¿Cómo responder a la violencia discursiva en línea?

Cátedra AMIDI

Por Sabina Civila /@unescoamidi

Si de todas las publicaciones del blog has decidido entrar en esta es porque te inquieta conocer la violencia discursiva en redes sociales, sus tipos, sus consecuencias y cómo contrarrestarlas. Pues bien, no te has equivocado, a lo largo de este post conocerás más a fondo todos los detalles sobre este tipo de violencia ejercida día a día en redes sociales.

¿Qué es la violencia discursiva?

El término violencia discursiva hace referencia al uso del lenguaje agresivo para imponer significados, disfrazando las relaciones existentes de fuerza y dominación. Es decir, se banaliza a un grupo para crear una opinión pública que ayude al poder a conseguir sus objetivos. El proceso consiste en crear un mensaje que sitúe al otro como el enemigo y se desencadene un deseo de destrucción que favorecería el interés del grupo dominante. De esta forma, hablamos de grupo dominante y grupo dominado.

Este tipo de discursos se relacionan con aquellos mensajes que tienen la intención directa de discriminar y atacar la dignidad de un grupo social por el simple hecho de pertenecer a él. Por lo tanto, el uso de este tipo de discursos contribuye a la deshumanización, demonización y polarización de colectivos específicos.

Para llevar a cabo este tipo de discursos se utilizan diferentes técnicas de manipulación lingüísticas que tienen como objetivo dirigir los pensamientos de las personas y pueden ser reconocidas como la retórica del odio. Algunas de esas estrategias están basadas en:

  • Descalificación. Esta técnica consiste en crear discursos que descalifiquen al otro. Algunos ejemplos podrían ser la demonización —crear una imagen negativa de una persona o grupo de personas por pertenecer a un colectivo— y la deshumanización —cuando sus derechos como ser humano son suprimidos a través de la estigmatización—.
  • Trivialización. Consiste en restar importancia en aquellas cosas que tienen que ver con el grupo dominado. Esto reduce la compleja y variada realidad de las personas. Se puede ofrecer como ejemplo el caso de las personas con obesidad, a quienes se les relaciona con comer de forma descontrolada, restando importancia a otras realidades.
  • Invisibilización. Se basa en ocultar la realidad del grupo no hegemónico, ofreciendo un discurso que omite la presencia de estos grupos. Este proceso está vinculado al proceso de imponer la superioridad de un grupo sobre otro. Un ejemplo claro de invisibilización es el de todas las mujeres científicas privadas de su reconocimiento.

Con el desarrollo de las redes sociales la violencia discursiva se ha manifestado en forma de discursos de odio y, por tanto, el conocimiento y reconocimiento del mismo es fundamental para generar una actitud crítica hacia el contenido que se publica en las redes sociales.

Actuar con conciencia

El término discurso de odio guarda estrecha relación con la violencia discursiva, aunque no es exactamente lo mismo. La violencia discursiva impone relaciones de poder y lo hace de forma más sutil. Mientras los discursos de odio son aquellos que incitan directamente a la violencia contra un grupo de personas. En la actualidad estos discursos de odio son principalmente enviados a través de los medios digitales. En ocasiones, son compartidos por trols, o cuentas falsas destinadas a hacer micropropaganda y generar un discurso dominante contra ciertos grupos por su condición de sexo, género, raza, religión… Las redes sociales poseen características que provocan que estos discursos sean imparables, como son la inmediatez, multimedia, viralidad e interactividad (entre otras).

Las redes sociales están configuradas para que aprendan el comportamiento de la persona usuaria y le ofrezcan contenido interesante. Por una parte, esto es ventajoso porque la persona siempre está al tanto del contenido que le interesa e interactúa más en la plataforma. Pero, por otro lado, los algoritmos polarizan las opiniones y aíslan al usuario o usuaria de la realidad, invisibilizando el contenido que ofrece una opinión diferente a la que el o la navegante demuestra. Los algoritmos deciden a quién y cuándo muestran ciertas publicaciones.

