Un santuario para las memorias: Distrito Olvido y la “guerra contra el narco” en Monterrey

Por Cordelia Rizzo / @cordeliarizzo

Al revisar documentos sobre “la guerra contra el narco”, tiendo a olvidar de qué tratan. Es la forma que absorbo la información que necesito para luchar contra la desmemoria actual sin que me paralice el miedo. Distrito Olvido no es uno de esos documentos. Lo acabo de ver en la plataforma del Festival Internacional de Cine de Guanajuato y me solté recomendándolo. El largometraje de Thom Díaz (2020) entrelaza voces de los y las jóvenes protagonistas de barrios de la periferia de Monterrey para que lleguen a un hueco del alma y echen raíz. Este breve texto es una invitación a buscar Distrito Olvido para conversar sobre ella y trenzar líneas de memorias que necesitan encontrarse más en Nuevo León.

Tenemos distintas capturas de pantalla de lo que es “la violencia” armada en Monterrey. Hablamos de esto como si fuera una época anterior, algo que “ya pasó”. Distrito Olvido extiende los límites de nuestro campo visual. Con ello interroga nuestra necedad no cuestionar lo que nos presentan distintas avenidas de información cuando nos muestran el lado “pujante” de esa ciudad-concepto que llamamos Monterrey.

Para las y los jóvenes protagonistas de Distrito Olvido la necedad de catalogar “la violencia” como una etapa anterior es imposible. Crecieron observándola en su círculo cercano, continúa ahí y las marcas que dejó tienen distintas manifestaciones en el presente que nos narran. El dolor aflora cuando narran recuerdos de ejecuciones, desapariciones, muertes y la dificultad de asirse a una ilusión de vida.

Como cosa hecha adrede, el documental evade la cita de la fuerza redentora. Sower, el chico que sale en el poster, narra matices de su manera de estar en el mundo. Eso no da por sentado que “está mejor”. Sólo reconoce qué de su entorno lo hiere y ciertas fuerzas lo arropan.

Se agarran muchas veredas en la lucha por seguir y la película muestra cómo se carga el dolor sola y cómo puede cambiar el escenario cuando se tiene porra alrededor. Entre de las historias de niños y jóvenes destacan las de las chicas que sufrieron abuso sexual. Cada una se planta contra la adversidad identificando los momentos en los que decidieron sobrevivir al abuso.

Claro que se cuidan las identidades de las niñas y los niños. Nada de esto es cosa superada. Pasamos viendo a jóvenes que fueron testigos y blancos directos de esa “violencia” habitualmente reporteada, pero el documental desarma nuestro domesticado impulso de estigmatizarles.

Distrito Olvido es la película que quisiera haber visto en 2010. En esos años sólo tuve un montoncito de postales de la ciudad como apoyos de mi entendimiento. Y bueno, ahora dedico casi todo mi tiempo a una tesis de doctorado sobre las formas de resistir las políticas de olvido en Monterrey. Distrito entra como una oferta narrativa ideal para introducir la escena central de mi investigación: el trabajo de las madres de personas desaparecidas de FUNDENL con el bordado por la paz en el kiosco de la Macroplaza y sus actuales búsquedas de campo. Ambos trabajos laboran contra el borramiento de los impactos de la violencia por los canales de comunicación oficiales.

Este documental llega cuando ya tenemos productos de TV y cinematográficos que narran historias de desaparición, muerte y desplazamiento de “la guerra contra el narcotráfico”. Unos son excepcionales como Tempestad de Tatiana Huezo, y cómo olvidar Retratos de una búsqueda de Alicia Calderón. Pero también están las series de Narcos y Somos que nos juegan medio chueco en este afán por no olvidar. Nos dan muchas maneras de identificarnos con los perpetradores y pocas para empatizar con víctimas y sobrevivientes, como sí lo hace Distrito Olvido.

En conclusión, hay que rasgar más la tela que empaqueta el marco actual sobre el que entendemos la violencia organizada. La memoria actual sigue tendiendo a enfocar la mirada en los estruendos de las balas, el marco amplio y olvida que en lo cotidiano y micro las personas enfrentan a una gama infinita de efectos por las muertes y desapariciones. Se anuncian grandes intervenciones sociales, pero se deja de lado el quid de la afectación: las vidas transcurren con dificultades y distintos tonos entre atrocidad mediática y atrocidad. Distrito Olvido nos sienta frente a los protagonistas y no deja que se nos cuele la textura de la realidad por los polos en los que las estructuras narrativas oficiales quieren ubicar nuestras subjetividades.

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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