La tremenda corte

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

Famoso era el grito: «¡Audiencia pública! ¡El tremendo juez de la tremenda corte va a resolver un tremendo caso!».

El secretario abría cada una de las entregas de La tremenda corte, una radioserie cómica producida en Cuba y que hizo las delicias de la gente allá en la década de los cuarenta y setenta y que, por la gracia de la amplitud modulada, muchos todavía alcanzamos a conocer ya entrados los años ochenta. El serial radiofónico presentaba las peripecias que debía escuchar el juez para dirimir las diferencias entre una serie de personajes variopintos y entre los que destacaban, sobre todo, la Nananina y Tres Patines, éste último el más perjudicado siempre pues al final debía pagar tremenda multa y su respectivo mes de prisión.

La tremenda corte me ha rondado la cabeza luego de la semana tan movida y protagonizada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que el martes pasado declaró inconstitucional el código penal de Coahuila que castigaba con cárcel a las personas que decidían practicarse un aborto. La corte concluyó de manera unánime que el artículo 196, que establece pena de prisión a cualquier persona que se haga practicar o practique un aborto, “vulnera el derecho de la mujer y de las personas gestantes a decidir”. El comunicado dado a conocer el martes por la SCJN añade que la protección dada al producto de la gestación “no puede desconocer los derechos de las mujeres y personas gestantes a la libertad reproductiva. Por lo tanto, estableció el Pleno, criminalizar de manera absoluta la interrupción del embarazo es inconstitucional”.

Inconstitucional fue declarado también cualquier intento de las constituciones locales por defender la vida desde la concepción. Esta resolución, emitida ayer por la SCJN a partir de la Constitución de Sinaloa, establece que “las entidades federativas no tienen competencia para definir el origen de la vida humana, el concepto de ‘persona’ y la titularidad de los derechos humanos, pues ello corresponde en exclusiva a la Constitución General”. Para abundar en la cuestión, la resolución también contempla que “no es admisible establecer que el embrión y el feto merecen la misma protección jurídica que las personas nacidas”.

Zafios, pronto los antiderechos empezaron a sacar espuma por la boca —“provida” que les diga Serrano Limón o el Espíritu Santo, si lo encuentran fecundando a sus vírgenes—, pues aunque les pese las resoluciones emitidas esta semana por la Suprema Corte son un gran paso en la búsqueda de una vida más justa para las mujeres y de las personas gestantes, al menos en lo que concierte a su derecho a decidir sobre su cuerpo y el ejercicio de su sexualidad. Y es que, aunque les cueste trabajo entenderlo, nadie puede ser obligado a parir y, por el contrario, todas las maternidades deben ser deseadas. Si ya de por sí la gestación es difícil, cuando ésta es forzada a partir de dogmas religiosos o taras moralinas se convierte en una losa que, a la larga, termina afectando la vida que los antiderechos tanto dicen proteger.

Como cada vez, vale la pena recordarle a ese ejército de torpes Tres Patines sin gracia que la búsqueda del aborto legal va más allá de sus creencias religiosas. Se trata, simplemente, de garantizar que las mujeres puedan decidir sobre su vida. Como se ha repetido hasta el cansancio, la eventual legalización del aborto no implica que éste deba ser obligatorio, sino que cada mujer podrá decidir si continúa con el embarazo o no. Si decide no hacerlo, podrá interrumpirlo en condiciones dignas y seguras; si decide continuar, nadie podrá obligarla a lo contrario. Así de sencillo.

Un punto importante que han subrayado las colectivas feministas y las especialistas es que, si bien las resoluciones de la SCJN son importantes, representan apenas un par de pasos en un camino que todavía tiene mucho por delante. La despenalización del aborto no implica su legalización, por lo que todavía es necesario empujar en los congresos locales la creación de leyes que permitan que las mujeres —las Nananinas, para retomar el inicio de este texto— puedan ejercer su derecho a decidir de manera segura y digna.

Muy bien haríamos también en cuestionar todavía más esa manía de “defender la vida desde su concepción y hasta la muerte natural”. Y es que si bien la segunda resolución de la SCJN ha puesto el ojo en el apartado de la concepción, también vale la pena poner sobre la mesa la eutanasia y el suicidio asistido, de modo que se respete el derecho de todas las personas a decidir sobre su vida en plenitud. Y esto también implica cuándo terminar con ella.

Pero bueno, un paso a la vez.

La tremenda corte mexicana ha trazado ya el camino por el que han de caminar los jueces.

Eso hay que aplaudirlo, aunque todavía falte mucho por hacer en los congresos locales.

Como alguna vez dijera Nananina, hoy de la SCJN podemos decir:

“Ella es muy moderna, ¿sabe? Muy moderna”.

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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