos casos en sus agendas legislativas y partidistas.

El tiempo electoral del 2021 nos ha mostrado lo bajo e incongruentes que pueden ser los partidos políticos frente a los problemas, las causas y las luchas de las mujeres en México. De pronto, entramos a un tiempo de campañas en donde el feminismo se ha trivializado y banalizado para trasladarse a ser un instrumento de mercadotecnia política y de fetichismo que nada abona a las causas legítimas de las luchas. Y esa mercadotecnia es la que finalmente termina causando repulsión. Una cosa es que los feminismos se hayan mediatizado gracias a sus luchas y resistencias y otra es que se mercantilice y caiga en llanas politiquerías.

No es el fetiche, no es la camiseta, tampoco es la chamarra en donde se inscribe la palabra “feminista” o en el inglés “feminist” porque suena más chic. Lo que no están entendiendo es que la mercantilización del feminismo obedece al mismo sistema patriarcal contra el que dicen luchar porque se inscribe dentro de las reglas del mercado neoliberal que son, a su vez, las que sustentan el sistema androcéntrico. Y no está mal que se manden a hacer o que se compren una camiseta así, siempre y cuando se asuman como feministas liberales con todo lo que ello implica en estos tiempos en donde el Régimen de Bienestar liberal está siendo tan cuestionado por debilitar la fuerza del Estado y privilegiar al mercado.

El feminismo como estrategia de mercadotecnia política solo genera una sensación de incoherencia, usa el feminismo para obtener votos y al mismo tiempo refuerza estereotipos. Tratar el feminismo como una moda política, es lo mismo que denigrar a una mujer. El valor de los movimientos feministas radica en dos cosas que no tiene la política: coherencia y congruencia. El feminismo es teoría política, movimiento social y forma de vida. Ninguna de las tres son parte de lo que actualmente compone el sistema de partidos, menos las estrategias de campaña que señalan que el Presidente de la República “no rompió el pacto”, como tampoco ellos lo hacen al postular a personajes impresentables o violentadores de mujeres.

Lo ideal sería que escucháramos postulados y ofertas de las luchas feministas en las propuestas y la oferta programática de los partidos políticos así como de las y los candidatos, no que sigan usando los feminismos de forma incoherente y por demás incongruente. Como bien decía Lina Galvéz en su artículo “Manoseando el feminismo”, la mercadotecnia política feminista es una manera de debilitar el propio movimiento feminista y querer seguir manteniendo el mismo orden de desigualdad que existe ahora por medio de una suerte de feminismo neoliberal que busca vender empoderamiento mediante estrategias de consumo, antes que construir autonomía.

Que bien que los feminismos estén en la escena de la mediatización y de la comunicación política, porque ello significa discutirlo, querer informarse, leer y profundizar el conocimiento bien documentado de sus largas y complejas historias. Que mal que está en la escena de los mercadólogos políticos que lo único que hacen es banalizarlo por un voto sin apostar por una verdadera transformación les comprometa de lleno en la construcción de la autonomía de las mujeres: autonomía económica y autonomía de sus cuerpos. Seamos claras y claros.

La mediatización es una enorme bondad de este nuevo proceso revolucionario de los feminismos, la mercantilización es lo que se coloca en la misma esfera de deterioro que nos ha mantenido dentro de las esferas privadas o en lógicas de mercado totalmente desventajosas. Así que estamos a buen tiempo de que cambien sus estrategias. Hagan comunicación política y mediatización de los feminismos, dejen de hacer mercadotecnia y politiquería con ellos.

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Erika Loyo Beristáin Doctora en Ciencias Sociales, Profesor de Tiempo completo del SUV UdG y actualmente Jefa del Centro de Formación en Periodismo Digital. También es Profesora de Cátedra del Tec de Monterrey Campus Guadalajara y miembra del INCIUDADES de la UdG y la Red Tragevic de Iberoamérica.

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