Caminito de la escuela: el terror del recorrido escolar.

Maroma

Por Lourdes Limón / Integrante de Maroma: Observatorio de Niñez y Juventud

Hace aproximadamente cuatro años las morras de la secundaria 14 mixta en Tonalá, Jalisco, se organizaron para entre ellas y maestras feministas crear dentro de la escuela una colectiva feminista.

La inquietud surgió debido a que una compañera tuvo un intento de secuestro en la glorieta ubicada en Río Nilo, conocida como La Mona. El secuestro no se concretó porque la morra se tiró al piso y comenzó a gritar, lo que hizo que vecinos y vendedores del área salieran con palos y tubos a ayudarla. Sin embargo, el miedo circulaba en los pasillos de nuestra institución escolar.

Entonces se conformó un proyecto potente donde uno de los temas a tratar fue: ¿Cómo podemos acompañarnos en los trayectos inseguros y solitarios entre la escuela y la casa?

Tonalá es una comunidad alfarera, por tanto, muchos de los espacios en donde cohabitan las escuelas, están rodeados de bodegas, talleres, locales, estacionamientos y baldíos que comienzan su actividad a partir de las 9:00 o 10:00 de la mañana.

Para la vida escolar, que no suele pausar, ni esperar las actividades suelen comenzar a las 6:00 de la mañana cuando muchos y muchas de nuestras morras y morros comienzan a salir a las calles para hacer su tránsito cotidiano a la escuela. Depende mucho de la temporada, pero por lo regular a las 6:00 de la mañana la iluminación es poca y las luminarias escasas, el presupuesto del municipio solo sirve a los intereses de unos pocos.

Una prueba de este tortuoso camino son las fotos que anexo a continuación, tomadas a la hora de ingreso a la escuela secundaria, de las calles que los morros y las morras suelen tomar para llegar a su jornada escolar; por cierto, esta escuela secundaria es una de las céntricas de Tonalá.

En el caso particular de la experiencia que comparto, alguna de las conclusiones a las que llegamos dentro de la colectiva y que nos conmovieron es la realidad de las morras y los morros, pues muchas veces sólo se tienen a sí mismos.

El problema radica en varios factores; por un lado, los padres y madres de familia los creen grandes e independientes por el hecho de ya no entrar en la categoría de niñez; por otra parte, también son el foco central de mucha de la delincuencia de calle, entre ellos, motoratones, espacios particulares de venta de droga, etcétera.

Por ejemplo, en una semana podríamos atender entre tres y cinco casos de morros que llegaban a la escuela sin mochila, celular y dinero, debido a que, como ellos lo nombran: “se los tumban”; y en una misma semana también se puede atender entre ocho y 12 casos donde las morras reportaban desde acoso callejero hasta “corretizas” por carros sospechosos.

Durante mi estancia en esta escuela lo que pude observar ante esta realidad, es poco les importa a las autoridades tonaltecas, las instituciones encargadas de la protección de la juventud y la misma escuela.

En dos años, se reportó constantemente a la policía de Tonalá sobre estos incidentes; sin embargo, la respuesta siempre fue la misma: no hay suficiente personal, mucho menos patrullas escolares cabe además mencionar no lo hay para la atención al municipio, pero en el halconazo del 5 de junio del 2020, la policía tonalteca fue utilizada para apoyar todo el operativo montado, además de elementos policiacos de otros municipios como Zapopan.

Otra respuesta que me impactó fue cuando una de las mujeres policías del municipio acudió por su hijo quien había sido asaltado y me dijo: “ni nuestros hijos se salvan”, noté la desesperanza en sus palabras, misma que me contagió.

Por otro lado, la escuela, se mostró siempre insensible ante el tema, no podían modificar el horario de entrada porque esto implicaba una serie de cambios a la misma dinámica del día, de los maestros, padres de familia y hasta del director.

Aunque en variados acuerdos, el último documentado, en el 2019, se les otorga independencia a las escuelas para modificar el horario de entrada y de salida, dependiendo de las condiciones de salud, seguridad y movilidad de cada comunidad.

Acudimos entonces al Instituto de la Juventud Tonalá en busca de aliados para denunciar y ejercer presión; sin embargo, en las múltiples visitas al mismo nunca estuvo el encargado y cuando por fin logramos contactar con él (más bien su secretario) la respuesta es la misma: ellos solo trabajan en programas establecidos por el ayuntamiento para apoyo económico.

Cabe mencionar que, en una nueva entrevista hace dos meses con el secretario del director, se nos aclaró que una cosa que les preocupa en demasía es que los y las jóvenes que salen en los eventos en las redes sociales se expresen de manera correcta es decir sin groserías: ¡Chistosa manera de pensar la de un municipio tomado por la delincuencia!

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Maroma es un observatorio de la niñez y la juventud. Somos un grupo interdisciplinario de personas involucradas en los sectores académicos, comunitarios, públicos y privados con fines de gestión y bienestar para la niñez y juventud que busca incidir en políticas públicas y movimientos sociales con un enfoque de innovación social.

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