El Tepe: de barrio tradicional a barrio “mágico”

Después de las vías, entrada al Tepe. FOTO: Isabel Argüero Rodríguez

Por Isabel Argüero Rodríguez / @IsaArguero

Si alguien ha transitado los caminos de ‘La Otra Banda’, ese es Israel Nieves, quien los ha recorrido a diario durante toda su vida y reconoce como la palma de su mano cada uno de sus nueve barrios.

Es específicamente El Tepetate en Querétaro, lugar en el que pasa gran parte de su tiempo observando y resistiendo, pues esta zona además de ser sede de La Otra Bandita, colectivo en el que se desempeña como psicoterapeuta y promotor cultural, es también el sitio en el que se instauró el programa Barrios Mágicos. Sin embargo, para él y para muchas otras personas, este lugar no es tan “mágico” como lo pintan.

Los cambios y transformaciones que derivan de esta iniciativa no pasaron desapercibidos. Comenzaron con la reconstrucción del mercado que identifica al barrio y con la restauración de las calles que rodean la zona, ambos proyectos han sido tema de conversación en la agenda mediática y política del estado. De tal forma que, a este lugar ya no solo se le conoce por su “mercado tradicional” o por su dinámica de trabajo, sino que se busca convertirlo en un referente turístico. A pesar de ello, esto no ha conseguido beneficiar a la mayoría de los habitantes de este barrio popular.

A través de su trabajo, La Otra Bandita aspira recuperar la memoria histórica de la zona, pues más allá de lo denominado como historia “oficial”, son sus habitantes quienes, por medio de relatos, mantienen viva la esencia del barrio. En opinión de Israel, son las personas quienes deben convertirse en un eje para la toma de decisiones, ya que, a éstas les gustaría “que las formas sean de otro estilo en donde sí se beneficie a la propia comunidad”.

La historia del otro lado del Río

El paso de los años puede observarse en cada una de las calles del Tepetate, ya no son lo que, en el siglo XVI, fueron para los pobladores que se asentaron al otro lado del Río Querétaro. Lo que hoy se identifica como Av. Universidad en el centro de la capital de Querétaro, llegó a delimitar la divisoria del primer cuadro del Centro Histórico, dejando fuera a quienes habrían sido dueños de esas tierras antes de que arribaran los europeos. Desde entonces, este caudal no solo representa una frontera geográfica, sino una de carácter social. Quienes se ubicaron cruzando el río fueron denominadas como La Otra Banda, un nombre que ha permanecido a lo largo del tiempo como un símbolo identitario.

Vías de historia y tradición. FOTO: Isabel Argüero Rodríguez

El Tepe, como se lo nombra con cariño, ha sido protagonista de una larga lista de cambios, que comenzaron a ser evidentes en 2018 con el incendio de su mercado tradicional. Según lo reportado en los medios locales, este siniestro se originó durante la madrugada del 10 de agosto. De acuerdo con el registro oficial municipal, 111 locales de un promedio de 20 giros comerciales distintos se vieron afectados. Autoridades declararon que pudo haberse causado por un corto circuito en el área de prendas de vestir, mientras que, muchos habitantes o quienes frecuentan el barrio lo reconocieron como “un acontecimiento que levantó sospechas”, incluso, quienes advirtieron que la tragedia pudo ser provocada.

Rebeca Castanedo, diseñadora industrial y docente del Tecnológico de Monterrey, quien tiene su despacho al otro lado de las vías desde hace 15 años y ha colaborado con La Otra Bandita en proyectos de investigación, comenta que, previo al siniestro, ya se había platicado acerca de una iniciativa gubernamental en la que era innegable la futura transformación del barrio.

Previo al incendio, este espacio estaba distribuido en una gran explanada con locales de estilos y tamaños distintos, diferenciándose uno del otro por la identidad que sus dueños impregnaban en sus fachadas. La parte exterior tenía una organización parecida a la de un tianguis, así, se extendía la venta de productos a las calles cercanas.

