Los derechos digitales son derechos humanos

Desde Mujeres

Por Fery Hernández / @botargadeyoda / @DesdeMujeres

‘Tecnopolítica’ como término puede sonar complejo, pero se refiere simplemente a cualquier punto de intersección entre política, gobierno y tecnología. Este concepto como fantasía cyberpunk pareciera esfumarse con la década pasada, cuando la figura de los hackers como caricatura todavía permeaba en el mainstream como una última esperanza ante el dominio del status quo.

Sin embargo, basta con preguntarnos: ¿qué pasaría si de pronto llegase una pandemia global que nos forzara a depender de plataformas que monetizan nuestra información para procurar a nuestros seres queridos? ¿qué sucedería si alguien descubriera un atajo en el algoritmo de las redes sociales para distribuir información falsa que de pronto impulsara a varios candidatos de ultra-derecha alrededor del mundo?

Esta distopía ha sido nuestro pan de cada día durante los últimos 10 años. Este panorama ya es nuestra realidad. El ciberespacio ya no es un universo alternativo en donde podemos habitar una vida paralela a la de nuestra cotidianidad. El internet es nuestra vida cotidiana.

El vivir también en línea nos obliga a cuestionarnos acerca de qué derechos merecemos en este otro espacio. Nuestras luchas de a pie se extienden hacia lo digital de manera orgánica.

Actualmente, la tecnopolítica permite nuevas formas de participación política para los ciudadanos, pero también hace posible la emergencia de nuevas formas de opresión y control político. El ciberespacio no es un espacio público sino un terreno en constante disputa donde nuestra información es el tipo de cambio.

A pesar de su potencial para facilitar la comunicación, la deliberación y la organización, la política mejorada gracias a internet no ha supuesto una transformación democrática y, al contrario, nos enfrenta a nuevos desafíos donde toca abordar la precariedad de las infraestructuras, la desigualdad, el sexismo y el racismo también desde y en nuestros dispositivos.

Más que hablar de un término nuevo, basta con reafirmar lo obvio: los últimos 5 años han sido la prueba de que nuestras vidas están mediadas y condicionadas por lo digital. Aunque nos veamos forzados a vivirlo, así como nos vemos forzados a trabajar día a día para subsistir, toca -en la medida de lo posible- informarnos y aprender más sobre este lenguaje que nos ha sido presentado como complejo pero que alberga las letras pequeñas de otra cara de nuestra existencia.

Los derechos digitales son derechos humanos.

 

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