Las costumbres conservadoras: ¿vulneran nuestros derechos sexuales?

Escribiéndonos Resistimos

Por Elisa María Ruvalcaba Sánchez/ estudiante de secundaria

Desde el momento en que abrimos nuestros ojos por primera vez, somos parte de la sociedad y nunca más podemos separarnos de ella.

La construcción social en la que vivimos le da forma a la percepción con la que vemos, reflexionamos y la manera en que nos desenvolvemos en nuestro mundo, pero, ¿hasta qué punto nos limita? En este artículo me gustaría enfocarme en las ideas conservadoras en relación con los derechos sexuales de los adolescentes y jóvenes.

La gran mayoría de los adolescentes en México tienen familias religiosas, en gran parte católicas o cristianas, lo que inevitablemente impacta en su desarrollo. Siempre hay una voz, papás, abuelos o incluso un monólogo interno que nos dicta lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro, pero en realidad la mayoría de tonos en este mundo son grises y este estrecho control sí viola nuestros derechos sexuales. Debemos sentirnos cómodos de vivir nuestra sexualidad sin tener que cargar con una culpabilidad infundada.

Quiero respaldar mi idea primero con el apoyo del artículo 2° de los Derechos Sexuales de Adolescentes y Jóvenes que dice: “tenemos derecho a ejercer y disfrutar plenamente nuestra sexualidad”, esto es fuertemente contrario al discurso “cuida tu flor, que no se marchite” o el “deber esperar hasta el matrimonio para una relación sexual si se es una persona decente en lo más mínimo”.

Estoy totalmente de acuerdo con el argumento de que se debe ser prudente acorde al momento y la madurez de los involucrados, pero no defiendo el antagonizar ni mucho menos humillar a las personas por ello. Somos libres de vivir nuestra sexualidad sin ser mal vistos o criticados por ello.

Ahora, ¿por qué como comunidad nos cerramos ante ciertas ideas?, la ley nos apoya para poder querer y demostrar cariño sin miedo. Tomemos en cuenta lo que dictan el artículo 3°: “tenemos derecho a manifestar públicamente nuestros afectos”, y el 4°: “tenemos derecho a decidir libremente con quién(es) nos relacionamos afectiva, erótica y socialmente”.

No se debe limitar, hablando de personas homosexuales y bisexuales, ni perseguir o agredirles por expresar afectos en “medidas apropiadas”, o simplemente por tener una orientación sexual diferente a la heterosexual. Todo ser humano, sin importar nada, tiene el derecho al amor, amar y ser amado, y como sociedad debemos seguir avanzando para aceptarlo y respetarlo.

Avancemos hacia un tema muy tabú y silenciado en varias familias… el sexo y la reproducción, que viene acompañado de ideas como que una mujer debe  engendrar hijos para tener valor alguno, que las personas deben sí o sí casarse, o la castidad; pero las decisiones de cada cual deben ser respetadas, no impuestas (ojo: no digo que los ejemplos usados sean malas acciones, los uso al ser comúnmente motivo de juicio por conllevar lo que es el “buen camino” en el cerebro conservador, pero igualmente son decisiones válidas y más que nada propias).

Veamos el artículo 7°, que nos habla del derecho a decidir informada y libremente sobre nuestra vida reproductiva. Esto lo digo enfocada al acceso a métodos anticonceptivos y al aborto legal y seguro, al igual que el embarazo, ya que para estas cuestiones no hay ni bien ni mal, solo contextos y vidas diferentes.

Junto con lo anterior, también quiero hacer alusión al estado civil, la identidad de género, la orientación sexual y si es que se desea o no tener hijos, pues no estamos obligadas a actuar como “ellos” (la sociedad) quieren; en  su lugar, “ellos” están obligados a permitir que cada quien exista como lo desee. Brindaré más soporte a lo que busco expresar con el derecho 11º, que dice: “tenemos derecho a la educación integral en sexualidad”, pues considero que es un  tema muy ligado a lo previo. La educación sexual suele ser omitida por alegatos de ser un tema impuro o vulgar, pero es crucial para el desarrollo de todo ser humano, no debe callarse o ignorarse y debe ser una materia de discusión abierta en el entorno familiar y escolar.

Para concluir, la sexualidad de cada persona es distinta, pero no por ello es indigna de respeto. Cada individuo tiene la autonomía de elegir sobre su vida y su entorno. Las prácticas de cada ser son comprensibles y tolerables, siendo el único límite el respeto a los derechos ajenos.

Nuestra sociedad está en constante crecimiento, desarrollo y aprendizaje, siempre adaptándose a las necesidades momentáneas, y ahora mismo nuestra cultura y costumbres se modifican, mezclando el pasado, el presente y el futuro. Seamos capaces de siempre permitir a todos ser quienes quieran ser y amar a quien quieran amar, sin juicios ni humillaciones de por medio. No hay caminos correctos o incorrectos, simplemente decisiones diferentes.

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