A las madres centroamericanas nada ni nadie las detiene en su búsqueda

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Después de dos años en pausa por la pandemia de covid, la caravana de búsqueda de migrantes desaparecidos retomó su andar. La búsqueda y el dolor no pararon, por el contrario se siguieron sumando madres, hermanas, hijos, hijas a las listas de personas desaparecidas y por lo tanto, también integrantes, buscadoras, detectives, madres, a los comités.

Texto y fotos: Isabel Mateos / Pie de Página

“Seguimos trabajando aún en la pandemia porque esta pandemia es aún más fuerte, porque para ésta no hay cura, no hay vacuna, no hay nada. ¿Cuál es la vacuna para esta pandemia de las desapariciones? Esa gran pregunta se las voy a llevar, les diré, me pueden dar una vacuna para las desapariciones; de esa no tenemos ni una ni dos ni tres vacunas, señores”.

Ana Zelaya, El Salvador.

CHIAPAS.- Desde hace veinte años, Ana busca a su hijo. Él salió de su país de origen, El Salvador, cuando tenía 23 años, en el 2002; en el camino se comunicaba con ella y le informaba dónde se encontraba. Cuando llegó a Frontera Hidalgo, en Chiapas, muy cerca de la frontera con Guatemala, la llamó por última vez. Era el 19 de mayo de aquel año.

Ella inició su búsqueda sola, en agosto, cuatro meses después de la última conversación con su hijo. Acompañada de algunos familiares, llegó hasta el lugar donde estuvo por última vez, a la zona que le había descrito y con los nombres de quienes había contratado para cruzar México. Los buscó en Tecún Umán y en Chiapas, encontró a la familia de uno de estos hombres que prometieron llevarlo, ahí habló con el padre y le dijo que no había regresado. La persona que Ana había contratado, como guía, por su conocimiento de la zona, le comentó sobre los peligros a los que se enfrentaban. “En la zona saben que si un salvadoreño busca a un coyote es para matarlo,” comentó Ana en entrevista. Ana sabía que iba arriesgando la vida en esos lugares pero las ganas de seguir buscando y la esperanza de encontrar a su hijo estaban –y continúan– latentes en su mente y en su corazón.

Anita, como le llaman quienes la conocen, piensa que le faltó preguntarle a su hijo, qué nombre le habían puesto, qué nacionalidad, ya que muchas veces se los cambian antes de salir. En esa última llamada Rafael Alberto le dijo que era posible que el martes llegaría a su destino. Ese martes no ha llegado. La gente le pregunta si ella cree que va a reconocer a su hijo veinte años después; y ella sabe que sí, que toda madre reconocería a sus hijos aun pasados los años.

La XVI Caravana de Madres Centroamericanas en busca de migrantes desaparecidos y desaparecidas en México entró el primero de mayo por el Puente Fronterizo Rodolfo Robles en Ciudad Hidalgo, Chiapas. En Tecún Umán, Guatemala, las madres originarias de El Salvador, Honduras y Guatemala caminaron para iniciar la búsqueda y demanda por sus hijos e hijas desaparecidas, apoyadas por el Movimiento Migrante Mesoamericano (MMM).

Las madres de los comités en cada país han recorrido dieciséis veces la ruta migrante y espacios estratégicos para localizar y exigir a las autoridades, no sólo de sus países sino de México, que se cumplan con las leyes y las ayuden en su búsqueda.

Cada año viene un grupo de al menos 40 familiares; éste representa a miles de madres, padres, hijos, hijas, hermanos y hermanas, quienes se quedan en esos países expulsores. Emprenden un camino, sabido, de más violencia que los y las atraviesa de formas que, en países de primer mundo, suenan a ficción; las historias de migrantes desaparecidas y desaparecidos en territorio mexicano y en la línea que divide a Estados Unidos con México resultan perversas. Nada las detiene, ni una pandemia mundial. Como bien lo dijo Anita, la desaparición de nuestros hijos e hijas es mucho más grave que cualquier otra pandemia, porque para ésta, nadie tiene cura ni respuestas.

En los años de mayor crisis por la pandemia, el 2020 y 2021, la migración no paró. El hijo de Ana Lucía Rivas, también de El Salvador, desapareció durante el segundo año de la pandemia. Adonaí García Rivas de 21 años, salió de su casa el siete de marzo y se comunicó con su familia por última vez el 18 de mayo del mismo año. En esa llamada él le contó a su madre que estaba a punto de cruzar el Río Grande; les dijo que por la noche los harían pasar. La búsqueda la iniciaron en redes sociales a los días, en grupos donde se publican alertas de personas migrantes desaparecidas, y tiempo después una vecina le comentó a Ana Lucía sobre la labor del Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos (COFAMIDE). Ella, sin dudarlo, pidió ayuda a las compañeras que ahí han trabajado por años en la búsqueda de migrantes, fue ahí donde encontró la forma de entrar a México.

Las búsquedas no siempre dejan pistas claras. En su búsqueda en redes, empezó a seguir páginas de ayuda humanitaria y fue así que en una ocasión, una mujer llamada Ángela de un albergue publicó en sus redes una fotografía mientras daba comida a personas en las calles de Tijuana. Al ver la fotografía, Ana Lucía pensó que reconoció la cara de su hijo de perfil: la nariz, la forma de la cara y una cicatriz de forma alargada a un lado del ojo izquierdo. La contactó por este medio y le respondió que esa persona había perdido la memoria. Ana Lucía habló de esto con Eva Ramírez , coordinadora del comité de búsqueda en Honduras y con Rubén Figueroa –elemento clave del Movimiento Migrante Mesoamericano, por su labor siguiendo las pistas que las madres tienen de sus hijos e hijas–. Hasta el momento no hay más hallazgos, Ana, la madre de Adonai continúa en su propia búsqueda en las redes y acompañada de todas aquellas que buscan desde Centroamérica.

