“Las mujeres también merecemos vivir sólo del fútbol”

Jugadoras de la Liga MX Femenil, día con día, alzan la voz para buscar la posibilidad de vivir y mantenerse de su pasión más grande: el futbol. Posicionadas en un terreno de juego de condiciones disparejas exigen vivir de este deporte que practican con gran profesionalismo.

Esta es la historia de quienes resisten al machismo dentro de una “liga profesional” que ya aplicó violencia económica en razón de género cuando, en los primeros torneos, les negó parte de sus salarios.

Por Isabel Carrillo /@cathy_studies_; Seiler García / @seilergarcia10; Johan Gallardo / @johan.gallard; Eduardo del Rio / @lalodelrioa, Carlos Haro / mrcharly_jr; Oscar Hernández / @OHrnandez e Ivan Ramírez.

Ilustraciones por Ally Blossom / @talynoyfound

En México, la mayoría de las futbolistas de la Liga MX Femenil no pueden vivir sólo del futbol porque, en promedio, muchas de ellas -sobre todo las más jóvenes- ganan alrededor de cinco mil pesos mensuales.

La desigualdad salarial, entre las ligas profesionales de futbol (varonil y femenil), es tan grande que un delantero como Ángel Zaldívar del Club Guadalajara percibe (a pesar de sólo haber marcado tres goles en 2022), un salario mensual de un millón de pesos; con esta cantidad se podría pagar el salario de todas las jugadoras de la defensa del equipo de Chivas Femenil, la escuadra menos goleado en el Torneo Clausura 2022.

Pero la exigencia, como señalan diversas futbolistas, no es tener sueldos iguales, sino generar condiciones para que se pueda vivir de manera digna siendo deportistas profesionales, pues un jugador como Zaldívar con el sueldo que percibe puede dedicarse sólo a jugar futbol, mientras que defensas como: Jaqueline Rodríguez, Damaris Godínez, Michelle González, Angélica Torres o Kinberly Guzmán, no tienen asegurado ese mismo desarrollo profesional. 

Sin embargo, lo que sí es notorio en las futbolistas de la Liga MX Femenil son las ganas de cumplir su sueño de “vivir del deporte que aman”, pero con condiciones dignas para que su salario les permita tener un óptimo desarrollo profesional y humano, lo que conlleva solventar sin problemas sus necesidades básicas (alimentación, vestido, vivienda) y atléticas (citas médicas, transporte, implementos deportivos, etcétera).

Derechos laborales básicos que no les han sido del todo garantizados desde que la Liga MX Femenil surgió el 6 de diciembre de 2016, pues durante los cuatro primeros torneos a las jugadoras se les vulneraron sus derechos económicos, pues al establecer “topes salariales”, los 17 equipos dejaron de pagarles 74 millones 375 mil pesos; así lo determinó la investigación realizada por la Comisión Federal de competencia (COFECE).

La instancia gubernamental determinó que esta violencia económica en razón de género se realizó de manera dolosa, pues nada justificaba el pago incompleto del sueldo de las jugadoras durante los dos primeros años de la liga femenil.

Por estas acciones, más la penalización por el llamado “pacto de caballeros”, la COFECE multó a la Federación Mexicana de Futbol y a la Liga MX Femenil con 177.6 millones de pesos. 

Ana Paola López, ex jugadora de la Liga MX Femenil en los clubes Cruz Azul, Puebla y Pachuca, considera que: “Es una multa que da risa”, pues ésta no fue subsana el daño por el que pasaron en los inicios de la liga femenil:

“Se trata de una medida que se ve bien, pero es mínima económicamente; a mí como jugadora no me sirvió en nada, pues nadie me retribuyó el año y medio que gané con un tope salarial”.

El tope salarial al que se refiere Paola es aquel que impusieron los equipos para que las futbolistas no ganaran más de dos mil pesos mensuales, esto conforme a un tabulador en que las deportistas se clasificaban en tres categorías: i) las mayores de 23 años ganarían un máximo de 2 mil pesos; ii) las menores de 23 años, 500 pesos más un curso para su formación personal y iii) las jugadoras de la categoría Sub-17 no tendrían ingresos, pero podrían tener ayuda de transporte, estudios y alimentación.

Este acuerdo, que generó las bases de la precarización laboral de las jugadoras de la Liga MX Femenil, cambió para la temporada 2018-2019, al establecer que el tope máximo salarial sería de 15 mil pesos, aunque también se determinó que se daría oportunidad para que cuatro jugadoras tuvieron sueldos superiores, aunque con un tope de 50 mil pesos mensuales.

