Sin visas humanitarias, la Caravana Migrante es obligada a dejar la capital y dispersarse en el Norte

Medios Aliados

Este miércoles 22 de diciembre, alrededor de 460 personas integrantes de la caravana migrante alojadas en la Casa del Peregrino en la Ciudad de México, empezaron a subirse a autobuses proporcionados por el Instituto Nacional de Migración (INAMI) que las llevarán al norte del país. Solo un poco más de 60 ya recibieron las tarjetas de visitantes por razones humanitarias que las protegerán en su camino.

Texto y fotografías Marie-Pia Rieublanc / @Mpirieublanc

Entre alivio e incertidumbre, las alrededor de 460 personas que forman parte de lo que queda de la autollamada “caravana migrante” dejan hoy la Casa del Peregrino, ubicada cerca de la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. Estos hombres, mujeres, niños y adolescentes que salieron de Centroamérica, Suramérica y el Caribe para cruzar juntos México en búsqueda de un mejor futuro, empezaron esta tarde a subirse a los 12 camiones puestos a su disposición por el INAMI.

Conforme a un acuerdo cerrado anoche entre representantes de esta caravana y de la sociedad civil, el INAMI y la Secretaría de Gobernación (SEGOB), estos camiones los llevarán a las instalaciones del INAMI en Hermosillo (Sonora), Ciudad Juárez (Chihuahua), Chihuahua (Chihuahua) y Monterrey (Nuevo León), donde se les prometió entregarles tarjetas de visitantes por razones humanitarias.

Esta decisión clausura diez días de espera y negociaciones durante los cuales representantes de la caravana y varias organizaciones de la sociedad civil intentaron obtener tarjetas de visitantes por razones humanitarias para todas las personas hospedadas en la Casa del Peregrino antes de su traslado fuera de la Ciudad de México. Estos documentos, también llamados popularmente“visas humanitarias”, otorgan a sus detentores el derecho al libre tránsito y al trabajo y son una protección eficaz contra eventuales detenciones. Pero sólo alrededor de 60 miembros de la caravana lograron obtener una tarjeta esta semana ,dado que, a pocos días de Navidad, el INAMI argumentó una falta de “capacidad operativa” para regularizar a más personas antes del cierre de año. De allí su propuesta anoche de trasladar la caravana y seguir con la entrega de visas en el Norte del país.

Negociaciones largas y desgastantes

“Llegar a este acuerdo fue un proceso desgastante porque el INAMI no quiso ceder ante las peticiones de las personas de ser regularizadas aquí”, explica Margarita Nuñez del Programa de Asuntos Migratorios (Prami) de la Ibero, presente en las negociaciones con las autoridades. “A estas alturas, es lo mejor para la gente porque ya está con ganas de moverse y como existe una relación de poder muy fuerte, sabíamos que al no aceptar esta propuesta, podíamos perder mucho: era o irse ahora, o perder todo apoyo”.

Si bien las ganas de irse son muy palpables en la Casa del Peregrinodespués de 10 días de convivencia en este lugar donde uno come frugalmente, se baña con agua fría y la mayoría duerme sobre cartones, existe una gran inquietud al momento de tener que subirse a los camiones sin visa humanitaria. “Todavía me siento desconfiada y tengo miedo porque no estoy segura de que me van a dar mi tarjeta cuando llegue allá”,reconoce Isabel, una madre de familia hondureña que se va a Monterrey con su esposo.

“Yo no puedo tomar el riesgo de ser deportada a Honduras”

Isabel ha participado también en las negociaciones como representante de la caravana y salió muy decepcionada de las últimas mesas de trabajo, las cuales duraron 5 horas y media el lunes y 3 horas el martes, en horarios nocturnos.“Nos están matando psicológicamente al hacernos esperar tanto tiempo para ser regularizados”, agrega Isabel. “Para mi esto es una falta de seriedad porque no toman en cuenta la gravedad de nuestros casos: yo no puedo tomar el riesgo de ser deportada a Honduras, porque allá me matan”.

Isabel huyó en marzo de este año de Tegucigalpa, la capital hondureña, donde tuvo que abandonar su tienda de ropa después de haber sido víctima de extorsiones por parte de las maras que le cobraban 10,000 lempiras mensuales. Su único sueño es llegar con su esposo a Monterrey donde vive su primo, y obtener allá su condición de refugiada y su residencia permanente para luego hacer llegar a sus hijos de 5 y 14 años que permanecen en Honduras. “Para mí, era importante obtener la visa antes de subir para sentirme segura y saber que voy a poder volver a ver a mis hijos, pero ya hicimos lo que pudimos y ya no nos queda de otra”, lamenta Isabel.

Ante las inquietudes de Isabel y de las alrededor de 400 personas que viajan hoy sin visa, el INAMI se comprometió a iniciar el proceso de regularización durante el traslado, haciendo un pre-registro de los datos de los y las solicitantes de las tarjetas de visitantes en los camiones. Además, la Comisión nacional de derechos humanos (CNDH) se compromete a acompañar el traslado, así como el proceso de la entrega de visas humanitarias en las instalaciones del INAMI en la ciudades del Norte. “Es muy entendible la falta de confianza de las personas, pero ya hay un acuerdo firmado y ya somos muchos observadores presentes en este proceso”, asegura Nasheli Ramírez de la la Comisión de derechos humanos de la Ciudad de México. “Podemos asegurar que sí serán atendidos allá de la misma manera que las personas que ya obtuvieron sus visas fueron atendidas aquí.”

Navidad en INAMI

A pesar de estas garantías, los tiempos de traslados vienen entorpecer las promesas de una regularización inmediata de todos y todas los miembros de la caravana a su llegada al norte, ya que el INAMI cerrará sus puertas entre el 24 de diciembre en la tarde y el 26 de diciembre. “Es posible que algunas personas que van a Monterrey (a unas 11 horas de la Ciudad de México en camión) estén atendidas mañana, pero las que viajan hasta Ciudad Juárez por ejemplo (a unas 25 horas) tendrán seguramente que esperar hasta el 26”, comenta Margarita Nuñez de Prami.

“Las personas permanecerán el tiempo que dure el trámite en las oficinas de representación del INM en condiciones dignas y con alimentos”, indica el INAMI y SEGOB en el documento que describe la “ruta crítica” acordada anoche con la caravana y la sociedad civil. Pero no hay seguridad de que las condiciones estén reunidas para que pasen la Nochebuena y Navidad sin el corazón apachurrado.

LOS QUE SE QUEDAN

Otras 59 personas que forman parte de la caravana, en su mayoría originarias de Haití, decidieron quedarse en la Ciudad de México, donde el INAMI se compromete a proceder a su regularización. “Todavía su situación es muy incierta porque las autoridades van a cerrar la Casa del Peregrino y no hay espacio en los albergues para recibirlos”, informa Omar Ortega, integrante del Programa Casa Refugiados. “Vamos a sondear a estas personas que se quieren quedar y proponerles rutas en función de si necesitan visas humanitarias o si quieren solicitar la condición de refugiado en México”. Según la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, los albergues para personas migrantes de la capital están efectivamente saturados y las personas que decidieron quedarse tendrán que ser recibidas en albergues para personas en situación de calle o de vulnerabilidad.

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