Actualmente, el mercado es una construcción con dos niveles, sus establecimientos cuentan con un tamaño y decoración determinadas. La parte inferior está destinada a la venta de productos tales como ropa, abarrotes y alimentos para llevar, mientras que, la parte superior es una zona designada a la venta de comida preparada. Antes, la estructura resultaba familiar a los habitantes, quienes reconocían a los dueños y la oferta de su preferencia. Ahora, para aquellos que lo visitan por primera vez, el espacio parece ser más accesible en su señalización y distribución.

Remodelación del mercado ‘El Tepe’. FOTO: Isabel Argüero Rodríguez (2021)

Aunado a lo anterior, comenzaron a instaurarse distintos comercios desde la calle Cuauhtémoc, Héroe de Nacozari e Invierno. Con referencia a esta última, Israel comenta que aumentaron las ventas de inmuebles, por lo tanto, también el número de personas que llegaron a vivir al barrio. A pesar de los locales tradicionales que aún se conservan, es evidente la variación del uso de suelo de ‘negocios al por menor’ a espacios de entretenimiento, señala. Rebeca, sugiere como ejemplo lo sucedido con el autolavado de la calle Héroe de Nacozari, el cual fue cerrado para después convertirse en un estacionamiento y el centro de coworking Krow. En su opinión, eto devela los primeros cambios de una serie de transformaciones a cargo del programa Barrios Mágicos.

Centro de coworking ‘Krow’. FOTO: cortesía de Estefany Villagómez (2019)

El concepto de un gobierno

Barrios Mágicos es una iniciativa que surge en 2018, por el presidente municipal Luis Nava. No obstante, parece haber un conocimiento parcial entre las dependencias gubernamentales de la administración actual.

Al establecer contacto vía telefónica con la Secretaría de Turismo Estatal y Municipal, la Secretaría de Cultura y, finalmente, Obras Públicas para conocer el propósito del proyecto, su funcionamiento, la fase de ejecución en la que se encuentra y/o todos los cambios realizados a partir de su puesta en marcha, no hubo respuesta, incluso, cuando se solicitó información vía correo electrónico.

De acuerdo con el Plan Municipal 2018-2021, el Eje 4 “Municipio con calidad de vida y futuro”, bajo la dirección de la Secretaría de Servicios Públicos Municipales, proyecta brindar atención a los mercados en cuanto al alumbrado público, la recolección de residuos, el funcionamiento de los panteones, el control de población animal y finalmente, al embellecimiento de la imagen urbana.

Pese a ello, poco se habló de la planeación del programa, según externaron la y los entrevistados. No obstante, durante el proceso, Israel explica que no se trató de una cuestión obligatoria, sino que los encargados “sólo llegaron con la narrativa de describir que iban a hacer un cambio en la infraestructura, hablando de necesidades y entonces dialogaron acerca de hacer cambios en las fachadas, que no tendrían ningún costo, pues eran provistos por el estado”.

Esta aplicación ornamental, dicen en La Otra Banda, tiene un fin turístico, con el que se busca posicionar a Querétaro como “un referente” desde la implementación de acciones alineadas a la visibilidad de los espacios. Aun cuando estos cambios han contribuido al mejoramiento de algunos inmuebles, surgieron sin consultar previamente a los habitantes, quienes los perciben como obras aleatorias de las que no tenían conocimiento.

Así, las transformaciones y el objetivo del proyecto, de acuerdo con el Segundo Informe Municipal 2019-2020, está descrito en el apartado “Programa 8. Infraestructura para el futuro”, a cargo de la Secretaría de Obras Públicas, y busca “fortalecer la infraestructura social y el equipamiento urbano, así como preservar el patrimonio histórico y cultural del Centro Histórico”. Es en la línea de acción 8.1, donde se hace referencia a la ejecución de estrategias para la atención y dignificación, pero sobre todo, se enfatiza en la promoción cultural y turística.

La ilusión detrás de la “dignificación” del barrio

En la calle principal de Invierno, dentro del barrio del Tepetate, se puede observar el reemplazo de 7 luminarias y la renovación de las fachadas en distintos comercios hasta llegar a la calle Jiménez, ambas rutas con dirección al mercado.

