Vodevil de cuarta (transformación)

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

Foto Christian Cantero / @ChristianChMalv

Como quien no quiere la cosa —y, sobre todo, porque es inevitable— nos acercamos a la primera mitad del sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Ayer se cumplieron tres años de la jornada electoral en la que el tabasqueño fue electo y, aunque se ha empeñado en tratar de posicionar la fecha como un suceso trascendental para la historia nacional —así lo hace constar la mampara que mandó hacer para el evento de ayer, en la que se podía leer “3er. año del triunfo histórico democrático del pueblo de México”—, lo cierto es que los hechos han venido desdibujando la relevancia que tuvo el hecho aquella noche de 2018.

Como ya viene siendo una tradición, el presidente rindió un “informe” que sus corifeos se aprestaron a replicar y sus detractores a denostar. Predecible, como predecible era el resultado: según las cuentas de López Obrador vamos requetebién. Sin embargo, la realidad en las calles dice otra cosa.

Por ejemplo, el expriísperredista llegó al tercer aniversario de su elección en una semana difícil, pues a lo largo de los últimos días han ido ganando fuerza las voces para reclamar por la falta de medicamentos en el servicio público de salud, específicamente aquellos contra el cáncer, más específicamente los tratamientos de les niñes que padecen esta enfermedad en cualquiera de sus variantes.

Para mí, que nada sé de la vida, es muy sencillo: si las voces están reclamando que no hay medicamentos, lo conducente sería que desde el gobierno federal se presentara un informe detallado de los tratamientos que se han adquirido y la manera en que han sido distribuidos. En lugar de eso, vimos al otrora paladín de la pandemia, Hugo López-Gatell, acudir a un programa de caricatura —literalmente— desde donde minimizó los reclamos de los padres de familia de les niñes y afirmó, aunque luego trataran de decir por todos los medios que no dijo lo que dijo, que estas manifestaciones de descontento formaban parte de una conjura que, estaba comprobado, servía para abonar el terreno para un golpe de Estado.

(Aquí bien podríamos preguntarnos qué entiende esta gente por golpe de Estado, pues está claro que el ejército difícilmente se alzaría contra un presidente que no sólo lo tiene lo tiene consentido, sino que cada vez le da más poder y más privilegios, pero bueno, allá ellos y sus manuales.)

Que la corrupción había infestado la compra de medicinas en el país lo sabemos todos, como también sabemos que las medidas tomadas por la administración de López Obrador han resultado contraproducentes, por decir lo menos. ¿Qué resultados se han obtenido del combate a la corrupción en la compra de medicamentos? ¿Cuáles de la eliminación de las estancias infantiles, también señaladas de corruptas? ¿A dónde han ido a parar los recursos obtenidos luego de combatir la corrupción en Pemex, en la CFE, en el Conacyt? Misterio. El hecho es que ni la seguridad social ha mejorado, ni las madres trabajadoras se han visto más apoyadas y hace unos días circuló la noticia que los becarios del Conacyt en el extranjero se iban a quedar sin apoyos.

Como luego de tres años es difícil mantener la atención en un show por demás repetitivo, Andrés Manuel López Obrador decidió introducir una variable más en el ejercicio ese llamado “la mañanera”: a partir de esta semana dedicará un espacio para demostrar “quién es quién en las mentiras”. Por si algún despistado todavía no se ha enterado, el presidente se ha propuesto demostrar qué medios de comunicación contaminan el debate público con noticias falsas. Como si no fuera suficiente con lo ya visto hasta ahora, el nuevo vodevil de cuarta del presidente arrancó con el pie izquierdo: desmintiendo una nota de 2017 sobre el espionaje desde la presidencia. Sin querer —¿queriendo?— terminó lavándole la carita a Peña Bombón.

Más allá de lo absurdo del ejercicio, la nueva sección del programa de variedades más aburrido de la televisión mexicana es una muestra —otra, pues— de lo que ya se ha dicho: el presidente sólo admite una verdad, la suya, y está dispuesto a hacer lo que sea, así sea el ridículo, para demostrar que el que no está con él, está en su contra.

Y mientras el presidente insiste en su monólogo y en su lucha por meterse a la historia aunque sea con la Vaselina que le recetó a sus detractores, la ¿oposición? sigue picándose la nariz mientras se busca el ombligo. Vamos, que ya hasta Frena se desdibujó.

Y así los días por estos días.

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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