Estas prácticas violatorias de los derechos laborales de las futbolistas estuvo vigente entre noviembre de 2016 a mayo de 2019, y de acuerdo a la COFECE tuvo la finalidad de “manipular los precios –en este caso los salarios de las jugadoras– y evitar que los clubes compitieran por su contratación mediante mejores salarios”, esto no sólo repercutió negativamente en su ingreso, sino también tuvo como consecuencia ampliar la brecha salarial por razón de género.

Estas condiciones obligó a muchas futbolistas a dejar su sueño deportivo, pues no había manera de mantener la ilusión con un sueldo que no daba para vivir del futbol.

Cuestión que denunció la propia Ana Paola López mediante una carta en la que anunció su retiro del futbol:

“En el momento en el que siento que jugar futbol profesional me conduce a sacrificar y alejarme de a poquito, de esta reivindicación social de personas violentadas sistemáticamente, y de vivir justamente libre, creo que ya no lo vale”.

La investigación de la COFECE por la violación a los derechos laborales de las futbolistas de la Liga MX Femenil inició el 29 de junio del año 2018, pero su dictaminación final se hizo pública hasta el 23 de septiembre de 2021; es día señaló que 17 clubes afiliados a la Federación Mexicana de Futbol, la propia Federación, así como ocho funcionarios fueron responsables de cometer violencia económica en razón de género.

Queremos que se nos pague dignamente

¿A un año de la multa interpuesta por la COFECE, qué ha pasado en la Liga Mx Femenil? en palabras de la periodista, Adrianelly Hernández, los cambios han sido pocos, pues las bases laborales desiguales con la que surgió la liga femenil siguen teniendo efectos.

”Al inicio de la liga el ritmo de vida de una deportista de alto rendimiento y profesional era básicamente imposible de sustentar con los salarios tan bajos que ellas percibían”, explicó.

Esto ha ido cambiando; sin embargo, en la gran mayoría de los equipos los gastos de vivienda, comida y, en general, sustento básico de las futbolistas: “rebasa sus ingresos; por ello, se ven orilladas a escoger entre su pasión y el sobrevivir de manera digna”.

Esto ocasiona que muchas jugadoras opten por seguir con sus estudios o emprendan algún negocio; aunque también existen casos donde logran mantener ambos caminos (deporte/trabajo o deporte/estudios), pero con un costo físico y mental enorme.

Valeria Peredo, futbolista del club Leonas Negras de la Universidad de Guadalajara (UdeG), comentó que cuando inició su carrera, el sueldo percibido no le alcanzó para desarrollarse plenamente:

“A mí me ofrecían mil 351 pesos a la quincena por jugar futbol,  teniendo yo que recorrer lado a lado la ciudad para ir a entrenar a las 7 de la mañana, pero también hacerme mis comidas y comprar mis implementos y ropa deportiva; por ello, tomé la decisión de dejar ir mi sueño de ser futbolista para literalmente empezar la vida de adulto y tener que vivir, entonces, decidí por la universidad”.

Estar en el equipo universitario, ahora le permite seguir jugando futbol, pero también tener una carrera, ya que este club no puede aspirar a ser parte de la Liga MX Femenil, pues el equipo varonil de la UdeG no ha logrado ascender a primera división, y mientras no lo haga, las Leonas Negras tampoco podrán hacerlo.

Es decir, el ascenso profesional de las mujeres deportistas depende de los resultados del equipo varonil.

Aunque esta situación no fue discutida en la investigación de la COFECE, no hay duda que forma parte de la violencia de género que aún viven las mujeres que quieren dedicarse profesionalmente al futbol, pues no sólo son “los topes salariales” lo que limitan su desarrollo, sino también las decisiones directivas que supeditan al futbol femenil a lo que, deportiva o económicamente, puedan lograr los equipos varoniles. 

La determinación de la violencia económica en razón de género, dictaminado por la COFECE, no es cosa menor porque de acuerdo a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una vida Libre de Violencia (en su artículo 6, fracción IV), esta violencia se define como:

“toda acción u omisión del agresor que afecta la supervivencia económica de la víctima y que se manifiesta a través de limitaciones encaminadas a controlar el ingreso de sus percepciones económicas, así como la percepción de un salario menor por igual trabajo, dentro de un mismo centro laboral”.

Estas adversas condiciones para la profesionalización de las mujeres futbolistas generaron que algunas jugadoras de la Liga MX Femenil alzaran la voz mediante la publicación de un manifiesto denominado: “Cuando todas juegan”, el cual se hizo público el 12 de marzo de 2020.

En este documento presentaron cinco puntos que tiene como objeto abatir la violencia de género dentro de la liga femenil.

“(…) en el afán de que el balón del desarrollo humano siga rodando, las personas del futbol firmamos este manifiesto con el fin de reconocer la situación actual del deporte femenil, plantear las necesidades que aún quedan por satisfacer, y los retos que aún nos separan de una verdadera equidad de género”, señalaron las futbolistas firmantes. 