Pintura mural. FOTO: Isabel Argüero Rodríguez

“Mejoras” que contrastan con el abandono que presentan otras calles alternas a la vía principal, en la calle Juan Álvarez, donde no hay señales de renovación en sus fachadas o de pavimentación, ni se han colocado nuevas luminarias. En opinión de Israel, esto es muestra clara de cómo el proyecto poco trasciende a los habitantes del barrio, pues “están haciendo una labor estética en donde la banda que antes estaba ahí habitando o que llegaba por momentos de refugio, ahora se ha visto forzada a buscar otros lugares porque también el estado se ha visto severo en la persecución, ¿y para qué? para conservar algo ficticio, algo que se dice mágico, pero el problema de la magia es que es una cuestión de ficción que no muestra la realidad”, sentencia.

A unos metros del cruce, calle Juan Álvarez. FOTO: Isabel Argüero Rodríguez

Fernando Ramírez, es carpintero y tiene su taller en el barrio del Tepetate, precisamente sobre la calle Invierno. Desde ahí, relata, alcanza a percibir el aumento en el número de visitantes, razón por la cual, supone que el gobierno ha llevado a cabo modificaciones en las rutas más transitadas.

El portal de Información de Obras Públicas 2018-2021 del Gobierno del Estado de Querétaro reporta la reconstrucción de las calles Roberto Chellet y Jiménez hasta P. Alejo Altamirano, la regeneración de la calle Celestino Día y la remodelación en infraestructura de la calle Invierno y Jiménez. De igual manera, se menciona el concepto “Imagen urbana El Tepe” con una inversión de $4,580,498.89 de pesos.

Aunque algunas de estas vialidades han sido renovadas, la calle P. Alejo Altamirano aún puede observarse deteriorada y agrietada. Esta situación acentúa la diferencia entre las calles primarias y las secundarias que se encuentran en los alrededores.

El pavimento en la calle P. Alejo Altamirano. FOTO: Isabel Argüero Rodríguez

Renovación en la calle Roberto Chellet. FOTO: Isabel Argüero Rodrígue

Carmen Martínez, empleada de una tienda de ropa en la intersección de las calles Invierno y Jiménez, comenta que, tras el incendio se comenzaron a restaurar las avenidas con la finalidad de mejorar el drenaje, sin embargo, las obras no han sido del todo exitosas, ya que en época de lluvias hay zonas que todavía se encharcan. Por su parte, el señor Ramírez, carpintero reconocido en la zona, comenta que las renovaciones de la calle Invierno sí han disminuido las inundaciones, aunque no necesariamente por las acciones del gobierno, puesto que, la señora González, habitante de la zona y propietaria del callejón junto a La Otra Bandita, se ha preocupado por mantener limpio de desechos el canal que limita su propiedad, lo que contribuye al mejoramiento del desagüe pluvial.

Las transformaciones en las fachadas de las calles Invierno y Jiménez son evidentes, evocan el concepto del mercado al contar con espacios definidos y ordenados, en su mayoría enfocados en la venta de alimentos. Se puede percibir el cambio en gran parte de los locales, unificados por la misma paleta de colores claros y la tipografía que señala lo que se vende en cada uno, algo muy distinto a como era antes.

Sin embargo, declara el señor Ramírez, “de Jiménez para allá ya no hay cambios, el gobierno ya no agarró hasta arriba, en donde la mayoría son áreas de casa habitación y algunos locales”. Aunado a esto, Rebeca explica que el potencial turístico y económico que se busca obtener en estos barrios, olvida uno de los principales intereses de los vecinos del lugar: conservarlo como habitacional, pues ahí se encuentra su patrimonio e historia de vida.

Contraste en las fachadas del barrio. FOTO: Isabel Argüero Rodríguez

El sentir de una comunidad

Los cambios realizados durante estos últimos cuatro años, han provocado el surgimiento de diversas opiniones entre las y los habitantes del barrio, así como, desde las y los locatarios del mercado.