Actualmente plataformas como Facebook, Instagram y Twitter han declarado la guerra a los discursos de odio y a las «noticias falsas» por lo que los algoritmos, según defienden las plataformas, están también programados para que detecten «noticias falsas» e invisibilicen el contenido de odio. No obstante, el trabajo realizado hasta el momento no es suficiente, ya que no distinguen el contenido crítico o la intención del hablante, por lo que se siguen mostrando publicaciones que contienen violencia discursiva.

Los algoritmos están hechos para aprender de los usuarios y usuarias, por lo tanto, se pueden «domesticar». No solo ellos nos moldean, las personas usuarias también podemos ejercer poder sobre los algoritmos. Para ello se pueden llevar a cabo las siguientes acciones (ver figura 1):

  1. Denunciar el contenido. Las redes sociales ponen a disposición de la persona usuaria la posibilidad de denunciar el contenido que cree que infringe la ley o la normativa de la plataforma. En ocasiones pensamos que no es un hecho importante pero, por el contrario, sí lo es. Se activa el algoritmo, se le da un toque de atención y se le avisa que pasa algo con ese contenido que no ha sido detectado por el sistema previamente. La plataforma revisará el material y estudiará la posibilidad de eliminarlo, así como de mejorar el algoritmo para futuras ocasiones.
  2. Identificar la fuente. Vivimos en una época de sobreinformación, por lo que conocer la fuente de la que proviene el mensaje puede ser fundamental para identificar la intencionalidad del emisor y poder valorar, desde un punto de vista objetivo, si la información que envían es verdadera o, por el contrario, contribuye a la desinformación. Las fuentes pueden ser: un medio, un periodista, una persona usuaria de la red o un trol.
  3. Combatirla con contrainformación. Si identificamos una «noticia falsa» o con contenido de odio, se puede hacer un ejercicio de contra-narrativa, el cual consiste en difundir la información desde otra perspectiva y usar medios independientes a grupos políticos para informarse sobre los hechos.
  4. Volver loco al algoritmo. Si, por ejemplo, se identifica que a través de un hashtag se está difundiendo contenido de odio, se puede comenzar a publicar contenido positivo con ese mismo hashtag provocando que a quienes el algoritmo les muestra ese contenido vean otra realidad y puedan generar una opinión menos polarizada.
  5. Compartir la iniciativa. No se recomienda nunca compartir el mensaje que contiene violencia discursiva como forma de oposición, porque ese mensaje está adquiriendo una mayor visibilidad. Se trata de compartir alguna de las iniciativas anteriores con el resto de las personas usuarias y ejercer presión sobre el discurso que va en contra de las libertades de las personas.
Figura 1: ¿Cómo combatir los discursos de odio? Crédito: Sabina Civila.

Servidora, Luis Miguel Romero-Rodriguez e Ignacio Aguaded han destacado la argumentación reflexiva y crítica a través de un análisis exploratorio realizado por una revisión de la literatura, donde se determina que la narrativa violenta utilizada por los medios contribuye a la deshumanización, demonización y polarización de colectivos específicos. Puedes encontrar más información aquí.

Para seguir aprendiendo

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Sabina Civila (sabicivila@gmail.com). Investigadora predoctoral del Grupo Investigación ‘Ágora’ (HUM-648). Doctoranda en el programa Interuniversitario de Comunicación en la línea de Educomunicación. Máster en comunicación estratégica e innovación de la comunicación y Graduada en Publicidad y Relaciones Públicas. Actualmente enfoca su investigación a redes sociales, educomunicación, alfabetización mediática e islamofobia.

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Este texto se publicó originalmente en:

http://www.amidi.org/violencia-discursiva/

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Espacio para la investigación, formación, experimentación y divulgación sobre alfabetización mediática informacional y diálogo intercultural.

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