En primer lugar, las jugadoras exigían que se generara una reivindicación de la mujer, pidieron que se les reconociera como seres humanos que también tienen el derecho de mantener y formar una vida normal fuera de los diferentes estigmas sociales y de género, como ser estudiantes, madres y trabajadoras por elección propia.

Para el segundo punto, las jugadoras expresaron que se les dejara de etiquetar, ya que se les juzga porque son mujeres, pero no por lo importante: la manera en la que juegan futbol.

Como tercer lugar, exigieron independencia empresarial y económica de los proyectos de futbol varonil, esto para que el femenil sea liberado y pueda tener aspiraciones propias.

Su cuarta exigencia era eliminar el acoso, el lenguaje sexista y la censura donde los roles de género se mantienen presentes dentro y fuera de la cancha.

Finalmente, el quinto punto fue una declaración de principios, pues para ellas jugar futbol es “un movimiento revolucionario en sí mismo”, pues a partir del deporte buscan  que éste sea una extensión de derechos a grupos humanos históricamente sojuzgados: “mujeres, comunidad LGBT+, grupos desaventajados socioeconómicamente, ambientalistas”.

“Eso también es equidad: eliminar el deber ser de acuerdo con roles de género, para reconocer y valorar quienes somos: personas con habilidades, intereses y demandas válidas, sin etiquetas, sin la necesidad de tener que llenar expectativasimpuestas por estructuras de poder ajenas. Para ir en contra de estas expectativas es necesario, primero, hablar de género, aunque incomode”.

A pesar de la potencia del manifiesto, ni siquiera existió un pronunciamiento o reacción por parte de la Liga MX Femenil o de la Federación Mexicana de Futbol; otro elemento que jugó en contra de las futbolistas es que la pandemia de COVID-19 abonó a que éste no tuviera el efecto deseado.

“Si algo nos enseña el futbol es que no todo es ganar. Las formas importan, y si esta forma es una de suma global y que inspira valores comunitarios de cooperación y respeto a la diversidad, con esa nos la jugamos. ¿Esta forma incomoda? No más que la actual”, concluía el manifiesto.

Aunque la COFECE tampoco recupera lo expresado por las futbolistas, si explica paso a paso cómo es que las autoridades del futbol de manera dolosa provocaron la desigualdad laboral de las jugadoras, lo que permitió aprovecharse de los sueños de quienes vieron en la liga femenil la oportunidad de ser futbolistas profesionales. 

Algo que no se tomó en cuenta, en junio del año 2018, cuando en asamblea los dueños de todos los clubes de la Liga MX Femenil acordaron los términos de este tope salarial:

Éste estuvo vigente a lo largo de los torneos: Apertura 2017, Clausura 2018, Apertura 2018 y Clausura 2019; lo que, en cálculos de la COFECE, generó una falta de pago de 74 millones 375 mil pesos.

Dinero que, posiblemente, afectó el desarrollo profesional de las más de 200 futbolistas que participaron en estos torneos.

Una deuda que hasta el día de hoy, jamás ha sido recompensada a las jugadoras, pues la propia COFECE solamente multó a los clubes, pero ya no dio seguimiento a la reparación del daño.

De manera particular, la COFECE dictaminó que, todos los involucrados (Clubes, Federación y funcionarios) no fue mera casualidad, pues:los clubes establecieron topes salariales de manera totalmente intencional, con el fin de beneficios propios de los Clubes que simplemente tenían la oportunidad de destinar menores recursos y, con ello, evitaban el competir con otros clubes en cuanto a ofrecer más dinero”.

Por ello, la multa interpuesta fue de 177.6 millones de pesos.

Respecto a la dictaminación y cumplimiento de la multa, obtuvimos información de parte de la COFECE, en la que asegura que “la cantidad de dinero especificada en las resoluciones fue subsanada por cada uno de los clubes, la Federación Mexicana de Futbol y las personas implicadas en la carpeta de investigación”; sin embargo, las medidas de no repetición de la conducta quedaron bajo la responsabilidad de los implicados.

Al respecto, Paola Lopez, fue clara y contundente: “No hubo acuerdo reparatorio para las aproximadamente 240 víctimas como yo”; la alternativa que ella da para este tipo de sanciones está orientada a utilizar esas cantidades de dinero en potenciar el talento y las condiciones de profesionalismo para sus jugadoras.

La ex futbolista mencionó que si de verdad es parte de la agenda el apoyar a los equipos femeniles: “el dinero debería volver a las infraestructuras y servicios”; es decir, reinvertirse en el futbol femenil.