Al respecto, Rebeca comparte el panorama que ha logrado percibir, en medio de lo que parece una división entre dos grandes grupos. Por un lado, están quienes no se sienten cómodos con la llegada de personas externas y tienen una noción de incertidumbre o preocupación sobre el impacto que esto podría tener a nivel económico y en cuestión de su vivienda. Por el otro, hay un sector que considera a estas transformaciones la razón del incremento en sus ventas, y a pesar de reconocer que cada vez hay más visitantes, lo visualizan como una oportunidad para obtener mayores ingresos.

Lo anterior, no se manifiesta solamente por medio de lo que se dice, sino de lo reflejado en las paredes del barrio, en las que se pueden leer expresiones como “fuera el poder” o el tan recurrente “fuera Carbonell”. Esto último, alude al pintor que pretendía pintar un mural en el mercado, propuesta que fue rechazada por algunos habitantes de la comunidad.

Manifestaciones y opiniones en graffiti. FOTO: Isabel Argüero Rodríguez

Si bien, el colectivo de La Otra Bandita no aborda este tema de manera explícita y directa, han optado por trabajar desde su centro cultural para el mantenimiento de un bienestar colectivo; no obstante, hay quienes, como Israel se muestran inconformes con el alcance que ha tenido esta iniciativa:

“A partir de este programa no he visto que hayan querido hacer un cambio distinto con las broncas que hay, tal vez solo ha mejorado en los lugares que se ven más bonitos, el tema quizás de la limpieza, pero hasta ahí”.

Por el contrario, tanto Carmen como el señor Ramírez declaran haber escuchado buenos comentarios con la implementación de esta iniciativa y afirman sentirse contentos con los cambios realizados. Este último espera que las restauraciones se mantengan, pues ha habido casos de destrucción, como postes robados o muros pintados en las avenidas principales, incluso, enfatiza la importancia de ampliar la seguridad para que estos hechos cesen. Asimismo, considera algunas cuestiones importantes que aún faltan por concretar, específicamente en el tema de recolección de residuos, lo que, desde su perspectiva, es uno de los mayores problemas del barrio.

Rebeca se muestra crítica al explicar que las labores que se han desarrollado producto del programa de Barrios Mágicos tienen que ver más con una infraestructura básica. Por lo cual, considera que éstas no deberían estar relacionadas con una iniciativa así, sino que, los cambios tuvieron que haberse realizado desde hace tiempo atrás.

La ruta hacia el mercado FOTO: Isabel Argüero Rodríguez

De cara a lo que parece ser un proyecto que busca replicarse en otras zonas de la entidad queretana, Israel considera que esta es una buena oportunidad para reflexionar acerca de las distintas situaciones que se han vivido en otros barrios que han resistido a su implementación.

En San Francisquito, lugar cercano al Centro Histórico no se ha logrado establecer el programa debido a la organización con la que cuentan sus habitantes. Tampoco en Hércules, comunidad colindante al emblemático acueducto, en el que asegura Israel “ya tienen el terreno bien ganado”.

Con esto en la mira, se permite cuestionar lo acontecido en El Tepe, con la finalidad de encontrar otros abordajes que tengan como eje mecanismos de diálogo.

Frente a estas iniciativas gubernamentales, aparentemente de buenas intenciones, es que cobran mayor relevancia figuras como Israel o La Otra Bandita, quienes buscan implementar y resaltar narrativas contrarias a las lógicas institucionales, esas que emergen desde el interior de las comunidades en un marco de respeto y confianza barrial:

“Vamos a estar entrando desde nuestro trabajo, ya no queremos estar atrás de un proyecto de Barrios Mágicos, creo que nuestra labor, es que, al menos en parte del territorio, se pueda hacer visible lo que es el barrio, lo que es el Tepetate, para que no se pierda su lugar y su gente”.

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Este reportaje fue realizado en el marco del Bloque de Producción periodística convergente del Tec de Monterrey Campus QRO, del cual ZonaDocs fungió como socio aliado.

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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