Ejercicio de memoria

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

El 4 de mayo de 2020 elementos de la policía de Ixtlahuacán de los Membrillos detuvieron a Gionvanni López. Aunque nunca quedaron claros los motivos, hay consenso en la versión que afirma que dicha detención ocurrió debido a que no llevaba puesto un cubrebocas. De oficio albañil, se resistió al arresto aunque no pudo evitarlo. Giovanni fue entregado un día después a su familia, muerto y con un balazo en una pierna. De esto nos enteramos dos o tres semanas después, cuando comenzó a circular el video de su detención.

La muerte de Giovanni López, cuyo aniversario pasó de largo, desató una serie de acontecimientos que todavía hoy siguen en la opacidad y lejos de la obtención de justicia. Como me parece que uno de los más grandes males que nos aquejan como sociedad es la falta de memoria histórica, creo que bien vale la pena repasar los hechos porque hoy se cumple un año de uno de los fines de semana más negros y vergonzosos que hemos visto en Jalisco en los tiempos recientes —y vaya que tenemos de dónde escoger.

  1. Lo primero que hizo el gobernador Enrique Alfaro cuando comenzó a cobrar fuerza la historia de Giovanni fue salir a lavarse las manos. Hábil como es para presentar los hechos de modo que le favorezcan, se deslindó del actuar de la policía diciendo que dichos elementos eran municipales. Lo que se le olvidó decir al gobernador fue que el actuar de los policías se vio justificado y alentado por su discurso bravucón y negligente de la cero tolerancia en el cumplimiento de la exigencia de portar un cubrebocas. Ya por esos días había circulado otro video donde otros policías hacían uso excesivo de la fuerza con el mismo argumento: la falta de barbijo. Como ha ocurrido en estos tres años, Alfaro Ramírez pretendió deslindarse de las acusaciones como si los actos de los elementos policiacos no hubieran sido influenciados por sus discursos. Pero ya sabemos que deslindarse de la responsabilidad es un comportamiento común —casi diría patológico— del gobernador.
  2. Con bombo y platillo el gobierno del estado anunció que tomarían el control de la policía municipal. Hasta Ixtlahuacán de los Membrillos llegó un equipo de producción de video armado de cámaras y drones para dejar registro de cómo la policía del estado se hacía cargo. Se informó que había elementos que no tenían nombramiento y otros que no habían pasado los controles de confianza. Un año después, ¿alguien sabe qué ha pasado con la policía municipal? Se informó de tres elementos detenidos por la muerte de Giovanni pero, ¿y el resto? ¿Sigue bajo control del gobierno del estado? ¿No deberían haber informado también a los cuatro vientos cuando se restituyó al municipio? ¿Se investigaron los presuntos vínculos con el crimen organizado? ¿Qué pasó con esa acusación no menor? ¿En qué va el proceso de los tres agentes detenidos?
  3. Otro que ocupó el reflector aquellos días fue Eduardo Cervantes Aguilar, presidente municipal de Ixtlahuacán, quien dijo desconocer el caso de Giovanni aun cuando los familiares del albañil habían denunciado amenazas del primer edil. Luego se supo que la Unidad de Inteligencia Financiera le investigaba por presuntos vínculos con el Cartel Jalisco Nueva Generación, al punto de que le habían congelado cuentas. ¿Qué pasó con estas acusaciones? En un contexto como el de Jalisco, donde el crimen organizado campea a sus anchas mientras el gobernador dice que no es su responsabilidad atender la situación, una acusación de esta naturaleza debería haber derivado en una destitución y una investigación a fondo, pública y transparente pero, por el contrario, en lo único que derivó fue en una cortina de opacidad y de silencio.
  4. La muerte de Giovanni López originó una protesta el 4 de junio. Hasta el centro de la ciudad llegó un contingente que causó destrozos en palacio de gobierno y prendió fuego a una patrulla a un costado del edificio —una versión apunta a que la patrulla fue dejada a propósito para que fuera incendiada. Todos lo vimos, como también vimos la virulenta reacción de la policía, esa sí estatal, que luego de permitir que la protesta escalara salió a regresar el golpe a fuerza de detenciones arbitrarias y con evidente exceso en el uso de la fuerza. De la protesta se dijo mucho, por ejemplo, que estaba orquestada desde Ciudad de México. Enrique Alfaro declaró que venía desde “los sótanos del poder” y dijo que tenía evidencias de que así era. Nunca mostró dicha evidencia y hace unas semanas nos enteramos de que, como era obvio, tal evidencia nunca existió. Eso sí, el gobernador usó esto para afianzar uno de sus discursos más patéticos e irresponsables: la “defensa” de Jalisco, convertido en eslogan oficial de Movimiento Ciudadano.
