De caprichos y desquites

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

Hace año y medio se veía muy felices a Enrique Alfaro y Ricardo Villanueva, rey plenipotenciario de la Nueva Jaliscia y rector de la Universidad de Guadalajara (UdeG), respectivamente. Anunciaban que, con base en un “modelo matemático”, si la gente se adelantaba al confinamiento sería necesario permanecer en casa “sólo cinco días” para frenar la cadena contagios de la recién llegada covid-19.

En esta relación, ganaban todos: Alfaro, porque se veía como un gobernante proactivo que se adelantaba a la inacción del gobierno federal; Villanueva, porque mostraba a la universidad como una institución que daba pasos firmes fundamentados en la ciencia, en este caso matemática.

El final de la historia lo conocemos todos: el confinamiento duró mucho más que cinco días y hoy en día la relación entre el gobierno de la Nueva Jaliscia y la máxima casa de estudios del estado está en el peor momento, luego de que se anunciara un recorte de 140 millones de pesos al presupuesto de la universidad, dinero que estaba destinado al Museo de Ciencias Ambientales que se construye en el Centro Cultural Universitario de la UdeG y que ahora será utilizado, en teoría, para el Hospital Civil de Tonalá.

La nueva confrontación por el presupuesto nos ofrece una imagen nítida —otra más— de cómo Enrique Alfaro entiende el ejercicio del poder: absoluto y revanchista.

Para nadie es un secreto que las cosas entre la UdeG y la administración alfarista se han venido desgastando desde que la casa de estudios fue alejándose de las decisiones del gobierno de Jalisco respecto al manejo de la pandemia. El último diferendo tiene que ver con el regreso a clases: mientras el gobernador se mantiene entercado en un retorno presencial a las aulas, a pesar de que la tercera ola de contagios está por todo lo alto y las hospitalizaciones no cesan, la universidad puso la ciencia por delante y anunció el arranque del ciclo escolar de manera virtual. Y lo hizo con cifras: los datos dan cuenta de que la tercera ola está impactando en mayor medida a las y los jóvenes, que integran el 95 por ciento de la comunidad estudiantil de la universidad y cuyo rango de edad no ha entrado en los esquemas de vacunación.

Desde el reino de la Nueva Jaliscia se ha buscado empujar el falso debate entre la cultura y la salud, argumentando falazmente que es prioritario construir un hospital que un museo. Siguiendo esa línea argumentativa, bien valdría la pena preguntarle a Enrique Alfaro si no es prioritario invertir en un hospital en lugar de gastar el dinero en campañas publicitarias que mucho anuncian y poco solucionan, con el agravante de que dichas campañas son pagadas de manera directa a sus amigos de Euzen, Indatcom y La Covacha. Según se ha informado, entre enero y marzo de este año el gobierno alfarista ha dilapidado 73.5 millones de pesos en publicidad, la mitad de la cifra en disputa con la universidad sólo en publicidad.

Habría que ser muy ingenuo para suponer que la decisión de reasignar los 140 millones de pesos obedece al dilema de invertir o no en salud. En realidad pareciera una venganza de Enrique Alfaro en contra de la universidad por llevarle la contraria en lo que se refiere al manejo de la pandemia y, muy específicamente, en lo que tiene que ver con el regreso a clases. Como si fuera vil extorsionador profesional, el gobernador está usando el dinero público como arma de negociación para mandar un mensaje bastante nefasto: o se cuadran con mi voluntad o les quito recursos. Considerando que se trata de un presupuesto ya asignado, sienta un pésimo precedente a la asignación presupuestal que se viene en un par de meses, de cara a 2022.

En esta nueva disputa, el gobernador tiene todas las de perder: mientras Ricardo Villanueva ha mostrado un sorprende liderazgo de bajo perfil, basando las decisiones de la casa de estudios en su equipo de especialistas y dando apoyo con instalaciones y voluntaries cuando la institución a su cargo ha sido requerida, Enrique Alfaro se ha mostrado como un mandatario emberrinchado con imponer su voluntad y castigar cuando alguien le lleve la contraria, sea medio de comunicación o, en este caso, la Universidad de Guadalajara.

Y una vez más, los afectados somos les ciudadanes, que quedamos en medio de una disputa mientras la covid-19 sigue demostrando que no entiende de intereses políticos, egos o filias.

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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