“Buscar hasta el fin del mundo”: Testimonios de las madres que integran la Búsqueda Nacional en Vida

Hasta Encontrarles

Ellas saben en dónde desaparecieron a sus seres queridos, pero no a dónde se los llevaron. Por esa razón recorren el país en la búsqueda de pistas, indicios, de los llamados “positivos”, que reactivan la esperanza pérdida en los escritorios de las autoridades de seguridad, justicia y forenses.

Alma, Goyita, Magda, Victoria Paz y Adriana son madres, hermanas y esposas buscadoras en la segunda edición de la Búsqueda Nacional en Vida en Jalisco, vienen de Sinaloa, Hidalgo, Baja California, Guerrero y Ciudad de México, con la convicción de encontrar a sus amores ausentes en el estado donde han sido desaparecidas dos de cada diez personas en el país.

Por Dalia Souza / @DaliaSouzal

En los últimos tres años, -de diciembre de 2018 a junio de 2021-, Jalisco ha contabilizado la desaparición de 3 mil 948 personas; cifra que, sin considerar el subregistro de denuncias, manifestó el Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo (CEPAD), ha posicionado a la entidad en el primer lugar nacional con mayor número de desapariciones.

Esto representa, de acuerdo con la organización, “el 18.32% de todas las personas desaparecidas en México”, pero, además, significa que dos de cada 10 desapariciones en el país -durante la actual administración federal- ocurrieron en este mismo estado.

El análisis de estas estadísticas surge luego de la presentación del Reporte Semestral (1 de enero al 30 de junio de 2021) del Informe sobre búsqueda e identificación de personas desaparecidas de la Comisión Nacional de Búsqueda, el pasado 7 de julio.

“Este caminar recién comienza”

Adriana Martínez desconocía estos datos antes de sumarse a la segunda edición de la Búsqueda Nacional en Vida, que recorre desde el pasado 5 de julio el estado de Jalisco. Y es que, a esta movilización de más de 80 buscadoras y buscadores provenientes de 17 entidades del país, se integró ante la necesidad, pues hace cinco meses, su hijo Marwan Uriel Andrade Martínez fue desaparecido en los límites de La Barca, Jalisco y Sahuayo, Michoacán.

Tanto ella como su hijo son originarios de la Ciudad de México, sin embargo, Marwan había decidido hace algún tiempo mudarse a este municipio de la región Ciénega de Jalisco. Ahí, trabajaba como repartidor de pizzas, hasta que el 7 de febrero de 2021 fue desaparecido junto con dos de sus compañeros – Leonel León Hernández y Juan Manuel Hernández Castro- en manos de policías en Sahuayo.

“Se habían ido a vender pizzas” dice Adriana, pero ya no regresaron.

Ese día, Marwan sólo contestó una llamada, la llamada de su compañero de cuarto, quien se había comunicado con él para saber si alcanzaría a llegar a casa a tiempo para pagar la renta del lugar en el que vivían. El joven sólo pudo decirle que había sido detenido por unos policías en Sahuayo y que en 20 o 30 minutos estarían de vuelta en La Barca. Esa fue la última llamada.

“Yo le llamé y no me contestó, una de mis hijas también le hizo llamadas y no le contestó” dice la señora Adriana, aunque, su celular, particularmente su cuenta de WhatsApp indicaba que su última conexión había sido a las 5:04 p.m. del 8 de febrero.

La madre de Marwan relata que tras no saber de su hijo viajó de inmediato a La Barca para interponer una denuncia y exigir que comenzaran las labores de búsqueda, sin embargo, las autoridades en aquel municipio se negaron a recibirla, argumentando que la desaparición no había ocurrido en Jalisco. Le dijeron “vaya a Sahuayo, pero es bajo su propia responsabilidad si sale o no sale de ahí”.

Adriana insistió “él vivía aquí, tenía tres meses viviendo en La Barca”, nadie escuchó. El miedo, relata, más la amenaza intimidatoria que recibió de las autoridades de Jalisco, le impidieron acudir al lugar donde presuntamente su hijo había estado por última vez.

