Las mamás champiñón

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Maroma

Por Karina Casillas / Integrante de Maroma: Observatorio de Niñez y Juventud

La nueva ola de la variante Ómicron, de nuevo nos llevó a nuestras casas. Y para muchas madres que maternan solas las cosas se vuelven más complicadas y si la enfermedad llega a casa el mundo y el entorno pero sobre todo las madres no tienen el derecho de parar. 

Para muchas empresas y para el trabajo informal parece que estas madres surgen de la nada, nadie se pregunta ¿Quién las atiende en enfermedades? ¿Qué desayunan antes de salir a laborar? o ¿cuáles son sus otras necesidades? Solo la importancia de cumplir los dos roles el de madre y el de trabajadora.

Ana, trabaja en una empresa de más de cien personas, y todo el tiempo en convivencia con los mínimos protocolos de salud, por eso la probabilidad de ser contagiada de Covid se volvió real. Los síntomas aparecen y la empresa no se hace cargo, solo le piden una prueba negativa para poder regresar a trabajar o una prueba positiva para pagar una incapacidad que no cubre los catorce días de cuarentena. En la casa la esperan dos hijos, uno de siete y otra de dos. 

Una prueba Covid de antígenos hace una semana alcanzó un costo de entre 700 y 1200 pesos y para realizártela entrabas a una fila de espera de entre dos y tres días, para Ana el tiempo corre y el dinero de los días sin laborar se escapa. Y quién puede pensar en los síntomas cuando hay una casa y dos niños que atender. Las puertas se cierran, también las ventanas, y las posibilidades también.

Los gastos se incrementarán y los ingresos se acortan. Y eso solo si se consigue la incapacidad para la cual también perderá en un día entre trámites y burocracia. 

Sumando al encierro, el desplazamiento que trae consigo la enfermedad, nadie cuida de las que cuidan. Así ¿Quién tendrá tiempos para síntomas, para tomar descanso, para sentirse mejor?

Solo esperar los días, para que el negativo llegué y volver a la rutina. 

Volver a surgir de la nada, pedir llegar al trabajo, nadie piensa en el recorrido hecho, en una cuidad diseñada por y para hombres, heterosexual, blancos y que viajan solos. Para las madres no hay atajos ni lugares cómodos, las madres trabajadoras surgen de la nada, nadie se pregunta, ¿cómo o a qué horas regresan a sus casas, donde estaban sus hijes y quién se hace cargo de ellas?

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