  5. Los hechos del 4 de junio derivaron en una nueva convocatoria, al día siguiente, en la Fiscalía. Los manifestantes pretendían llegar a la calle 14 para exigir justicia para Giovanni y la liberación de los detenidos un día antes. Se toparon con que había un operativo para impedir su llegada. Elementos de la policía ministerial armados con bates y palos, montados en camionetas sin rótulos, se encargaron de detener a todo aquel que tuviera cara de manifestante y no sólo eso: los llevaron detenidos sin cargo, les quitaron los celulares y los amedrentaron, para luego trasladarlos en camionetas a colonias de la periferia. Ese día nos enteramos que la Fiscalía de Jalisco tiene camionetas “oficiales” con rótulos de panadería. También nos enteramos que estuvieron llamando y visitando a los contactos de los detenidos, con información que fue obtenida al revisar sus celulares y rastrear ubicaciones de GPS. Hubo quienes denunciaron que elementos de la Fiscalía habían aparecido en sus domicilios particulares, algo que la dependencia confirmó de manera descarada. De los hechos, el gobierno del estado primero los negó, luego los reconoció a medias, luego se lavó las manos. Enrique Alfaro andaba ese día en Tequila jugando a la Alianza Federalista. Regresó a la ciudad para grabar un video en el que lanzó una de las acusaciones más irresponsables que le he escuchado: que había indicios de que la Fiscalía estaba infiltrada por el crimen organizado. ¿Se investigó? ¿Se presentaron agentes vinculados con la delincuencia organizada? No. Al final la versión oficial fue que habían sido unos elementos desobedientes que se habían saltado a sus mandos, aunque hace más o menos un mes Mural publicó testimonios de agentes que confirmaban que había sido un operativo preparado por los altos mandos de la corporación. ¿Responsables? ¿Castigo? ¿Información? ¿Alguna explicación de los vehículos disfrazados? Nada. No hay.
  6. Lo ocurrido el 4 y el 5 de junio provocó una nueva protesta, que también fue reprimida y que también derivó en detenciones arbitrarias. La policía ya había perdido la paciencia y había molestia en el gobierno del estado. En redes sociales circulaban los nombres de los detenidos y a Enrique Alfaro no le quedó más que ordenar su liberación aunque en un video fue muy claro en señalar que “no lo iba a volver a permitir”. Ah, su megalómana magnanimidad.
  7. Cuando creímos que lo habíamos visto todo, comenzó a circular un video del gobernador en palacio de gobierno. Aparecía acompañado de jóvenes agraviados en los hechos del 4, 5 y 6 de junio, organizados en colectivo. Se decía que iban a trabajar juntos en cambiar las cosas para que los hechos ocurridos ese fin de semana no se repitieran nunca jamás. Las y los jóvenes pagaron su novatada: luego de darle la espalda a los colectivos que habían empujado desde todos los frentes por su liberación, entre ellos la Red Yo Voy 8 de Marzo, prefirieron hacer oídos sordos y sentarse a platicar con el Estado y descubrieron que el gobernador nomás los uso para lavarse la cara. Empezando el año rompieron con el gobierno del estado porque, vaya novedad, no les cumplió nada de lo que había prometido.

Un año después de los hechos aquí apenas esbozados, es importante no olvidar. Es importante tener presente que el gobierno encabezado por Enrique Alfaro ha manipulado y distorsionado los hechos para reafirmar sus discursos propagandísticos, alimentar el miedo y fomentar la impunidad. Es importante no olvidar que una tarde cualquiera los agentes de la Fiscalía pueden actuar tal y como actuarían los elementos del crimen organizado para desaparecer personas. Es importante no olvidar que frente a los abusos y excesos policiales, sólo nos tenemos como comunidad y es mejor que nos articulemos a través de muchas y diversas redes.

Se lo debemos a Giovanni y a las y los jóvenes que vieron truncada su tranquilidad sólo por ejercer su derecho a protestar. Nos lo debemos a como una sociedad que merece mejores gobernantes y no los bufones que hoy están al frente del estado.

 

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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