Para Claudia Pedraza, especialista en deporte femenil, después de la multa de la COFECE algunos clubes están demostrando que sí se pueden hacer cambios, pues equipos como los del norte (Rayadas y Tigres Femenil) han hecho acciones para hacer funcionar maquinaria que hace que el espectáculo del futbol femenil sea redituable.

Para la académica, los clubes tienen años haciendo negocios del un mal producto; el futbol varonil, al cual hacen funcionar como un espectáculo mediante la triada: medios, audiencia y patrocinios.

Desde su perspectiva, este sistema generan que, en algún momento se tenga que invertir en alguno de ellos para que los otros se activen; en este proceso lo más sencillo es atraer la atención de los medios, algo que ya ocurre con la Liga MX Femenil, pues las audiencias piden ver los juegos de los equipos femeniles tanto en los estadios como en la televisión. 

Para Claudia Pedroza, el dinero de la dichosa multa interpuesta por la COFECE, bien pudo haberse utilizado para:

“potenciar elementos estructurales, así como para alimentar el nicho de mercado, pues no es necesariamente la misma afición del fútbol varonil”.

“Sí quiero jugar en tu equipo, pero lo que ofrecen me hace dudar”

“Nosotras sentíamos que no cabíamos, pues primero estaban todas las divisiones varoniles, incluso, las no profesionales, y después nosotras”, son las palabras de diversas mujeres que han dudado sobre si vale la pena perseguir el sueño de ser futbolistas profesionales.

Si bien, las condiciones laborales ofrecidas a las jugadoras han ido mejorando a lo largo de los años, al inicio eran catalogadas como una burla, ya que temas básicos como la hidratación en los entrenamientos, dependía de cada una de ellas, pues algunas deportistas, que prefieren omitir su nombre, señalan que: “era como jugar en el recreo en la escuela, pues teníamos que llevar nuestra propia botella de agua y si se acababa, no había más”

Las disposiciones de espacio también daban de qué hablar, ya que las canchas “principales” de los clubes eran destinadas exclusivamente para los hombres, eso redireccionaba a las mujeres a canchas independientes, algunas fuera de la ciudad, llegar a ellas no sólo era más complejo, sino también inseguro: “En los equipos femeniles el cuidado es peor y en segundo plano”.

Los llamados a la acción han sido frecuentes, ya que en su momento, la ex-directora técnica del club Pachuca, Toña Is, hizo un llamado al club para regar el pasto de las canchas donde se les destinaba entrenar, esto puede parecer una petición sin sentido, pero las dificultades que generaba entrenar en una cancha seca, las hacía tener más probabilidad de lesionarse y no les permitía generar sus entrenamientos en condiciones óptimas.

Otro ejemplo de las irregularidades en las condiciones de trabajo se ve en los traslados y hospedajes en los estados que visitaban para sus encuentros, ya que en la mayoría de las ocasiones no se pagaban hoteles. En palabras de Paola López: “como no pagaban el hotel, salíamos a las dos de la mañana para llegar al partido”.

Este tipo de ejemplos no se comparan con la manera en la que son tratados los equipos varoniles, pues “los esquemas de los equipos varoniles están hechos para que ellos rindan sus 90 minutos”, haciendo referencia a que para ellas las facilidades a rendir son mucho más difíciles de conseguir.

Más allá del futbol como deporte, las jugadoras lo ven y valoran como una forma de vida que les permite visibilizar y hacer figurar a la mujer en espacios que, generalmente, están ocupados por el género masculino.

Lamentablemente, ellas no pueden verlo como un medio para alcanzar sus aspiraciones de vida, ya que las condiciones bajo las que trabajan y practican el deporte no pueden ser compatibles con su manera ideal de profesionalizarse, pues llega un momento donde todas ellas se han preguntado:

¿Vale la pena seguir? ¿De qué voy a vivir después de esto? 

Al respecto Adrianelly Hernández señala que pese a todo: “hay jugadoras que van a aceptar condiciones adversas con tal de cumplir su sueño, aunque saben que eso no lo van a conseguir si se quedan sólo en la Liga MX Femenil”, pues la usarán para conseguir con su talento la profesionalización en otros países donde vivir del deporte, del futbol, siendo mujer es posible.

Pero también hay quienes también luchan dentro de la cancha por emparejar las desigualdades salariales y de género, pues la Liga MX Femenil son las jugadoras que, partido a partido, lo dan todo para demostrar el nivel del futbol femenil en México.

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Este es un trabajo de investigación periodística realizado por alumnas y alumnas de la Licenciatura en Comunicación Pública del CUCSH de la Universidad de Guadalajara, en el marco de la asignatura de Investigación Periodística a cargo de Darwin Franco Migues.

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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