Aún en la pandemia, la lista de miles de migrantes desaparecidos siguió aumentando.. . Las políticas migratorias y el monitoreo en las fronteras entre los países aumentan los peligros que las y los migrantes viven. Existe un incremento del tráfico de personas a partir del año 2015 cuando se implementa el Plan Frontera Sur en el territorio, el crimen organizado aliado a autoridades corruptas cooptaron por completo la ruta migrante y los costos del viaje también incrementaron, según Figueroa. La mediatización de Tapachula, uno de los puntos de entrada a la frontera sur de México militarizadas en los últimos años, desvía la atención de los cientos de kilómetros por donde los traficantes de personas pasan a miles de mujeres y hombres en cajas de tráileres, sin seguridad alguna. Las madres de la Caravana lo vieron: se fueron al sitio del accidente en la carretera Chiapa de Corzo donde 56 migrantes perdieron la vida, después de que el tráiler que les transportaba perdiera el control y se volcara. En su segundo día en México, en lo que llaman “la curva del migrante”, realizaron una ofrenda floral.

Cada año diferentes madres viajan juntas en el autobús del Movimiento Migrante Mesoamericano, horas pasan sentadas ahí y en cada ciudad, entre dos, tres o cuatro madres y familiares comparten habitaciones de hotel. Viajan unidas entre historias, puertas que no se abren, muecas que no se esconden, canciones y ropa secándose en las noches. En las caras de las y los migrantes que encuentran en la ruta ven a sus hijas e hijos. En la cara de las autoridades, encuentran retos en su búsqueda de respuestas.

Durante su paso por Tabasco, el gobernador Carlos Manuel Merino Campos ofreció un desayuno a las madres, en el cual compartió una anécdota; relató que conoció a unos jóvenes que creía eran de El Salvador: «Qué desean?”, les dijo. Les ofreció 500 pesos, lo que traía en su cartera y llevarlos a un albergue, aunque les advirtió que lo más probable es que serían regresados a su país. Agregó que el año pasado detuvieron a nueve hombres que asaltaban migrantes y que, a través de una donación de terrenos, se está construyendo un albergue que ofrece lo indispensable, una estancia segura, lugares higiénicos y un buen trato.

Katalina López integrante del Comité de Guatemala y profesional en acompañamiento psicosocial de la organización Equipo de Estudios Comunitarios y Atención Psicosocial (ECAP), tomó el micrófono y mencionó que todas las mamás demandan un trato humano a los y las migrantes:

“El sueño americano se convirtió en la pesadilla americana por toda la criminalización y atropellos a sus derechos humanos en este país y como siempre decimos; abajo las fronteras, muros no, puentes sí. Porque es posible que nosotros como humanos pongamos fin a esa violencia hacia la población migrante”

Katalina López, Guatemala

Talia Vazquez Alatorre, actual presidenta del Movimiento Migrante Mesoamericano, llevó a las madres a un Taller de la Comisión Nacional de Búsqueda, organizado por el gobernador Merino, donde les compartieron los mecanismos de búsqueda de personas desaparecidas en México y los acuerdos entre países. En los últimos años, se echó a andar una reforma de la comisión nacional y las comisiones estatales, con el fin de crear mecanismos más eficaces para localizar a las más de 95 mil personas desaparecidas.

Las madres de la caravana sospechan de estos mecanismos. Cuestionan que solo han cambiado de nombre a través de los años, que han denunciado las desapariciones en consulados, cancillerías, oficinas de migración, fiscalías y en la Secretaría de Gobernación.

Yensi.

Yensi Argueta Díaz, de Honduras, busca a su hermano Samuel, desaparecido el 29 de abril de 2017; ha entregado información y datos de la desaparición en la frontera sur de Estados Unidos, más de diez veces en su país, recuerda. Ella y su familia iniciaron la búsqueda cinco meses después de que partiera, menciona que es muy difícil entrar al consulado, después de muchos intentos, logró que la atendieran. De ahí le han llamado para avisarle que habían encontrado a personas con rasgos similares a su hermano pero nunca le llaman de vuelta para confirmar si era o no era.

Quien les comparte otras formas de búsqueda es Rubén Figueroa. Él recorre la ruta migrante, ya que su hermano Fredy, desapareció en el año 2020 entre Cancún y Tulum, en Quintana Roo. En esta edición de la caravana, el buscador, lleva la foto de Freddy, ahora la foto acompaña los otros retratos que se muestran en las plazas públicas en busca de información sobre el paradero de quienes aparecen en las impresiones plastificadas.

Rubén, durante el año, viaja entre México y Centroamérica recabando pistas. Se emprende una profesionalización de detective, perito, investigador, estratega, documentalista y luchador. . . Con familiares que se preparan para la caravana anual, Rubén siempre mantiene contacto, 370 migrantes han sido hallados con el esfuerzo de esta organización que trasciende las fronteras, los muros de metal, de cemento, de violencia o de trabajo.

Después de dos años en pausa por la pandemia de covid, la caravana retomó su andar. La búsqueda y el dolor no pararon, por el contrario se siguieron sumando madres, hermanas, hijos, hijas a las listas de personas desaparecidas y por lo tanto, también integrantes, buscadoras, detectives, madres, a los comités; el apoyo psicosocial, emocional que las madres se dan la una a la otra no paró. Ahora, dentro de una pandemia mundial controlada, las madres se preguntan si la desaparición de migrantes así como la pandemia desaparecerá.

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Este trabajo se publicó originalmente en Pie de Página:

A las madres centroamericanas nada ni nadie las detiene en su búsqueda

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