Pasaron finalmente 10 días, 10 días valiosos para Adriana y para la búsqueda de su amado Marwan cuando por fin, las autoridades de Guadalajara recibieron su denuncia.

Aunque esta madre no se ha quedado quieta para ver volver a su muchacho, las instituciones de gobierno obligadas a atender sus exigencias y a llevar a cabo todas las acciones de investigación, búsqueda y coordinación entre entidades para dar con el paradero de su hijo, han entorpecido su cometido con pretextos absurdos como el “no pertenece a algún colectivo”.

Y es que, para ella, “este caminar recién comienza” y, si bien, está segura de que no es una obligación formar parte de alguna agrupación de familiares para que las autoridades hagan su trabajo, las y los funcionarios de gobierno le han dejado en claro que, si no es así, poco podrán hacer por su caso. Así lo comprobó cuando intentó interponer una denuncia por la desaparición forzada de Marwan ante la Fiscalía General de la República (FGR) y esta le fue negada:

“Aun no pertenezco a ningún colectivo porque para mí recién comienza este caminar… Yo quisiera levantar la denuncia federal, pero me dicen que me tengo que unir a un colectivo para poder hacer esa denuncia, pero yo digo que eso no tiene nada que ver”.

Tratando de recuperar el tiempo que las autoridades de los tres niveles de gobierno han perdido en los últimos cinco meses entre deslindes de responsabilidades y la tan mal llamada “competencia” entre estados, Adriana se ha sumado a esta Búsqueda Nacional en Vida porque no pierde la esperanza y porque reconoce que en este momento y más que nunca los días, las semanas y los meses son inmensamente vitales para recuperar a Marwan:

“Que me ayuden a encontrarlo, no lleva mucho tiempo y ahorita el tiempo es fundamental para encontrarlo, porque si no, van a pasar años y años y va a ser difícil localizarlo”.

“Si yo pudiera ir al fin del mundo, yo iría con tal de encontrar Gustavo”

A Goyita Ortiz le hace falta Gustavo, su hijo de 12 años desaparecido desde el 21 de marzo de 2007 en Pachuca, Hidalgo, el municipio que concentra el 18% de las desapariciones de este estado, es decir, 123 de 680 casos.

Gustavo Alberto de la Cruz Ortiz, quien ahora tiene 26 años, fue desaparecido tras salir de la Escuela Secundaria General # 1 de esta ciudad; su paradero se desconoce desde entonces y nadie, sólo su madre y su familia han encabezado una búsqueda incansable para traerle de regreso, a pesar del dolor inmenso que generó su ausencia:

“La desaparición de Gustavo nos destruyó, realmente nos cambió la vida, se acabaron metas, se acabaron sueños, se acabaron planes, se acabó todo. Seguimos en su búsqueda porque tengo fe en que lo vamos a encontrar”.

Durante casi una década y media, Goyita se ha dedicado a la búsqueda de Gustavo y de las hijas e hijos de sus compañeras y compañeros del colectivo Buscando hasta encontrarte de Pachuca; este tiempo le han permitido comprobar que las y los desaparecidos no sólo se “pierden” en las calles, sino que, también, lo hacen en los escritorios de las oficinas de gobierno.

Es ahí, dice, donde nunca más volverá a buscar a su hijo:

“Hasta el momento no sabemos nada de su paradero, han pasado 14 años de búsqueda, sin que autoridades, ni nadie se interese por buscar a mi hijo, entonces, me he dado cuenta que, detrás de un escritorio no voy a buscar a mi hijo, tengo que salir a buscarlo”.

Y es que, asegura que ha visto más avances en las búsquedas que ella y sus demás compañeras y compañeros han realizado, que los resultados que presentan con ciego orgullo las autoridades de su estado, del país entero…

“Porque he visto más avances en las búsquedas que se han hecho, que los avances, los encuentros que han tenido las mismas autoridades… las familias encuentran más rápido a sus hijos que las mismas autoridades que se supone que están capacitadas para ello”.

