¿Te han dicho “puto” para ofenderte?

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Por Dejar de Chingar / @DejarDeChingar

Comúnmente a los hombres nos han agredido diciéndonos “puto”, seamos homosexuales o no. Y la mayoría de las veces no ha sido por ser homosexual.

¿Te han dicho “puto”? ¿En qué contexto? Los siguientes son algunos casos que pueden servir de ejemplo:

    • Cuando iba en la primaria me lastimé y lloré. Me dijeron: “No llores, no seas puto”
    • Cuando sin querer saludé de beso en la mejilla a un amigo y todos se burlaron de mí.
    • Por irle a las Chivas, o al Atlas, o al América, o prácticamente a cualquier equipo que no le guste a ese vato con el que estoy hablando.
    • Cuando me compararon con una mujer:“¡Ay, wey! ¡qué nenita, no seas puto!”
    • Por no querer seguir bebiendo, cuando puse un límite por el cuidado de mi salud: “¡Fondo, fondo, fondo! ¡no seas puto! ¡fondo, fondo, fondo…!”
    • Por no querer correr riesgos innecesarios haciendo la pendejada en turno, como jugar arrancones, saltar una barda muy alta, molestar a unos perros bravos y salir corriendo: “No sea puto, no le saque”.
    • Cuando conté que no quise tener una práctica sexual con una chica en un antro que estaba ya muy tomada: “Este wey es puto, desperdició cogerse a una morra”.
    • Cuando no me quise agarrar a chingadazos con el bravucón de la secundaria o con el que choqué en López Mateos: “¿Qué no eres hombre? Pelea, puto”.
    • Cuando mi papá se enteró que me gustaban los hombres: “Yo no quiero putos en la casa”.

Bueno, pero también nos decimos “puto” los hombres para saludarnos: “Qué onda, putito”. Pero ¿por qué relacionarnos sólo desde los insultos? ¿Por qué no cambiar esos insultos por palabras (y acciones) cariñosas?

“Puto” es una palabra que se utiliza como un insulto ordinario hacia los hombres.

“Puto” es la última palabra que han escuchado muchos hombres al ser asesinados por crímenes de odio por homofobia.

“Puto” es una palabra cargada de homofobia, sí, y también de reglas de género. “Puto” regula el “buen ser hombre” y el “mal ser hombre”.

Con “puto” se castiga al hombre que quiere cuidar su salud; al que quiere romper los estereotipos y aprender a cocinar o bailar; al vato cariñoso; al que quiere poner un alto a la violencia contra él mismo, contra otros hombres, contra las mujeres; con “puto” se castiga a los hombres que no son heterosexuales. Con “puto”, hasta se castiga a los hombres que no piensan como la mayoría, a los que no le gustan las cosas que le gustan a la mayoría.

Y no sólo nos han dicho “puto”, probablemente también le hemos dicho “puto” a otro hombre.

Actualmente ya hay mucha violencia en el mundo como para seguir contribuyendo con más prácticas que hacen normal y cotidiano el odio.

Nos toca revolucionar nuestras relaciones mediante la ternura y el cariño; más allá de satanizar “puto”, se trata de identificar los efectos sociales y reguladores de las palabras entre los hombres.

De pasada proponemos hacer un ejercicio similar con “joto”, “maricón”, “puñal”, entre otras. Pero también con “puta”, una palabra que solemos usar los hombres para señalar y sancionar a las “malas mujeres”.

En síntesis, proponemos las siguientes pautas ético-políticas basadas en las anteriores reflexiones:

    • Ya no digamos “puto” para ofender a otros hombres.
    • Dejemos de dar cuentas a otros hombres para demostrar que no somos putos.
    • Interpelemos a otros hombres que usan “puto” como una ofensa (acá nuestra columna sobre la interpelación).

Si te interesa trabajar en otras formas no violentas de relacionarte, te invitamos a nuestras reuniones todos los sábados a las 4:30pm en Guadalajara, Jalisco. Contáctanos para más información en nuestras redes:

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Masculinidades en conflicto. Hombres que reflexionamos y trabajamos colectivamente en torno a la masculinidad y el machismo como problemas.

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