Va desnudo

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / Turco Viejo

Estoy seguro que todos recuerdan el cuento El traje nuevo del emperador, de Hans Christian Andersen. Por si acaso alguien no lo recordara, va de manera muy breve: había una vez un emperador que gustaba de vestirse con trajes nuevos y costosos. Un día llegaron a su reino unos embaucadores que le prometieron hacerle un traje con una tela mágica que poseía le virtud de ser invisible para los necios y para los funcionarios de la corte que no fueran dignos de sus cargos. El emperador encargó el traje. Luego de un tiempo mandó a uno de sus ministros a que inspeccionara el avance. Los sastres le mostraron la nada y el sirviente, temeroso de ser tomado por no digno, alabó la factura de la prenda invisible. Lo mismo pasó con un segundo emisario.

Cuando por fin el emperador fue en persona a ver su traje, no le quedó más que alabar la maestría de los sastres por la belleza de la nada. Su séquito de zalameros se sumó a las alabanzas y sugirió un desfile para que el emperador mostrara su traje nuevo a los súbditos. Y allá fue, a escuchar los gritos celebratorios de los miedosos que no querían ser tomados por necios o indignos. Hasta que de pronto de entre la muchedumbre un niño exclamó: “¡El emperador va desnudo!”. El pueblo se sumó al infante y se burló del emperador, pero a éste no le importó: vanidoso, orgulloso y engreído, continuó su desfile seguro de que tenía la razón.

Ayer Enrique Alfaro salió a lucir su traje nuevo, mejor conocido como tercer informe de gobierno. No nos engañemos: en México el ejercicio de los informes, sin importar el orden de gobierno que lo rinda, no es más que una tomadura de pelo. Les asesores de la persona gobernante en turno preparan un documento celebratorio que, como el traje de los sastres estafadores, está hecho de nada y es aplaudido por los colaboradores de le gobernante porque, ¿quién se va a atrever a cuestionar la buena marcha del municipio, del estado, del país?

Enfrascado en un conflicto con la Universidad de Guadalajara y con una relación bipolar con el gobierno federal, Enrique Alfaro llegó a su tercer informe cobijado por el traje invisible que le han manufacturado esos embaucadores conocidos como Euzen, Indatcom y La Covacha. Previo al informe pautaron videos promocionales, el más lamentable uno en el que el gobernador youtuber interactúa con su hija en lo que es, a todas luces, un esfuerzo desesperado por genera empatía. Pero no hay manera. Los hechos dicen todo lo contrario de lo que quiso presentar el emperador de la Nueva Jaliscia.

Un par de días antes salió a presentar su informe de seguridad, que más tardó en leer que en ser desmentido por las organizaciones civiles, específicamente en lo que tiene que ver con el tema de las desapariciones y los feminicidios. El colmo y lo más ofensivo fue una lámina en la que, con una desvergüenza que raya en el insulto, sus asesores escribieron que por la forma en que se encontraban los cuerpos de las personas asesinadas —con balazos, o en bolsas, o en cobijas— era evidente que eran criminales. El insensible “seguro en algo andaban” convertido en línea de investigación y en política pública respaldada por Alfaro.

¿Célebre? por sus encontronazos altaneros con los medios de comunicación, Enrique Alfaro dijo muy tranquilamente que en Jalisco se respeta la libertad de expresión. En el colmo del descaro dijo que también se respetaban las manifestaciones, como si no tuviéramos todavía presente la represión de los días 4, 5 y 6 de junio de 2020. Y ya que traemos a colación esa fecha, también es menester recordar que en ese entonces se denunció una presunta infiltración de la fiscalía por parte del crimen organizado, que le sirvió para lavarse las manos por las desapariciones forzadas a mano de los policías ministeriales y cuya investigación nunca ocurrió.

Al gobernador no le importa que se haya cuestionado su manejo de los fondos para atender la crisis de la covid-19; le tiene sin cuidado que ciudadanos hayan sido desplazados de sus municipios por la inseguridad; seguramente le tiene sin apuro que el norte del estado esté siendo escenario de la devastación ambiental; no escucha los señalamientos de que les da dinero a sus amigos de Euzen, Indatcom y La Covacha, esos sastres de la nada. Él tiene puras cuentas alegres que seguro volverá a repetir cuando Televisa Guadalajara le haga una entrevista a modo patrocinada con nuestros impuestos.

Empeñado en cuerpo y alma en promocionar su mentada consulta justa del trato justo contra la federación, se le olvidó —y finge que no escucha cuando se le recuerda— que había prometido someterse a la ratificación de mandato, ejercicio que nunca va a hacer porque aunque la corte de zalameros y miedosos que le rodea le digan lo contrario, Enrique Alfaro sabe, como lo sabemos nosotros, que va desnudo y haciendo el ridículo.

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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