Las cicatrices de la maternidad

Oxímoron

Por Andy Hernández Camacho coordinadora de La Mamá Cósmica

@andybrauni /@lamamacosmica

Mirarme al espejo es un ejercicio que siempre me ha sido complejo…a partir de la maternidad se ha convertido en un verdadero reto. La mayoría de los días no me reconozco y es que no encuentro a la Andy de hace unos años, la transformación es abrumadora.

Estas sensaciones de autodescubrimiento me han llevado a reflexionar que también sobre el embarazo, el parto y la crianza se ha establecido una “historia oficial” patriarcal, heteronormativa y racializada que atraviesa muchas de nuestras formas de socialización.

Y ante el peligro de la historia única del que nos advertía Chimamanda Adichie, me sumo a las maternidades alteradas, a esas que desde la autorrepresentación se narran y nos narran, construyendo relatos diversos, resilientes, que nos alejan de las proyecciones de la madre idealizada, el “ángel del hogar” o de la madre castrante, demonizada fuente de todo trauma, las narrativas que desmitifican y deconstruyen esa mística de la maternidad que el capitalismo y el patriarcado ha mercantilizado, industrializado y estandarizado.

Es difícil hablar de cuerpo y maternidad sin tener la sensación de que se camina por un cable delgado que te puede hacer caer en esencialismos y estereotipos. Quizás por eso, durante mucho tiempo, desde diversos espacios, se han elaborado discursos que parecieran negar todo aquello relacionado con la corporeidad. Pero sin ella, ¿Cómo podemos abordar integralmente cualquier tema relacionado con la gestación, el parto o la crianza? ¿Cómo explicar esas subidas de leche repentinas dos minutos antes del despertar de tu hije? ¿Eso también es una imposición o un constructo social? ¿Acaso una madre adoptiva no pone también su cuerpo en juego en esa relación de (re)conocimiento y cuidados? ¿Y los padres?

Aunque habláramos de maternaje (de la práctica de “criar y socializar seres humanos” que va más allá del hecho biológico) y no de maternidad, tal práctica de cuidados siempre implica un cuerpo que sostiene, que acaricia, que alimenta, que abraza, que besa; una maternidad real y vivencial que va más allá de la maternidad institucional prefabricada y estereotipada.

Y hablemos claro el embarazo y parir cambia nuestros cuerpos: subimos de peso, nos salen estrías, várices, nuestros senos se hinchan y, en pocas palabras, el cuerpo se transforma. Y es por esto que cuando después de parir, muchas de nosotras nos miramos al espejo (lo cual ya es bastante difícil) descubrimos un cuerpo que no reconocemos, ajeno, extraño.

Esa extrañeza corporal se suma a la complejidad que viene con maternar: la angustia de no saber por dónde empezar con la crianza, la sensación de soledad, el cansancio inmenso, no hay tiempo para nosotras mismas y todo sumado a las estrías, la piel colgada, las várices, los kilos supuestamente de más (que son normales) y la exigencia social de “recuperar nuestra figura”, que no parezca que parimos, que estamos maternando.

La cultura de los medios masivos (televisión, cine, revistas de moda…) tiene mucho que ver en los mandatos sociales hacia el cuerpo de las mujeres. La industria cultural ha sido uno de los dispositivos más violentos hacia las madres, ya que no solo romantiza la maternidad sino que nos miente en la cara cuando reproduce la idea de que debemos seguir siendo deseables, una exigencia más y por tanto una nueva culpa en este proceso.

La pregunta que me cuestionó es ¿qué es deseable? De acuerdo a los medios es estar delgadas, siempre arregladas, cabello perfecto y no olvides la sonrisa de mamá feliz, qué importa si solo dormiste ocho horas…en toda la semana…

Pero ojo que no solo los medios masivos operan en ese ejercicio de control hacia nuestros cuerpos y apariencia, esta visión muchas veces se reproduce en comentarios de la familia, las amistades, nuestro círculo más cercano, el personal médico y en la sociedad en general, que nos dice que además de ser una “buena mamá” tenemos que estar delgadas y, en pocas palabras: parecer que jamás hubiéramos parido.

Todas estas exigencias generan en nosotras frustración, baja autoestima, odio hacia nuestro cuerpo, depresión…el daño es mucho y se percibe años después de haber parido. El autocuidado nunca debe ser una imposición, por eso es importante recordar que la relación con nuestro cuerpo no es un proceso lineal: es de altos y bajos y tenemos derecho a habitarnos.

Nuestro cuerpo cambió. Gestamos vida. Parimos. Vivimos un posparto. Estamos maternando. En lo personal no soy ni seré la misma y eso está bien.

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Oxímoron
Andy Hernández Camacho es maternofeminista, profesora de literatura, comunicóloca pública, sentipensante, gestora de procesos comunitarios en distintos espacios, siempre en deconstrucción. Actualmente, reflexionando en tribu sobre maternidades desobedientes y las distintas narrativas para nombrar el trabajo de cuidados a través del proyecto La Mamá Cósmica. También es maestrante en gestión y desarrollo social.

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