Sexualidad responsable y segura

Portada: “Mi cuerpa, mi decisión”. Bordado sobre teñido Shibori, Manta e hilo de algodón, 22 x 13 cm., por Mariana Giménez.
Colectiva Hilos

Por María Álvarez del Castillo /Colectiva Hilos

La sexualidad es una dimensión de la persona que acompaña al ser desde el momento de la fertilización hasta el nacimiento, y de ahí hasta la muerte. Durante el transcurso de la vida, sobre la base de la cotidianidad, a los factores ya mencionados se le sumarán otros de orden ético, moral, político, de comunicación, de género, y los relacionados con el erotismo y la reproducción; por lo que, el término sexualidad se refiere al conjunto de convenciones, roles asignados y conductas vinculadas a la cultura y que suponen expresiones del deseo sexual, emociones disímiles, relación de poder, mediadas por el sistema de creencias, valores, actitudes, sentimientos y otros aspectos referentes a nuestra posición en la sociedad, tales como la raza, grupo étnico y clase social (1).

La sexualidad es innata al ser humano, una parte de su desarrollo es instintiva y la otra es aprendida (2). Distinguir entre los aspectos naturales y los condicionamientos sociales que nos imponen determinadas metas y conductas, a menudo, resulta muy difícil. Toda persona en las distintas etapas de su vida enfrenta la contradicción entre la necesidad innata de liberar su energía sexual y las necesidades culturalmente aprendidas que orientan su sexualidad. La contradicción entre ambas fuerzas marca el desarrollo sexual del individuo (2).

De acuerdo con la manera en que vayamos manejando ambos aspectos, y logremos integrarlos con otras esferas de nuestra individualidad, es lo que, sin dudas, definirá la forma de vivir nuestra sexualidad. En dicho ámbito esto traduce la capacidad de establecer y mantener relaciones, de comunicar nuestras necesidades, gustos y conflictos, el tipo de pareja que se desea establecer, el nivel de aceptación de nuestra imagen corporal, así como la intensidad del disfrute sexual.

Al abordar la sexualidad es obligado mencionar sus tres componentes básicos: el biológico o sexo biológico del individuo que anatómica y fisiológicamente lo representará toda su vida; el psicológico, el cual surge gracias al proceso de interpretación del yo; y finalmente, el social (3). Los tres interactúan a lo largo de toda la existencia humana, y de esta misma manera repercutirán sobre las diversas etapas de nuestro ciclo vital.

La sexualidad está estrechamente asociada con la realización personal, el estilo de interrelaciones con nuestros semejantes, el proceso de formación de pareja y de familia, así como con los afectos. La afectividad, la identidad y la personalidad van de la mano junto con el desarrollo de la sexualidad (1). La personalidad determina la expresión de la sexualidad que adoptará diferentes caracteres individualizados que reflejan las particularidades de cada persona y su historia.

En el modelo de personalidad del ser humano interviene lo sociocultural unido a la amplia gama de elementos motivacionales que acontecen en su entorno natural y social. A través de la personalidad se cristalizan importantes valores que definen rasgos esenciales en el individuo, como la identificación del sexo psicológico (1,3).

La educación de la sexualidad es significativa, ya que esta proporciona la información y las herramientas necesarias para disfrutar del sexo de manera responsable y saludable. Es necesario que comience mucho antes de que las relaciones eróticas se conviertan en una posibilidad, es imprescindible que se hable antes de que surjan las interrogantes y preocupaciones, con el fin de preparar a los adolescentes para enfrentar su desarrollo sexual y la realidad total del coito, de modo que aprendan a tratar su sexualidad (4).

”MISOPROSTOL” Bordado sobre teñido de Shibori Manta e hilo de algodón 20.5 x 9.5 cm Mariana Giménez

La educación sexual no se refiere solo a una materia en los centros educativos, que por supuesto debe existir. Las familias también pueden y deben impartir educación sexual. No hace falta tener conocimientos expertos en la materia, simplemente una actitud de escucha. Es bueno contestar generosamente a las preguntas que se reciban. Los tabúes no solo no van a retrasar el inicio de las prácticas sexuales, sino que además provocarán que estas sean menos libres e informadas.

La educación sexual reproductiva se incluyó en los programas de educación básica de México en 1974, cuando ningún otro país de América Latina lo contemplaba en la etapa de primaria. Después, en 1982 se comenzó a hablar en las aulas de la prevención del VIH o Sida y a promover el uso del condón. Y hasta 1994 se abrió un diálogo sobre los derechos sexuales y reproductivos. Puesto que tenemos sexo desde que nacemos (somos hombre, mujer, intersexuales u otras posibilidades), debemos recibir educación sexual en todas las etapas de nuestra vida, adaptada, por supuesto, a dichas edades.

La educación sexual debe abordar el conocimiento de nuestro cuerpo, nuestra anatomía sexual y anatomía reproductiva, la salud sexual y no solo reproductiva (es por eso mismo que no hay que esperar a tener la menstruación para hablar de educación sexual), las relaciones con nosotros mismos y con otros (hábitos saludables y cuidado del cuerpo, identidad y orientación sexual, los límites del consentimiento, habilidades sociales y de comunicación, relaciones amorosas, educación emocional y afectiva, autoestima, derechos sexuales y reproductivos, igualdad versus violencia de género) y placer. También es importante hablar de métodos anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual. Pero si solo se habla de eso se transmite la idea de que la sexualidad está llena de miedo y dolor, y la sexualidad también es placer, orgasmos, masturbación, afectividad y relación positiva con el cuerpo.

La sexualidad es parte fundamental para el desarrollo humano, fomenta una personalidad propia y la creatividad del individuo, la sociedad impone normas morales que promueven o limitan este desarrollo, que impacta en el desarrollo de la comunidad. La salud sexual es la integración en el ser humano de lo somático, lo emocional, lo intelectual y lo social para lograr un enriquecimiento positivo de la personalidad humana, que facilite sus posibilidades de autocuidado, comunicación y afecto en las relaciones. La responsabilidad es un valor que se debe mostrar mediante el autocuidado y afrontando las consecuencias de sus actos.

El Estado debe promover una cultura de respeto a los derechos sexuales y el acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluyendo la información, la guía para la comprensión de los derechos y orientación para el ejercicio de la sexualidad con responsabilidad. Es necesario que en los programas educativos a todos niveles, se implementen formalmente los programas de educación en salud, incluyendo los derechos sexuales y el ejercicio responsable de la sexualidad.

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Correo: saberesecofeministas@gmail.com

TEXTOS:

“La sexualidad, derecho y responsabilidad”, por Gabriela Maldonado Muñiz, Salvador Martin Camacho y López, Claudia Atala Trejo García

“Derechos sexuales y reproductivos: Un debate público instalado por mujeres”, por Nélida Bonaccorsi y Carmen Reybet

“Derechos sexuales y reproductivos: un asunto de derechos humanos”, por la CNDH México

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  1. Weeks J. Sexualidad. México DF: Editorial Paidós Mexicana; 1998.p.21-5.
  2. Bantman B. Breve historia del sexo. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica; 1998.p.42-7.
  3. Barberá E. Intervención en los ámbitos de la sexología y de la generología. Madrid: Ediciones Pirámides; 2000.p.47-9.
  4. Puentes Rodríguez Y. La familia en la educación de la sexualidad: un enfoque filosófico. Rev Sexología y Sociedad. 2008; 14(38):9-13.

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Colectiva Hilos
Colectivo interdisciplinario, reunido a partir del interés común en los textiles y el arte social.

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