Masiosare, ese extraño enemigo

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

Decir hoy que Jalisco está sumido en una serie de crisis cada vez más agudas es una verdad de Perogrullo. Las personas siguen desapareciendo, los comandos se llevan a jóvenes en grupo, las fosas siguen vomitando cuerpos y el Servicio México Forense permanece rebasado.

Por otra parte, la economía sigue arrastrándose luego de la paliza que le propinó una pandemia que sigue ahí, presente, aunque en las calles parezca que ya todo mundo la olvidó. Por si esto fuera poco, el desabasto de agua sigue afectando a una gran cantidad de personas y, para rematar, los incendios en La Primavera han comenzado a florecer en forma de agaves —para demostrar que no todas las quemas tienen que ver con el desarrollo inmobiliario.

Sin embargo, en medio de este escenario desolador hay una crisis más profunda, más lamentable y más patética porque apuntala y alimenta a las anteriores: la crisis de gobernabilidad. Hoy por hoy el crimen organizado campea en el estado y la impunidad crece porque no hay cabeza en ninguno de los órdenes de gobierno locales.

Resulta particularmente patética la postura que ha asumido Enrique Alfaro Ramírez, quién fiel a lo que ha venido haciendo en su administración, esta semana salió a hacer una de las lavadas de manos más espectaculares de los últimos tiempos: el gobernador influencer, el elegido de bios, el refundador, salió a decir que ni la inseguridad ni el abasto de agua ni la protección de los bosques son su responsabilidad, sino que son competencia del gobierno federal. Vamos, que en un arrebato de súbita e inconsciente sinceridad, Alfaro se ha declarado incompetente.

En uno de esos arrebatos que le caracterizan, el gobernador se deslindó de tres de los temas más importantes de la agenda actual del estado y no sólo eso: desplazó la responsabilidad a la Federación, esa de la que tanto reniega y con la que tiene una relación de contrastes: a veces de abierta confrontación, a veces de rastrera sumisión.

Enrique Alfaro, que en su calidad de candidato era un crítico feroz de las decisiones del gobierno en turno —específicamente de la administración de Aristóteles Sandoval—, hoy parece haber olvidado todo lo que una vez tuiteó el equipo que maneja sus redes sociales. Una búsqueda rápida en Google abre una ventana para ver el comportamiento esquizofrénico del gobernador en todo su esplendor. Para más inri, hace unos días El Informador publicó un excelente cara a cara de Enrique vs. Alfaro para exhibir la manera en que el refundador ha cambiado a conveniencia sus posturas en el tema del agua.

Pero la contradicción de ideas no es la única técnica de lavado de manos que domina el youtuber frustrado. A media semana comenzó a circular un video —ooootro video— en el que Alfaro dio a conocer que los incendios en La Primavera habían sido ocasionados por personas de fuera que lo único que buscan es “dañar a Jalisco”. Tal y como hizo hace un año previo a las manifestaciones por el asesinato de Giovanni López, Enrique ha invocado a la vieja confiable: Masiosare, ese extraño enemigo fuereño y que es culpable de todas las tragedias históricas que le pasan a los mexicanos.

Lejos de asumir las responsabilidades propias del cargo para el que se postuló y para el que fue elegido en las urnas, el gobernador esquizofrénico ha decidido alimentar su discurso de la “defensa de Jalisco”, aunque para ello sea necesario recurrir a enemigos imaginarios y contrincantes de paja.

Por si fuera poco, la narrativa de la vístima, tan enraizada en el gobernador, comienza a dar frutos en su benjamín, Pablo Lemus: a media semana el exalcalde de Zapopan, candidato a Guadalajara y suspirante a gobernador, hizo circular en redes sociales un video —oooooootro video, pinche escuela— para curarse en salud y acusar que “desde Ciudad de México” se iba a dejar venir “una campaña de difamación” para descarrilar su aspiración y “apoderarse de nuestra ciudad”. Santo bios: Masiosare strike back!

¿Y ahora quién podrá ayudarnos? Está claro que Alfaro no: mientras la impunidad impera en el estado, el gobernador prefiere irse a ver el fútbol, felicitar al Canelo o dolerse porque una bicicleta fue vandalizada, como si no hubiera temas prioritarios, exigencias ciudadanas, dolores más profundos.

Pero aquí no pasa nada. Y cuando pasa, todos conocemos al culpable: Masiosare, ese extraño enemigo.

 

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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