Cuando Gustavo fue desaparecido, relata Goyita, “no había tanta maldad y tanta delincuencia”, por lo que, ni por un segundo se imaginó cargar con tanto dolor y con su ausencia. Aun se pregunta “¿qué daño podía hacer un niño de 12 años?” y por qué alguien decidió arrebatárselo.

Ésta que es hoy y que sigue de pie, que recorre las calles de Jalisco como lo ha hecho con muchas otras de muchos estados de la república a lo largo de estos años, mantiene la esperanza viva de encontrar a su hijo a toda costa y como sea, iría, incluso, hasta el fin del mundo para traerlo de vuelta.

Busco a mis tres hermanos y a mi esposo

Desde Guerrero viene Victoria Paz Diego, una buscadora “independiente” que busca a sus tres hermanos Felipe Ramírez Diego, Andrés Ramírez Diego y Javier Paz Diego, y a su esposo y padre de sus tres hijos, Javier Barrales Hernández.

Los cuatro fueron desaparecidos el 7 de agosto de 2013 en Iguala, a su marido se lo llevaron de su propia casa hombres armados y a sus tres hermanos del campo en donde andaban trabajando.

En Guerrero, permanecen desaparecidas 3 mil 532 personas e, Iguala, concentra por lo menos, 438 casos.

Luego de casi ocho años, su caso no es muy distinto al de otras familias que han sido despojadas de sus seres queridos en Guerrero; “no hay ningún avance, las autoridades les da igual, no es su familiar, no los buscan y no les duele” asegura, por lo que, como esas muchas familiares ha tenido que salir al campo a rastrear la tierra, a recorrer reclusorios, hospitales, las plazas públicas, las calles, con el objetivo de traerles de vuelta.

“Desde que pasó el caso de los Ayotzinapos hemos andado en todas las fosas buscando con la esperanza de que encontremos vivos o como sea a mi familia”.

Su carpeta no tiene avances, es más, ni siquiera sabe en dónde está. Las autoridades de Iguala no la encuentran y, por ende, no le dicen nada, “no hay avances”. Victoria Paz, cree que la “arrinconaron” y que con el pretexto de la pandemia y los supuestos “cambios” que hubo hacia el interior de esta dependencia, están justificando que tampoco tiene un Ministerio Público a cargo.

Estar en Jalisco para Victoria Paz significa “una esperanza más” de poder encontrar a sus hermanos y a su esposo, y demostrarle con ello a sus hijos que no parará hasta que ellos puedan tener una respuesta sobre el paradero de su padre.

“Para mí es una esperanza más de poder encontrar a mis hermanos, a mi marido que me dejó a tres niños, que mis hijos sepan de su padre, qué fue de él, en dónde está, que ellos puedan ver que sí lo sigo buscando”.

“Por amor a él yo ando por acá”

Magda Valenzuela viajó desde Tijuana, Baja California para buscar a su hijo Luis Efraín Quiroa Valenzuela. Forma parte del colectivo Una Nación Buscándote y reconoce que, aunque el amor por él es lo que la trajo hasta Jalisco, “andar buscándolos” no es nada “bonito”. Dejar la casa, dejar la familia, dejar su hogar todo para encontrarles, no es lo que ella desearía hacer, pero no le quedó de otra, pues dice que “si nosotras no los buscamos, nadie se va a preocupar por salir a la calle a buscarlos”.

“Para mí es muy doloroso tener que salir a buscar a mi hijo, dejar a mi familia, dejar mi hogar para salir a buscarlo a él a diferentes lugares. Porque ahorita las autoridades no nos apoyan y es por eso que nosotras hacemos este tipo de acciones para reunirnos desde diferentes partes de la República para buscar a nuestros hijos” advierte.

Luis Efraín fue desaparecido el 14 de diciembre de 2020 en Tijuana, Baja California; salió a la tienda y ya no regresó, advierte su mamá, quien desde ese día “no he dejado de buscarlo, en todos los lugares, en todos los rincones”.

