Re(existir)

Oxímoron

Por Andy Hernández Camacho coordinadora de La Mamá Cósmica

@andybrauni/@lamamacosmica

Ilustración: @erederbez

Me han preguntado en más de una ocasión cómo resumiría en una palabra lo que es para mí la maternidad, y la verdad es que vienen a mi mente varias, mucho depende de la experiencia ese día…porque así es esto se vive al día…

Algunas de esas palabras serían ambivalencia, oxímoron, dolor, alegría, miedo, incertidumbre, desesperación y luego la culpa…y entonces ¿cómo explicas de manera concisa la mezcla de emociones y sensaciones que trae consigo el maternar?. Últimamente cada vez que leo noticias, y me encuentro con la realidad apabullante en este país de muerte, creo que con la palabra resistencia.

Porque para mí, la vida ahora más que nunca se trata de resistir. Comienzas resistiendo los dolores del parto o de la cesárea. Y cuando aún estás recuperándote, comienza el dolor en los pezones, la bajada de leche y los pezones hinchados que además bebé se encarga de agrietar cada día un poco más. De tanto mecer a esa criatura esperando que se duerma, comienza el dolor de espalda, de brazos y de muñecas. Y de tanto quedarte dormida amamantándolo, también sufre tu cuello. Pero resistes, porque eres mamá y porque es tu bebé y es hermoso y adorable.

Conforme pasan los días y las semanas, debes aprender a vivir y ser funcional con sueño. Aunque darías todo por poder volver a dormir (como si no hubiera mañana) aunque sea un día, resistes. La cría llora a las tres de la mañana y te levantas a atenderla, tambaleando,la instalas en tu pecho para alimentarla y otra vez resistes (o al menos tratas). Se duerme, lo dejas en su cuna, se despierta, lo vuelves a tomar en brazos, lo arrullas, lo paseas, se vuelve a dormir. Y apenas detecta que vas a dejarlo, vuelve a reclamarte. Y así te pasas la noche con él, resistiendo al sueño y a esas alturas también el hambre y las ganas de ir al baño.

Pero la realidad es que no sólo tu hije te hace resistir. También debes resistir las críticas que con mucho amor y siempre las mejores intenciones otras mujeres te hacen respecto a la forma en que amamantas o por cómo lo arropas, cada decisión que tomas parece estar sujeta a debate y aprobación….lo acostumbras mucho a los brazos, no lo abrazas demasiado ¿?. Pero tú sonríes o las ignoras. Y resistes. Y así aprendes a resistir las ganas de mandar a todos a volar con sus consejos inútiles y también las ganas de darlos a otras mamás más novatas. Resistes, además, las críticas del pediatra, el nutricionista o el especialista en turno: que no le des chupón, que no uses toallitas húmedas, que le des más pecho, que no le des tanto pecho, que cumplas los horarios…que seas mejor mamá…

Y así, la lista crece y crece. Resistes las ganas de tomarte la chela que parece que te hace guiños en cada lugar al que vas o las de comer tal cosa porque a bebé le da alergia o porque se puede inflamar. Resistes la tortura de cambiar esos pañales y resistes las ganas de llamar a tu mamá para preguntarle por cada manchita que le aparece en la piel o cada vez que el pañal huele más feo de lo normal. O simplemente para preguntarle cómo rayos le hizo ella para sobrevivir contigo. Y las ganas de llamar al doctor porque estornudó o porque tiene un poco de tos, u otro ataque de hipo. Y las de llamar a todo el mundo para contarle cada una de sus gracias y publicar cada foto, cada video que le tomas.

Y resistes también a la culpa de haber elegido maternar en un país que parece más una fosa común, en el que diariamente son asesinadas 10 mujeres y en donde las personas desaparecen…resistes la incertidumbre de no saber qué le depara a tu hijo en un sistema patriarcal plagado de violencias estructurales, que normaliza y perpetúa sus privilegios. Resistes ante la idea de que criar a un hijo desertor del patriarcado es solo tarea de la madre, obviando la responsabilidad colectiva que todas y todos tenemos en la crianza. Pero sobre todo, YO resisto al miedo de saber, que las posibilidades de convertirse en una cifra, en una estadística es latente, y que quizás mañana no regrese a casa con Nicolás.

La resistencia en la maternidad se elige desde distintas trincheras, las madres ponemos el cuerpo todos los días y desde la ternura, el cuidado y el amor elijo una maternidad desobediente a este sistema y re(existo) junto a las madres guerreras que buscan, las mujeres y niñas que sufren violencias, las desaparecidas, las víctimas de feminicidios, las que marchan, las que no se callan.

Ilustración: @erederbez

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Oxímoron
Andy Hernández Camacho es maternofeminista, profesora de literatura, comunicóloca pública, sentipensante, gestora de procesos comunitarios en distintos espacios, siempre en deconstrucción. Actualmente, reflexionando en tribu sobre maternidades desobedientes y las distintas narrativas para nombrar el trabajo de cuidados a través del proyecto La Mamá Cósmica. También es maestrante en gestión y desarrollo social.

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