La farsa jalisciense

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

El 2 de junio de 1992 el diario Excélsior publicó en su sección Estados una nota firmada Eduardo Chimely, su corresponsal en Guadalajara, en la que se da cuenta de que la policía había irrumpido en la Plaza de Armas para desalojar un campamento que habían establecido las personas damnificadas por las explosiones del sector Reforma, ocurridas mes y medio antes, el 22 de abril.

La nota documenta los testimonios de Ana María Martínez y Lorena González quienes relatan, dice el texto “que a las tres de la madrugada 50 agentes de Seguridad Pública estatal ‘vestidos con pantalón negro, playera blanca y botas militares’ llegaron a la plaza de armas y procedieron a desalojarlos con uso de violencia, para después derribar las casas de campaña”.

Dicen que en algún lugar Hegel escribió que la historia se repite dos veces. En uno de sus ensayos, Marx retomó la frase y le hizo una adenda. Escribe el filósofo: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”. Así, la frase que ha llegado hasta nuestros días dice que la historia se repite siempre dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa.

(Se aclara por obvio: aquí farsa alude al género teatral que en el Diccionario de la Lengua Española se define como “Obra de teatro cómica, generalmente breve y de carácter satírico”, pero también como “Obra dramática desarreglada, chabacana y grotesca.)

En Jalisco hemos venido viviendo una farsa de pésima factura, cuyo argumento ha sido escrito, dirigido y protagonizado por el peor de los actores: el gobernador Enrique Alfaro. Y es que desde su llegada al poder, el político antes priísta, luego perredista, ahora emecista y mañana lo que se ofrezca, no ha hecho más que repetir algunos de los peores episodios de la historia de Jalisco.

Por ejemplo, el del cobarde desalojo a deshoras de la madrugada en perjuicio de un grupo de jóvenes que mantenía un campamento para defender un área verde que los caprichos urbanizadores quieren convertir en un desarrollo inmobiliario de nombre Iconia.

Con argumentos leguleyos, la Fiscalía de Jalisco pretendió justificar su actuar, pretendiendo hacer como legal un desalojo en el que privó el abuso de la fuerza y que prefirió cobijarse por el manto de la noche. Es probable que el desalojo sea legal, claro, porque son ellos precisamente quienes se han encargado de acomodar las leyes para que se cuadren a sus fines y sacar todo el beneficio posible. El jineteo legislativo al servicio del político en el poder, en este caso Enrique Alfaro y la banda de desarrolladores que se han visto beneficiados desde que el chapulín político comenzó a ocupar cargos públicos.

Ahora bien, quizá la Fiscalía pueda esconderse detrás de un papel para ir y hacer un desalojo, pero bien vale la pena cuestionar el actuar de los agentes y su forma de imponerse a partir del miedo, algo que ya habíamos visto en junio del año pasado y que la madrugada del jueves se volvió a repetir. Agentes vestidos de civil que, sin identificarse, recopilan datos personales como nombres direcciones y teléfonos; frases como “ya valieron verga”, “si fueran el narco ya no estarían”; destrucción de las propiedades de los campistas… Para rematar, ayer por la noche se montó todo un operativo con antimotines para garantizar que los defensores del parque no volvieran a instalarse. Una vez más, el uso de la fuerza pública para defender los intereses particulares de los protegidos del Estado.

Las personas damnificadas del 22 de abril, los defensores de Tenacatita, los protectores del parque en Huentitán… la historia vuelve a proyectarse frente a nuestros ojos y bien valdría la pena preguntarse dónde está la Comisión Estatal de Derechos Humanos y qué están haciendo para conseguir uno de los principios fundamentales de la consecución de la justicia: las garantías de no repetición. Porque lo cierto es que aquí otra vez estamos viendo cómo todo vuelve a repetirse.

La historia siempre ocurre dos veces, escribió Hegel y le secundó Marx, y aquí el director, productor y protagonista de la farsa está montando una obra extremadamente patética. Y preocupante.

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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