Si bien, a diferencia de sus compañeras el tiempo buscando todavía se cuenta en meses y no en años, su labor como buscadora la ha llevado a estar en al menos dos brigadas.

“Esta es la segunda brigada a la que me uno y voy a seguir luchando para encontrarlo, porque ya son seis meses y ya es mucho tiempo y nadie me da una razón”.

Sus pensamientos y sus rezos están puestos en Luis Efraín y en su Dios, a quien le pide que toque la conciencia de quienes se lo llevaron para que pronto pueda tenerlo a su lado:

“Y le pido mucho a Dios que me regrese a mi hijo, tú persona si sabes quién se llevó a mi hijo, si tú participaste en este acto por favor hazme una llamada anónima y dime dónde está mi hijo porque yo lo quiero de regreso en casa. Tú no sabes el infierno que estamos viviendo, es un martirio”.

En Tijuana se contabilizan 744 desapariciones, lo que representa el 54.2% de todas las personas desaparecidas en Baja California (mil 372).

“Fuimos esas locas”

Alma Rosa Rojo Medina, es la representante de Voces Unidas por la Vida de Culiacán, Sinaloa, busca a su hermano Miguel Ángel Rojo Medina, desaparecido desde el 4 de julio de 2009 en la misma ciudad.

Ahí comenzó su lucha, dice, una lucha contra el gobierno y por encontrar a cada desaparecido y desaparecida, por acompañar a “muchos familiares con el mismo dolor”.

“Desde ese día es buscar y buscar”. Los frutos que han emanado de su esfuerzo y trabajo en el estado son muchos, asegura Alma, a lo largo de estos 12 años ha visto cómo pasaron de no tener si quiera un laboratorio de genética a un aparente sistema diseñado para atender las demandas y necesidades de las familias buscadoras.

En ese tiempo, recuerda:

“exigíamos al gobierno que hubiera lo que necesitábamos, porque creíamos que iba a haber justicia… sin embargo, hoy sé que no hay justicia, así que lo único que pido siempre al gobierno es: encontrar a mi hermano y encontrar a todos los que están desaparecidos”.

“Dos de nosotras fuimos esas locas” relata Alma, esas que salieron a buscar a Veracruz, “tierra caliente” en todos esos sitios con la encomienda de traer de vuelta a los seres queridos de sus compañeras y ser ejemplo para cada una de ellas: “nos estábamos arriesgando, pero sabíamos que las familias dependían de nosotras para abrirse, para perder el miedo y empezar a buscar y a buscar”.

“Creo que, desde ese momento, logramos salir un poco adelante y hemos logrado lo que está aquí”.

Y es que, viajar a Veracruz o a Jalisco desde Sinaloa, a cualquier estado de la República en caravanas, brigadas, jornadas de búsqueda, no es casualidad, no es producto de una fe ciega o de un acto sin sentido como esas “locas” que decían que eran.

Salir a buscar a sus amores desaparecidos en cada rincón de el país nace tras el reconocimiento de un modus operandi que se repite en cada caso y del que no son omisas las familias: “venimos buscando a nuestros familiares desaparecidos, porque se los traen, los trasladan de un lado a otro, porque, a veces, se vienen caminando, los traen como indigentes, pueden estar en cualquier parte, nosotras tenemos la esperanza”.

A doce años de la desaparición de su hermano Miguel, Alma dice que tiene la esperanza de encontrarlo, de la forma que sea y no claudicará en su encomienda hasta que tenga la certeza de en dónde está:

“Yo todavía a 12 años de que mi hermano Miguel Ángel Rojo Medina desaparece tengo la esperanza de encontrarlo, la esperanza de encontrarlo de la forma que sea. Yo no quiero claudicar, no quiero decir que ya no voy a buscarlo porque sé que no voy a poder, porque necesito saber de él para decir ¡ya está descansando!, está con mi padre y mi madre ya, pero no lo sé”.

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Dalia Souza
Periodista apasionada de la radio, comprometida con quienes resisten en la exigencia de verdad, memoria y justicia. Creo que el periodismo es una herramienta para construir paz y cambio social.

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