Cosas en la cabeza

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

El Pájaro de fuego recuperó su color original y perdió buena parte de su vistosidad. El rojo que le pusieron sí parece naranja, la verdad. La vida da, la vida quita. La fuente Hermana Agua tiene desde hace mucho tiempo unos chorros que dan lástima y que despertaban la rabia de su creador, Fernando González Gortázar. Leyendo cosas para hacer un texto me entero de que las tres piezas que se encuentran en la explanada del parque González Gallo son conocidas como “Las pistolas”, y me pregunto desde cuándo la violencia y sus herramientas se nos fueron metiendo en el lenguaje y las fuimos volviendo tan cotidianas. A veces pienso que exagero. Caminar por la banqueta es una osadía: las que no están rotas están disparejas o están invadidas. El aire apesta a humo. Un hombre me pita: estoy esperando a que pase un ciclista, ¿lo atropello?; una mujer me pita: quiere dar la vuelta a la derecha y yo estoy esperando a cruzar la avenida sin obstruir el paso de cebra. Unas figuras regordetas pueblan la glorieta de la Normal y el parecido con el gobernador es casi tan ridículo como la coincidencia. No creo en las coincidencias. ¿Ya había dicho que a veces pienso que exagero? Veo en fotografías la Torre de cubos y una pregunta me taladra la cabeza: ¿los cubos siempre han sido blanco y negro? ¿No fueron de colores, cualesquiera colores, en algún momento? Pregunto y la respuesta es unánime: unos los recuerdan siempre en blanco y negro, otros los recuerdan a colores. Ya nadie se acuerda de que los Arcos del Milenio están incompletos, a nadie le ha importado nunca, pero Francisco Ramírez Acuña, su promotor, sale a marchar para defender al INE y a él no lo madrean los antimotines, como la vez que él mandó a sus orcos para que madrearan altermundistas globalifóbicos en el centro. López Mateos está colapsada: allá adelante debe haber un choque, siempre hay un choque aunque no lo haya. Desde el cerro se alza la columna de humo que luego se vuelve cortina y cubre toda la ciudad: La Primavera otra vez se incendió y otra vez se va a investigar hasta las últimas consecuencias y otra vez se van tomar medidas porque lo más importante es el medio ambiente y otra vez desde el cerro se alza la columna que luego se vuelve cortina. Una cuadra en ruinas se convierte en un baldío que se convierte en un pozo profundo que se convierte en una torre de departamentos. Repita hasta el infinito por toda la ciudad hasta que haga boom el boom inmobiliario, mientras la gente sigue sin poder rentar una vivienda digna, ya no digamos comprarla. El carrusel ya da vueltas y la suavicrema de Lemus disfrazada de escultura de Barragán ya se alza sobre 16 de Septiembre. Quedó bonita la avenida, hay que decirlo, ya nomás falta que arreglen la mayoría de las calles que están rotas, o huecas por los baches o boludas por el chapopote que nomás avientan. Zul de la Cueva decía que eso que le echan a las calles es Nescafé: a la primera lluvia se disuelve. Zulanito se murió pero el Nescafé sigue en las calles. Hasta que llueva. Pero todavía falta para las aguas, ahorita lo que llueve son flores, flores amarillas. Las lluvias doradas hacen lo propio y ya se acerca la temporada en que la ciudad huele a jacarandas aplastadas. Las ceibas tienen espinas en sus troncos y guardan sus semillas en nubecitas de algodón. Si uno las pone en algodón germinan, como germinan los frijoles en la primaria. Las fichas con los rostros de personas desaparecidas tapizan espacios de la ciudad y cuadrillas bastardas —nadie las reconoce como suyas porque nadie quiere aceptar que dio la orden— se la pasan retirándolas, en una danza macabra que muestra la angustia de unos y la vileza indolente de los otros.

Andar por la calle llena la cabeza de cosas. ¿Ustedes qué traen en la cabeza?

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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